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21 de julio de 2013

12 horas de 232 y media.

Hoy, 21 de julio, comienza el cuadrante de la muerte. Y nada menos que con una jornada intensiva de 11 horitas en el trabajo, más otra de transporte. Porque claro, aquí mis jefes me consideran como un jovenzuelo incansable repleto de vitalidad y alegría, así que han decidido que si vivo en el parque me lo tomaré como un reto. No os dejéis engañar: ni vitalidad, ni alegría ni incansable. Al zombie número 5 del capítulo 8 de la 3ª temporada de The Walking Dead se le podrían otorgar esos atributos antes que a mí.

Voy a intentar animarme contando la anécdota de por qué ahora no me llamo Aitor. En las atracciones tenemos un informe diario en el cual se van apuntando todas las incidencias y los operadores que van pasando por ellas. Resulta que a una compañera la relevaba en el turno de tarde, y al quitarse ella del informe y apuntarme a mí cometió un fallo gramatical: escribió mi nombre con H. Haitor. Así, como os lo digo. Que vale que mi nombre no es del todo bonito, pero no me lo destroces más. La mujer se dio cuenta inmediatamente y tachó la H, para mi alivio. Pero la hija de puta, en vez de quedarse ahí, colocó la H en todo el puto medio del nombre: Aithor. ¡¡¡AITHOR!!! Y eso demuestra que es cierto que hay gente que me considera un dios.


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