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22 de julio de 2013

24 horas de 232 y media.

He visto cosas que no creeríais... ¡¡¡Bolas de granizo como canicas!!! Porque ayer parecía que el cielo se nos caía encima. Durante una hora cayó el diluvio universal, se me inundó la cabina hasta el punto de tener que salir yo de ella por miedo a morir ahogado, y por un momento pensé dos cosas:
  1. ¿En qué momento esto se ha convertido en Huelva para que estemos achicando agua de todos los edificios del parque?
  2. Ha llegado el fin del mundo y me pilla trabajando, hay que joderse.
Aparte del granizo, el cual formó montañitas que impedían después que las puertas de emergencia pudieran abrirse, cayeron rayos. Que yo pensé que la estructura de la montaña rusa donde estaba estaba empezando a tambalearse, pero pasado el susto inicial empecé a pensar con lógica. Que no es que me den miedo las tormentas... Bueno, quizá un poco... Vale, lo admito, las tormentas me acojonan. Son mas aleatorias e impredecibles que los giros de cuello que hace una paloma en busca de basura digerible, y me hacen sentir impotente y pequeño.

A todo esto, 24 horas dedicadas al trabajo en un margen de 48. Hay gente secuestrada por la guerrilla con más tiempo libre.


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