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30 de julio de 2013

87 horas de 232 horas y media.

No, ayer no hice entrada porque dediqué el poco tiempo que aguanté despierto al llegar a casa para escribir cosas más importantes. Por ejemplo, mi testamento. Que no es que deje una herencia de la polla gorda, pero hay personas que babean por mi colección de películas o cómics.

En fin. Lo que más me está jodiendo esta semana es tener que ir en bus al trabajo. Un bus lleno de chinos, por lo que quizá un día sustituya mi jornada laboral por acabar convertido en cerdo agridulce o en familia feliz o en tofu. Que a mí, si me libra de trabajar, no me parece mal el plan.

Y mientras voy rodeado de chinos, voy leyendo "Pigmeo", de Palahniuk, que trata de un niño chino terrorista. No es lo mejor del autor, pero es un libro bastante cabrón, puntilloso y divertido, y te lo ventilas en seguida.

Por lo demás, nada especial. Uno de los auxiliares que he tenido hoy no sabe contar hasta 90 y he aprovechado mi jornada de medio turno para hacer la compra con dinero prestado, porque aún no he cobrado y con los 10 putos euros que me quedaban tenía que elegir o comer o pagar el transporte para ir a trabajar mañana. ¿Habéis notado la de veces que menciono la palabra "trabajo"? ¿Sabéis por qué lo hago? PORQUE PUEDO. Y eso me hace llorar mucho.

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