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14 de agosto de 2013

190 horas de 232 horas y media.

Si amas mucho una prenda de vestir, no la lleves a un parque de atracciones. Me ocurrió ayer que al entrar al turno de tarde una señora me reclamó la gorra de 50€ que se le había caído por la mañana a lo largo del recorrido de la atracción.

"Al cierre de la atracción echo un vistazo."

Una hora antes del cierre, de nuevo la señora, preocupadísima por la preciada gorra. E insistí en que hasta que no cerrara la atracción, no podía hacer nada.

Diez minutos para el cierre, y la mujer, que supongo iría a pasar un agradable día al parque y lo sustituyó por un día de busca y captura de la gorra, vuelve a mí. Le dije que si la encontraba, ya me encargaba yo de llevar tan estimada prenda a atención al cliente, que fuera allí a poner el parte de objeto perdido y a reclamarla.

Al cierre, emprendo la búsqueda y lo único que encuentro es una gorra embarrada y mugrienta patrocinada por alguna caja rural. Vamos, que la mujer se iba a quedar sin la gorra, o al menos no iba a ser yo quien la encontrara.

Pues bien, llega mi fin de turno, voy paseando por el parque hacia la zona de salida de empleados, y en la otra puñetera punta del parque, con 12000 visitantes, con un show recién acabado y las calles abarrotadas por ello, la señora aparece de nuevo. Puta acosadora de los cojones.

"Que mire, que ni rastro de la gorra."

Disgustazo de la señora. Moraleja: a un parque de atracciones llévate aquello que en caso de que se te pierda o rompa no vayas a echar luego de menos.

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