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30 de julio de 2013

95 horas de 232 horas y media.

Si hay peor que matarte a trabajar en verano es nada más entrar encontrarte a algún mamarracho de tele5 haciendo un reportaje. Porque me diréis que ese menda que se hace llamar Torito, que yo creía que era del Sálvame pero mi madre me ha corregido diciéndome que trabaja en ese progama tan lleno de vitalidad y juventud que es Qué tiempo tan feliz, no es mamarracho, hortera y dos veces hortera. Que lo de combinar rastas con mocasines rositas no se le hubiese ocurrido ni a Agatha.

Hablando de todo un poco: se ve que este año en mi empresa han decidido contratar como auxiliares a todos los muchachos de San Martín de la Vega que en las últimas generaciones no han logrado sacarse la ESO. No seré yo quien diga que no logran hacerse con el graduado por ser personas limitadas, les daré un voto de fe pensando que simplemente son hijos de cabreros. Y todos coincidieron en las pellas del instituto (me niego a pensar que estos seres llegaran a pisarlo), por lo que ahora me siento como el profe hijo de puta que les tiene manía al que ponen a parir en el descanso. Y yo tan feliz jodiéndoles la existencia cada vez que intentan vacilarme. Si sus padres no les han educado, pues ya lo hago yo poniéndoles a rascar chicles pegados en el suelo.

87 horas de 232 horas y media.

No, ayer no hice entrada porque dediqué el poco tiempo que aguanté despierto al llegar a casa para escribir cosas más importantes. Por ejemplo, mi testamento. Que no es que deje una herencia de la polla gorda, pero hay personas que babean por mi colección de películas o cómics.

En fin. Lo que más me está jodiendo esta semana es tener que ir en bus al trabajo. Un bus lleno de chinos, por lo que quizá un día sustituya mi jornada laboral por acabar convertido en cerdo agridulce o en familia feliz o en tofu. Que a mí, si me libra de trabajar, no me parece mal el plan.

Y mientras voy rodeado de chinos, voy leyendo "Pigmeo", de Palahniuk, que trata de un niño chino terrorista. No es lo mejor del autor, pero es un libro bastante cabrón, puntilloso y divertido, y te lo ventilas en seguida.

Por lo demás, nada especial. Uno de los auxiliares que he tenido hoy no sabe contar hasta 90 y he aprovechado mi jornada de medio turno para hacer la compra con dinero prestado, porque aún no he cobrado y con los 10 putos euros que me quedaban tenía que elegir o comer o pagar el transporte para ir a trabajar mañana. ¿Habéis notado la de veces que menciono la palabra "trabajo"? ¿Sabéis por qué lo hago? PORQUE PUEDO. Y eso me hace llorar mucho.

28 de julio de 2013

67 horas de 232 horas y media.

Ole a los compañeros majos. En concreto al que hoy me ha acercado al metro y que gracias a él he llegado un par de horas antes a casa. Casi nada.

Además, este hombre, que tendrá taitantos años, es que es majo, simpático, no dice una palabra más alta que la otra, es gay discreto, que dan ganas de hacerle ñiñiñiñiñi en las barbas y pedirle que por favor sea tu papá.

Y por favor, que se pudran los encargados que se vuelven gilipollas cuando la jefa suprema regresa de vacaciones y emprenden su particular caza de brujas para exhibirse delante de ella y que les de un huesito.

27 de julio de 2013

53 horas de 232 horas y media.

Me ocurre algo nada más llegar a mi trabajo. Empiezo a moquear. Pero no en plan "toma, hijo, un pañuelo", no. Es moquear en plan "SE TE CAEN LOS PUTOS MOCOS, JODER". Hay algo en mi trabajo que me da alergia, o quizá sea el trabajo en sí.

Además hoy he tenido un ratito de intimidad con la señora migraña. Que al supervisor de turno se lo he comentado en plan "que a lo mejor no es el mejor estado para estar atento a una operativa", y él ha contestado "tienes razón, te pondré en un sitio donde tengas que estar pendiente de 7 cámaras, 11 barcas con 8 personas cada una, 5 auxiliares, 2 walkies, 30 minutos de espera y que si da fallo el departamento entero se vuelve loco."

Al final ha resultado que tener un fallo en esa barca era la cura de las migrañas.

26 de julio de 2013

40 horas y media de 232 horas y media.

He salido de casa a las 9. He regresado a la 1.30. Eso hacen un total de...¡¡¡16.5 horas!!!Así que las 232 horas y media pasan a ser 237.

Aparte de eso, la cosa ha ido bien. Uno de mis encargados me ha contestado dos veces con borderías, otro ha venido a tocarme las pelotas porque no le gustaba ver a los auxiliares con gafas de sol a las 7 de la tarde, y me he cabreado al volver a hacer cálculos y redescubrir que tengo dos rachas seguidas de 7 días trabajando con 60 horas cada una. El estatuto de los trabajadores dice que máximo a la semana 42. Pero no somos trabajadores, sino esclavos, y ahí ya los trámites legales pierden bastante valor.

Y ahora que ya he podido regresar a casa, he cenado y he paseado al perro, voy a dormir. Ojalá un infartito para que mis jefes digan "esas cosas pasan y son inevitables".

22 de julio de 2013

24 horas de 232 y media.

He visto cosas que no creeríais... ¡¡¡Bolas de granizo como canicas!!! Porque ayer parecía que el cielo se nos caía encima. Durante una hora cayó el diluvio universal, se me inundó la cabina hasta el punto de tener que salir yo de ella por miedo a morir ahogado, y por un momento pensé dos cosas:
  1. ¿En qué momento esto se ha convertido en Huelva para que estemos achicando agua de todos los edificios del parque?
  2. Ha llegado el fin del mundo y me pilla trabajando, hay que joderse.
Aparte del granizo, el cual formó montañitas que impedían después que las puertas de emergencia pudieran abrirse, cayeron rayos. Que yo pensé que la estructura de la montaña rusa donde estaba estaba empezando a tambalearse, pero pasado el susto inicial empecé a pensar con lógica. Que no es que me den miedo las tormentas... Bueno, quizá un poco... Vale, lo admito, las tormentas me acojonan. Son mas aleatorias e impredecibles que los giros de cuello que hace una paloma en busca de basura digerible, y me hacen sentir impotente y pequeño.

A todo esto, 24 horas dedicadas al trabajo en un margen de 48. Hay gente secuestrada por la guerrilla con más tiempo libre.


21 de julio de 2013

12 horas de 232 y media.

Hoy, 21 de julio, comienza el cuadrante de la muerte. Y nada menos que con una jornada intensiva de 11 horitas en el trabajo, más otra de transporte. Porque claro, aquí mis jefes me consideran como un jovenzuelo incansable repleto de vitalidad y alegría, así que han decidido que si vivo en el parque me lo tomaré como un reto. No os dejéis engañar: ni vitalidad, ni alegría ni incansable. Al zombie número 5 del capítulo 8 de la 3ª temporada de The Walking Dead se le podrían otorgar esos atributos antes que a mí.

Voy a intentar animarme contando la anécdota de por qué ahora no me llamo Aitor. En las atracciones tenemos un informe diario en el cual se van apuntando todas las incidencias y los operadores que van pasando por ellas. Resulta que a una compañera la relevaba en el turno de tarde, y al quitarse ella del informe y apuntarme a mí cometió un fallo gramatical: escribió mi nombre con H. Haitor. Así, como os lo digo. Que vale que mi nombre no es del todo bonito, pero no me lo destroces más. La mujer se dio cuenta inmediatamente y tachó la H, para mi alivio. Pero la hija de puta, en vez de quedarse ahí, colocó la H en todo el puto medio del nombre: Aithor. ¡¡¡AITHOR!!! Y eso demuestra que es cierto que hay gente que me considera un dios.


17 de julio de 2013

232 horas y media.

Dejad de llorar, por favor, que el que tiene que llorar soy yo. No es que tenga el blog abandonado, es que soy un esclavo sin cadenas. Estoy trabajando por todos los parados, y los días que libro me dedico a escribir guiones que me van encargando o a avanzar en proyectos personales. Todo eso sin renunciar a mi envidiable vida social y amorosa. Acentuémos el drama: calor, jodido calor que hace, mis neuronas están blanditas, y a los meteorólogos que dijeron que iba a ser un verano moderado de temperaturas les invitaría a disfrutar de una apacible tarde en el desierto de San Martín de la Vega.

Ahora bien, puesto que sí que es cierto que no tengo apenas tiempo para ponerme a escribir aquí, he ideado un sistema de ir actualizando el blog de manera sencilla, rápida y que a mí me servirá de desahogo. Durante el próximo mes este blog se convertirá en mi diario en el cual me iré cagando en la puta progesivamente por las ¡¡¡232 horas y media!!! que me voy a pasar en mi trabajo en ese período de tiempo. Es la suma que sale de las 180,5 horas de trabajo por cuadrante que voy a tener, más las horas de comida en las que no puedo ir a ningún sitio que no sea el parque donde trabajo puesto que está a tomar por culo de todo, y el tiempo de traslado aproximado entre este sitio y mi casa. Horas que podrían aumentar si contamos días que voy a salir tarde o días que no habrá un ángel de la guardia que haga de chofer y tenga que ir o volver en bus.

Cada día subiré una pequeña entrada relatando cómo voy muriendo poco a poco. Así que dejad de llorar y ponéos a trabajar, putos vagos aprovechados del INEM, que me lo estoy llevando yo todo.

5 de julio de 2013

Madrid VS Barcelona


Aprovechando mi visita a Barcelona por unos asuntos turbios sobre la secta a la que pertenezco y que quiere dominar el mundo... Vale, era por vacaciones. Es que "he hecho una escapadita a Barcelona" suena tan a vosotros con vuestras vulgares vidas... Bueno, que voy a finiquitar el eterno y conflictivo debate acerca de cual de las dos es mejor haciendo una comparativa.

  1. En Barcelona es tradicional cruzar la calle sin mirar y cuando los semáforos estén en rojo. Los conductores a lo sumo te dan un toquecito de claxón con una expresión tal que "oye, jovencito intrépido, te podrías lastimar si sigues con esa conducta". En Madrid olvídate de cruzar en rojo. Los conductores acelerarán, serás atropellado por 16 coches, tres autobuses, 7 taxis, una ballena, un vagón de metro que va con retraso, 3 hombres que compran oro y uno que profetiza el fin del mundo. Además, se asomarán por la ventanilla gritando "TU PUTA MADRE".
  2. En Barcelona las calles son tan anchas que algunas pertenecen a tres barrios a la vez. Puedes trasladarte haciendo la croqueta, que nadie entorpecerá tu camino. En Madrid para recorrerte la puta Gran Vía tendrás que pararte más veces que en un Final Fantasy a la hora de enfrentarte a monstruos. 
  3. En Barcelona tienen una catedral gótica, otra en plan "es rara y está a medio hacer, pero la Estrella de la muerte también estaba así", Park Güell, una torre consolador con la que te puedes hacer una foto en plan "mi pene es magnífico", un puerto, una playa con ingleses y alemanes quemados,... En Madrid está la Almudena, cuatro torres que desentonan, el Retiro, el Manzanares, dos torres torcidas con las que te puedes hacer fotos en plan "las estoy sosteniendo y con esta pose parezco gilipollas", un reloj...
  4. En Madrid la gente va estresada por la calle. Todo son prisas, agobios, y cuando te quieres dar cuenta estás metido en una competición por ver quién ocupa más en la calle y quién adelanta a quién. En Barcelona la gente va a su aire, con una tranquilidad y parsimonia que solo les falta ir proclamando "os traemos la paz". 
  5. En Madrid la gente corre para coger el metro. Cuando me refiero a "correr para coger el metro" quiero decir que cualquiera te arrojará a las vías si con eso consigue penetrar en él. Además, date con un canto en los dientes si esperas menos de 6 minutos para el siguiente tren. En Barcelona da igual perderlo. Está saliendo el metro de la estación y ya hay un cartelito en el que pone "próximo tren en 2:34 minutos". CON SEGUNDOS INCLUÍDOS. Y esa anchura de vagones que deja en ridículo a la anchura de caderas de Adele me ha dejado anoda...adona...anodi...perplejo. Pero el de Madrid cierra a las 2. Te comes sobacos. Pero cierra a las 2.
  6. En Barcelona están Norma Cómics, la tienda de Gigamesh, un Workshop Center, otra tienda frikie cuyo nombre no recuerdo, en la misma calle. En Madrid tienes la calle Luna, que no está mal, pero tampoco es para decir que es la polla de san Benito.
  7. Los chinos de Madrid serán pesados con su "celvesa un eulo", pero en calidad/precio nadie les gana. En Barcelona están los pakis, que por una lata de cocacola te cobran un euro con veinte o más, y como se creen que eres guiri te intentan timar. Y sin serlo, te timan.
  8. En Barcelona te atienden en inglés, alemán, chino, portugués, suajili, cayetanodealba y francés en cualquier lugar turístico. En Madrid, si eres extranjero, te dirán "SIGUE DE FRENTE, TU THE FRONT, Y LUEGO TODO RECTO, OLL RECT, LLEGAS AL PRADO, GOU TU THE PRADEISION MUSEUM, Y YA ESTÁ, IS FINIQUITEISION".
  9. En Madrid vas paseando y los edificios que ves, bueno, no están mal. Arquitectura correcta, a veces bonita, que parece que quiere decirte "estamos en el siglo XXI, y ahora en el siglo de oro". Todo parece pensado por arquitectos a los que sus padres les echaron un cable para entrar en la universidad privada. En Barcelona te encuentras edificios que te llevan a preguntarte "¿quién vive ahí: Legolas?". Todo muy fantástico y producto de gente que se droga mientras se saca la carrera de arquitectura.
  10. En Barcelona te dan un tatuaje gratis con tu certificado de residencia. Vamos, todo el mundo lleva algo en la piel, y lo ven bien. ¿Que trabajas de cara al público y llevas un dragón en el brazo? Me suda el pito, ¿sabes? En Madrid llevas un tatuaje y pasas a ser un piojoso que no tendrá acceso laboral ni para barrer meados.
  11. La definitiva, muy de cosecha propia: en Barcelona tienes cerca Salou con Port Aventura, que hace un año inauguró Shambala. En Madrid tienes cerca San Martín de la Vega y Parque Warner, que acaba de inaugurar...una academia de avioncitos de los Baby Looney Tunes.
Paso de puntuar. Sacad vuestras propias conlusio¡¡¡QUIERO IRME A VIVIR A BARCELONA!!!nes.