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23 de noviembre de 2015

Ser o no ser, hay que ver qué coñazo.

No es la primera vez que hablo sobre esto, y me temo que no será la última. Porque sí, coleguis, puedo llegar a repetirme más que las judías pintas de la abuela. ¿Que se repiten? Sí. ¿Que volverás a comerlas como si fuera tu última comida? También. Pues yo igual.

A ver. Que me han vuelto a decir la puta frasecita "qué poco gay eres". Y me toca los cojones. Porque uno no es muy gay o poco gay, o un 56% gay, o 7 estadios de fútbol gay. No, joder.

Uno es gay. O no lo es. Pero no se queda a medias. (Gracias, Yoda, por inspirarme para esta frase).

Esta foto no viene a cuento, pero tenía
 que estar en mi blog de algún modo
Igual que uno es hetero. O bisexual. O pansexual. No lo es ni mucho, ni poco, ni una pizquita, ni una mijá, ni un montón. Lo es.

Otra cosa es que tengas más o menos pluma. O seas más bien afeminado, o seas más masculino. Joder, me estoy contradiciendo.

Puedes tener recaídas en tu condición sexual y sentirte atraído por una criatura que no pertenezca a tu especie (sí, especie, que yo a los humanos los trato como si fueran bestias). Puedes ser gay cuando perdiste la virginidad con la rubia de la que andaban detrás la mayoría de tus amigos (puede que esté hablando de mí en tercera persona, yo dejo sembrada la duda). Puedes ser hetero y acabar comiéndote una polla en la habitación de un morenazo. Eso no te quita tu condición de hetero. Pero vamos, que escribiendo esto que acabo de escribir ya me he hecho la picha un lío yo solito.

Voy a intentar hacer un esfuerzo para reafirmarme. Bueno, mira no, me da pereza. Fuera etiquetas. A tomar por culo. Joder y jodamos, que todos somos hermanos. Libres domingos y domingas.

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