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16 de octubre de 2012

Cómo ser gay.

A continuación, me he tomado la molestia de recopilar a modo grosso lo que vienen a ser los requisitos fundamentales que cualquier mariquita de bien debe cumplir si quiere ser considerado como tal. Por supuesto, hay requisitos menores que no menciono por ser demasiado arbitrarios y triviales y que pueden ser interpretables. Pero lo fundamental de lo fundamental, lo que por cojones tiene que tener un gay hecho y derecho, lo que como te saltes uno no eres gay, eres otra cosa, es lo siguiente:

Que te guste la gente de tu mismo sexo: obvio. 

Tener pluma: es básico y tiene que venirte de serie. Además, no solo basta con tener pluma, te tiene que doler. Te tiene que doler tanto, que cada cinco palabras que salen de tu boca, una de ellas tiene que ir entre signos de exclamación y a ser posible que sea un "¡Ay!"

Saberse de memoria cada capítulo de Glee: esto en el siglo XXI es como el saberse la letra del "I will survive" en el siglo XX o alabar a Madonna en el siglo que fuera en el que nació Madonna, que a saber cuando fue (eso sí, cómo se mantiene la hija de perra). Imprescindible.

Hablar de uno mismo en femenino: que se note que tienes pene. Y las bolleras igual, pero al revés, y lo mismo, que se note que calzan polla.

Perder aceite: sin rodeos, si tiene polla, se folla. Da igual quién sea, cómo vista, su edad, su ideología política, su sentido del humor, si es medio gilipollas,... Para ser gay hay que chorrear por cualquier varón, porque tus hormonas te obligan a follar como una perra en celo sin criterio alguno. Esto nos lleva al siguiente punto.

No tienes amigos, tienes follaamigos: asúmelo. Te gustan los tíos, por lo tanto tú y los demás tíos no podéis ser simplemente amigos. Y menos si ambos sois partidarios de comer carne en vez de pescado. Dos chicos gayers no pueden ser simplemente amigos, NO. Totalmente inviable. Siempre tiene que haber algo más, porque, recuerda, siendo ámbos homogayers, perdéis aceite, lo que lleva a la conclusión de que sí o sí tiene que existir tensión sexual entre vosotros. Esto es así. Por supuesto, cualquier varón heterosexual será considerado como un enfermo mental y conviene no tratar demasiado con él, a no ser que vaya a ser usado como se describe en el punto siguiente.

Convertir al menos a un hetero: esto hay que hacerlo en la prueba de acceso del High Institute of Wild World of Gayerism. Si al menos no conviertes a un hetero en una diva lamevainas, nunca podrás considerarte gay 100%. Lo siento, es lo que hay, hermoso.

Debes ligar con tías: esto es algo que tienes que hacer sólamente para demostrar dos cosas. A los demás tíos heteros solteros y que se matan a pajas porque no mojan, que eres un ser superior que liga con más tías que ellos. A ellas, que puedes juguetear con ellas, con sus sentimientos, con sus ganas de follarte y con su dignidad y hacer que mojen las bragas cuando quieras, y que son unas desgraciadas que jamás podrán consumarte. Lo cual lleva a deducir algo imprescindible: eres una zorra.

Eres el glamour: nada de vestir como un zarrapastroso. Fuera ropa de mercadillo y en general cualquier prenda que se pueda adquirir por menos de 15€. Calzoncillos y calcetines incluídos. Ser gay conlleva flexibilizar tu cartera en este aspecto: todo de marca, llamativo, el culo bien petado, perfume en vez de colonia, si ya quieres ir a por todas te pintas la raya del ojo, pendiente en el lóbulo de la oreja derecha, y ale, a lucirte.

O te depilas entero o te dejas crecer el vello asalvajadamente: en el mundo de los maricones los términos medios no existen. O sufres como la puta que eres y te dejas la piel como culito de bebé, o te dejas el culo, el pecho, los sobacos, brazos, piernas, hombros, espalda, orejas, fosas nasales y falanges con más pelo que Chewacca y el primo Eso, y en ese caso debes cultivar esa melena en pecho y culo con un peine y un champú exclusivos para ellos. Esto te definirá como un yogurín o como un oso.

Te lo tragas todo: y cuando digo todo me refiero a todo. Y rapidito que se le van las vitaminas. Hay que demostrar a las chicas que a guarra no te gana ninguna.

Si eres lesbiana, tienes más cojones que la brigada paracaidista y la legión enteras: esto implica peinarte como si fueras vasca, carecer de sensibilidad alguna, merendar piedras, dejarte pelo en los sobacos, escupir, rascarte el higo en público, ocultar como sea posible tus tetas, retar a otros tíos a ver quién es capaz de beber más cervezas en menos tiempo, y piropear a toda buenorra que se te cruce.

Demostrar tu homosexualidad a la mínima oportunidad: cuando conozcas a alguien, antes de dar tu nombre, antes incluso de saludarle, tienes que decir "que no me entere que ese culo pasa hambre" seguido de un guiño. Vayas donde vayas, tienes que dejar bien claro que eres marica. Esto es como cuando una persona normal va borracha y tiene la obligación moral de hacérselo saber al resto de la discoteca. Lo mismo, pero en marica y a todas horas.

Último punto: tan maricón es el que da como el que recibe.
Y dicho todo lo anterior, hago referencia a la conversación real que tuve con una persona, que viene a ser la siguiente :

Una persona: "Tú molas porque no se nota nada que eres gay."

Yo: "Tú también molas, tronqui, no se te nota nada que eres hetero."

Y así es como un invertido hace amigos.

5 de octubre de 2012

Yo lo sé porque Tyler Durden lo sabe.

A principios de año leí "The Fight Club" (en inglés, por supuesto, que es como mejor se lee a Chuck Palahniuk). La película ya la tenía vista, estudiada, comprada, y consagrada entre mis favoritas, pero fue con el libro con el que me vino una reflexión acerca de cómo las clases bajas podrían sublevarse ante las clases dominantes.

Os explico: en la narración, Tyler Durden tiene un plan terrorista cuyo objetivo viene a ser algo así como acabar con el sueño americano, despertar de su letargo a la ciudadanía,... Todo muy nihilista. Entre sus acciones, se jacta de colar fotogramas pornográficos en medio de proyecciones de películas infantiles o mear en la sopa del restaurante para ricachones donde trabaja de camarero. Los clientes nunca averiguan que lo que han visto es un pene, aunque su subconsciente lo intuye, y nunca llegan a saber que el sabor avinagrado de la sopa que tomaban provenía de orina, pero la tomaron. Y llega un momento en que el jefe de Tyler le amenaza con despedirle y demandarle, a lo que Tyler, listo y descarado como nadie, le responde: "adelante, tu restaurante será conocido como el restaurante donde se servía orina a sus clientes. ¿Quién querrá visitar este restaurante?". Y en la oficina en la que trabaja igual, su superior quiere despedirle. Él se autolesiona en la oficina del jefe de tal forma que parezca que es producto de agresiones externas. En un momento, mediante chantaje, da la vuelta a la tortilla.

Ahora pensad en todo lo que estamos pasando las clases sociales. Toda la represión y chantaje a los que nos someten las clases altas. ¿Sabéis por dónde voy? Seh...

Son sus empresas las que nos explotan, las que continuamente nos advierten a los que tenemos un contrato de lo afortunados que somos de tener un empleo, por malo que sea tal empleo, que si estamos a disgusto ahí tenemos el INEM en el cual hay 5 millones de personas que estarían encantadas de ocupar nuestro puesto. A su vez, también son clientes de otras empresas donde son atendidos por otras personas en la misma situación que nosotros mismos. ¿Quiénes somos nosotros? Nosotros somos los que les servimos la comida en los restaurantes que visitan, somos los operadores que velan por su comodidad en cualquier parque dde ocio que visitan, somos sus peluqueros, sus chóferes, somos quienes redactamos sus noticias, los que embotellan su vino,...

Imagináos un acto subversivo conjunto en el que nuestro servicio no fuera tan...agradable... Nuestra acción tendría un ataque doble: les fastidiaríamos como clientes, puesto que no obtendrían el servicio por el que han pagado; y les fastidiaríamos como empresarios, puesto que no cumpliríamos el servicio por el que nos mal pagan. Su única respuesta sería el despido y como mucho la demanda. Ahora bien, ellos mismos han generado ese arma de doble filo llamado "sensacionalismo", hambriento por cobrarse nuevas víctimas día tras día. A los medios les encantan los titulares en los que se pone en evidencia la mala conducta de los empleados de X empresa. ¿De verdad les saldría productivo ese despido y esa demanda a los empresarios que nos explotan si lo que van a obtener a cambio es mala publicidad y mala fama? ¿O preferirían callarse para seguir gozando de su prestigio y su nivel adquisitivo?

Pensad también en "sus planes". Una de las cosas que se han logrado con las últimas manifestaciones es frustrarles un gran plan. Recordemos: 25 de septiembre. Tanto el rey como el presidente del Gobierno se encuentran en Nueva York, el segundo en la ONU, intentando promocionar y defender la marca España. Mientras tanto, en Madrid el pueblo se manifiesta y es respondido violentamente, lo cual no pasa desapercibido internacionalmente. Tanto el cazador de elefantes como el tipo que no entiende su propia letra tienen que asumir sonrisas forzadas, saben que el resto de mandatarios internacionales les han pillado. Además, varios medios de allí les ridiculizan en varios artículos. A gran escala, hemos conseguido frustrar uno de sus grandes planes. ¿Qué nos impide frustrar sus planes más cotidianos? Si ellos nos reprimen, nosotros respondemos con pequeños actos que hagan que sus pequeños mundos sean lo suficientemente incómodos como para que empiecen a ponerse nerviosos.

Pensadlo... Pensadlo por un segundo...

3 de octubre de 2012

Impulsos.

Llevo días reflexionando acerca de en qué tipo de persona me he convertido. Todos, como individuos, tenemos nuestras excentricidades y particularidades, que en el fondo eso es lo que nos distingue del resto. Teniendo en cuenta esas rarezas con las que cada uno venimos de fábrica, yo me miro a mí mismo (metafísicamente hablando) y, suponiendo que no me conociese de nada y me pusiera a ver, como si de una película se tratase, las cosas que hago, cómo las hago, el motivo por las que las hago y sus correspondientes circunstancias, me quedaría bastante confuso ante tal personaje.

Reconozco que estoy en una fase extraña. Estoy descubriendo cosas que antes estaban ahí, dentro de mí, queriendo salir, pero que permanecían retenidas, o simplemente no me atrevía a dejar fluir. Por una parte, mi cabeza me pide prudencia, pero, lo siento, siempre que obedezco a mi cabeza acabo arrepintiéndome por no haber hecho "tal cosa". Así que me guío por impulsos. Estoy en una peligrosa pero divertida dinámica de hacer lo que me apetece cuando me apetece. Peligrosa no por llegar a sufrir algún daño, sino por cómo puede llegar a ser juzgada tal impulsividad por el resto de la gente. Cómo valora la gente las acciones que tomas es algo que realmente puede afectarte si te obsesionas con ello. Pero, bueno, ¿a quién le importa? Es tu vida, tú eres quien debe decidir al fin y al cabo el camino que deseas recorrer. Pero, en el fondo, siempre te queda ese resquemor, esa duda, esa voz de la conciencia, muchas veces determinada por el dichoso "qué pensarán los demás".

Pero son tantas las ganas de explorar, de atreverme a hacer cosas que siempre me había dado miedo a hacer, de rebasar la línea, de coquetear con lo extraño, de huir de lo cotidiano, que no puedo pararme a reflexionar acerca del "qué pensarán los demás". Eso es un juicio al que me someto a posteriori; prefiero pedir perdón a pedir permiso. Pensándolo bien, estas locuras que llevo un tiempo haciendo no son dañinas para nadie, ni siquiera para mí mismo. Estas experiencias son lo más cerca de esa cosa abstracta a la que llamamos libertad que voy a estar. Y creo que si logras equilibrar la balanza entre lo que quieres hacer y el hecho de perder totalmente el control, lo consigues, no sé exactamente el qué, pero sea lo que sea, lo consigues.

Vivimos en una sociedad enfermizamente represiva. Cualquier acto fuera de lo común puede ser visto como una paranoia. Pero, qué queréis que os diga, no creo que la vida consista en seguir lo establecido. Un poco de anarquía a nuestro propio ciclo vital no creo que sea malo, es más, creo que puede resultar hasta sano mentalmente. Y eso es lo que estoy haciendo. Soy el primero que se dice a sí mismo: "tío, estás loco". Pero desde que me guío más por estos impulsos que por las reflexiones de mi cabeza soy más feliz. Más inmaduro, menos consecuente, y con ciertos riesgos que antes, por comodidad y por miedo, no estaba dispuesto a correr, pero al final me quedo con que soy más feliz.

¿Cuántas experiencias habría desechado de no ser por estos impulsos? ¿Cuánta gente habría dejado de conocer? ¿Cuántos besos habría dejado de dar? ¿Cuántos paisajes urbanos no habría conocido por el simple hecho de perderme? ¿Cuánta adrenalina, risas y emociones habría retenido? Los impulsos los tenemos todos, y somos nosotros los que tenemos que decidir si les hacemos caso o si por el contrario nos amparamos en la seguridad de la rutina. La rutina y la sensación de comodidad que nos proporciona nos hace perdernos tantas cosas...

Y como persona impulsiva y de poca meditación que soy, tengo mis particulares Pepitos Grillo, muchas veces parándome los pies, dando un punto de sensatez a mi vida, preocupándose por mí, recordándome dónde están los límites. Demasiado poco les agradezco esa protección invisible que me dan, y demasiado poco agradezco la confianza que tienen en mí cada vez que saben de antemano que me aventuro a una de esas enajenaciones. No solo quiero agradecerles esa coraza que me proporcionan, quiero compartir con ellos estas locuras.

26 de septiembre de 2012

Mi 25-S

Llegué a Neptuno a eso de las 17.30 acompañado de un par de amigos. Había estado todo el día anterior y toda esa misma mañana debatiéndome sobre si asistir o no, porque intuía que la cosa iba a estar fea de narices, y desgraciadamente no me equivocaba. Cuando llegué, toda la plaza y las calles colindantes estaban ya a rebosar, apenas se podía caminar y avanzar entre la gente.

Lo primero que noté es que no había un ambiente más o menos de júbilo como en otras manifestaciones a las que había asistido, se notaba una calma tensa y mucha rabia contenida. Cuando me quise dar cuenta, me encontraba a apenas 20 metros del cerco policial que separaba a la multitud de la subida al Congreso. Mis amigos querían seguir avanzando; yo no, ni loco, ya veía bastante bien el panorama, a los antidisturbios montados, con varios furgones apoyándoles y con espumita en la boca. Y me entró una sensación extraña, la de querer irme, la de no querer estar ahí, pero de obligarme a mí mismo a hacerlo, por cojones. Ya podía haber nacido pijo y progre, o nieto de Aznar, y ahorrarme estas mierdas, coño.

Un par de amigos más llegaron después y tuve que salir del montón y meterme en otro montón para poder localizarles. En esos 20 minutos entre que fuí a recogerles y regresé, los ánimos ya se habían encendido bastante. No pasaron 10 minutos desde mi regreso a la avanzadilla (quién coño me mandaba a mí) cuando ocurrió la primera carga. Vale, empecé a acojonarme. Maldije haberme puesto uno de mis boxers caros, los de follar, porque iban a acabar sucios. Hicimos dos o tres sentadas, y yo diciéndome por dentro "con lo bien que estabas en casa, rico, porqué te tienes que meter en estas movidas". Poco después, una segunda carga en mis narices. No sé ni lo que vi porque la confusión y el ajetreo hacían que me centrara más en seguir buscando una vía de escape que en fijarme en si un gorila me perseguía con una porra. Cagado, nenes. No me lo pensé. Agarré a dos de mis amigos, a los otros que querían permanecer en primera línea les avisé que cuidadito, y me los llevé para atrás, a una zona más segura. Apenas habían pasado las 18.00, o sea, la hora a la que estaba programado el inicio de la manifestación.

Durante la próxima hora, tensión, espera, risas nerviosas, algún chiste entre la gente para calmar los nervios (varias personas a mi alrededor se rieron a pleno pulmón cuando me dió por gritar "Aguirre, dimisión"). Aplausos al tipo que se subió al techo de una parada de bus y luego el pobre no era capaz de bajar. Varios tipos haciendo negocio vendiendo cerveza a 2€ la lata (me imaginé una cosa tan absurda como a Tejero entrando en el Congreso, gritando "quieto todo el mundo", mientras un chino incordiaba a los diputados con el reclamo de "celveza, celveza").

Después ya no hubo lugar para bromas. Una nueva carga, esta vez me pillaba un poco más lejos, pero bastante más potente. Los portadores de banderas rojas, encapuchados, habían comenzado a provocar a los prodisturbios. Luego por imágenes sacadas, se demuestra que esos provocadores eran infiltrados. Qué raro. Me empecé a preocupar por los amigos que se habían quedado por delante. Sobre las 20.00 me dije que para casa, que eso no iba a acabar nada bien.

Subiendo el paseo del Prado, varios furgones tomaban posición. Viendo que ya habían tapado las dos de las salidas de Neptuno, ¿iban a tapar esa casi exclusiva vía de escape? La encerrona que iban a provocar iba a ser pequeña. El paseo también estaba repleto de gente. Me quedé ahí un rato, pensando en que eso iba a parecerse a un culo después de dos semanas sin cagar. Estaba ya sin mis amigos. De dos de ellos me había más o menos despedido, y a los otros dos les había perdido. Hice varias llamadas y no contestaban. Y yo con tendencia a sufrir agorafobia. Tras unos 15 minutos, veo que las cargas han invadido Neptuno, y llegan a donde estoy. Y yo sólo, escuchando de cerca los disparos. Divertidísimo.

Qué alivio al llegar a Atocha, comprarme un pendiente que se me antojó en uno de los puestos (es que soy marica), y coger el tren. Pude localizar a mis amigos perdidos, que estaban bien. Como una puta cabra, pero estaban bien.

Ya en casa, lo que todos pudimos ver por internet (porque por TV podías elegir entre "españoles en Taiwán" o Jorge Javier Vázquez). Vídeos de las cargas, de cómo fueron los prodisturbios los que comenzaron las peleas, de cómo uno de ellos recibió por él y por todos sus compañeros (el vídeo del año, nenes), de heridos, la noticia sin confirmar de un posible herido de médula (que creo que al final no ha sido así), de que un sindicalista policial por twitter demostraba estar a la altura psíquica del resto de sus compañeros ("LEÑA Y PUNTO", frase lapidaria), de que desde el gobierno (sí, con minúscula, igual que la palabra rey) estimaban 6000 manifestantes (espera que me quedo sin aliento para poder reírme),... Y lo que más miedo me dio, y eso que ya estaba en casa: antidisturbios jugando al pilla pilla por la estación de Atocha y por los propios andenes, disparando sus pelotas de goma, con gente normal que va ahí a coger el tren. Inteligencia y sensatez, bravo.

Y ahora, ¿qué? Pues parece ser que hoy se regresa. Una segunda oportunidad para acabar con la cabeza abierta, para que luego digan que España es un país sin oportunidades. Y que nadie me diga que no se ha logrado nada: se han mostrado ellos mismos al mundo, una vez más. Son incapaces, inútiles, no saben solventar una situación que ya no agrada a nadie. No me refiero a los gorilas uniformados y sin identificar, que también. Me refiero a la chusma que tenemos por gobernantes. Y el mundo entero lo sabe. Otra cosa es que el mundo quiera salvarnos de ellos. Como no lo va a hacer, tendremos que arreglar la situación desde dentro. Y posiblemente esta sea una de las pocas formas que hay de hacerlo.