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23 de diciembre de 2015

Star Wars Episodio VII: el despertar de la Fuerza.

Lo mejor que puedo decir es que no hay nada en ella que no me haya gustado. Tiene emoción, mucho humor, posee el carisma, la épica y el espíritu de la trilogía clásica, y deja de lado la filosofía mística y la sobriedad de las precuelas para devolvernos la aventura pura y dura.

Los nuevos personajes son un tremendo hallazgo. Rey es una protagonista genial. Tiene el don de la empatía instantánea y te unes a ella desde el principio. Por encima de todo, no se trata tan solo de un personaje: los dilemas y los riesgos a los que se enfrenta son puramente humanos. Luego está Finn como héroe cobardica y gracioso con quien forma pareja, y cuya química ya queda asentada de cara a las futuras entregas. Poe Dameron es el tercero en entrar en el juego, un tío que mola mucho y que deja con ganas de más, puesto que en esta entrega su aparición es meramente secundaria. Y BB8, el nuevo robotijo, es un suplente de lujo para R2D2. No se han limitado a crear un bicho gracioso repleto de gags, algo que temía antes de verla, y más teniendo en cuenta el peligro que fluctúa de imitar la moda minion. Qué va, el pequeñajo tiene entidad propia.

Igualmente humanos son los personajes que ya conocemos: Han, Leia, Chewacca,... La evolución que han tenido desde el episodio VI les ha convertido en mucho más de lo que ya eran. 30 años dan para muchos traumas, experiencias y acontecimientos, y me alegra comprobar que el tratamiento de estos personajes ha tenido en cuenta ese paso de tiempo. No se han limitado a plasmar a aquellos personajes que nos enamoraron desde 'Una nueva esperanza'. Son ellos mismos tres décadas después, con el crecimiento personal de cada uno que ello supone. Los nostálgicos no van a poder evitar emocionarse con ellos.

Y el nuevo villano, Kylo Ren. Como con todo lo que he expuesto anteriormente, podrían haber ido a lo sencillo, que es lo que hizo George Lucas con las precuelas: hacer que mole y meter flipadas por todas partes. No sólamente es un villano que posee magnitud y peso. Le odias. Simplemente le odias. Y conseguir eso con un villano es un 80% de trabajo hecho. Así debería haber sido el Anakin del Episodio III, con toda esa furia e ira desbordantes, la cual aún no comprendemos, pero que tendrá tiempo de ser explicada en el siguiente episodio. Es de agradecer el detalle de tener en cuenta que es un mero aprendiz, de hacerle imperfecto, igual que los protagonistas, y que es algo que queda muy bien representado en las peleas. Esta vez no se le toma al espectador como a un mamífero que simplemente quiere ver movimiento y acción, se le respeta dotando a estos personajes de unas emociones y cargas personales que identificamos perfectamente.

Y no tengo por qué explayarme más para generar una idea de lo bien que me lo he pasado viéndola, de que he salido del cine sabiendo que he visto lo que quería ver. Por supuesto que no es perfecta, pero tal como queda la cosa, tan solo puede crecer. Id a verla.

21 de diciembre de 2015

Sin Unión Popular, no Podemos.

Día 1 tras las elecciones generales y el panorama parece ingobernable. Que en realidad no es así, que en realidad es que quienes tienen alta representatividad tienen que empezar a hacer política de verdad, con sus pactos, sus negociaciones, sus renuncias y cesiones en muchos aspectos, y que nos les va a salir de los huevos. Sea como sea, creo que hay que hablar de un éxito moderado de la izquierda: ya no hay mayoría absoluta de un solo partido, por primera vez en la historia la izquierda más allá del PSOE obtiene una buena porción del queso, y se ha logrado movilizar a las urnas a un amplio sector de ciudadanos que hace 4 años no se hubieran movido del sofá por nada del mundo.

Por otra parte, hay que hablar de esa confluencia que tanto se demandaba en verano y que finalmente ha demostrado que de haberse hecho efectiva sería segunda fuerza política. Ahora bien, las primeras expresiones que he leído por Internet se lo echan en cara a Alberto Garzón. Y no, señores y señoras, la cosa no es así.

El papelón que han hecho Garzón y su equipo respaldados por todos los compañeros de UP durante estos meses ha salvado de la desaparición a Izquierda Unida. Eso para empezar. Segundo: la confluencia que Podemos quería era tener solamente a Alberto en sus filas. Evidentemente, Alberto no se conformaba con eso, porque hubiese significado dejar tirada a un montón de gente y a un proyecto en el que se lleva trabajando mucho tiempo. Vista su progresiva moderación, Podemos no quería incorporar unas siglas en su candidatura que reivindicaran una izquierda más rupturista de la que ellos son por miedo a perder ese centro del tablero del que tanto se ha hablado durante este año. 

Pasadas las elecciones, y evidenciando que donde Podemos más ha triunfado ha sido en las ciudades donde precisamente se ha incorporado esa congregación de fuerzas, con tal carácter rupturista de IU implícito en esas mareas gallegas, catalanas,... me da que quien más tiene que ceder y dejarse de ombliguismo para que finalmente ocurra tan deseada unión es el partido de Pablo Iglesias. Pero para eso hemos llegado a este punto: hagamos política, hablemos, hagamos pactos entre nosotros, salvemos todo lo que nos iguala, dejemos en un limbo rescatable en un futuro próximo lo que nos diferencia, y hagamos fuerza. Porque tenemos fuerza, pero parece que no nos lo terminamos de creer.

Porque la cosa está clara, y más ahora con resultados tangibles en la mano. De cara a unas posibles elecciones anticipadas, sin Unión Popular, no Podemos. 

23 de noviembre de 2015

Ser o no ser, hay que ver qué coñazo.

No es la primera vez que hablo sobre esto, y me temo que no será la última. Porque sí, coleguis, puedo llegar a repetirme más que las judías pintas de la abuela. ¿Que se repiten? Sí. ¿Que volverás a comerlas como si fuera tu última comida? También. Pues yo igual.

A ver. Que me han vuelto a decir la puta frasecita "qué poco gay eres". Y me toca los cojones. Porque uno no es muy gay o poco gay, o un 56% gay, o 7 estadios de fútbol gay. No, joder.

Uno es gay. O no lo es. Pero no se queda a medias. (Gracias, Yoda, por inspirarme para esta frase).

Esta foto no viene a cuento, pero tenía
 que estar en mi blog de algún modo
Igual que uno es hetero. O bisexual. O pansexual. No lo es ni mucho, ni poco, ni una pizquita, ni una mijá, ni un montón. Lo es.

Otra cosa es que tengas más o menos pluma. O seas más bien afeminado, o seas más masculino. Joder, me estoy contradiciendo.

Puedes tener recaídas en tu condición sexual y sentirte atraído por una criatura que no pertenezca a tu especie (sí, especie, que yo a los humanos los trato como si fueran bestias). Puedes ser gay cuando perdiste la virginidad con la rubia de la que andaban detrás la mayoría de tus amigos (puede que esté hablando de mí en tercera persona, yo dejo sembrada la duda). Puedes ser hetero y acabar comiéndote una polla en la habitación de un morenazo. Eso no te quita tu condición de hetero. Pero vamos, que escribiendo esto que acabo de escribir ya me he hecho la picha un lío yo solito.

Voy a intentar hacer un esfuerzo para reafirmarme. Bueno, mira no, me da pereza. Fuera etiquetas. A tomar por culo. Joder y jodamos, que todos somos hermanos. Libres domingos y domingas.

3 de agosto de 2015

Elephant, de Gus van Sant.

Por lo general, no me llama la atención el cine prefabricado para lucirse en festivales. Suelen ser películas para un público reducido y selecto, donde prima el mensaje y el transfondo más que el entretenimiento. Y, perdonadme mucho, pero no es mi forma de ver el cine. Elephant no se escapa de esta especie de género gafapasta, pero me acerqué a ella por el potencial que contenía, pero que, desgraciadamente, se quedó en el limbo de la vacuidad y lo superfluo.


Vamos a ver. A priori, es una película que hay que ver obligatoriamente siendo consciente del contexto al que pertenece: la masacre de Columbine. Sin esa información previa, la sequedad, el hieratismo y la cotidianeidad de todas las escenas que conforman su primera hora de metraje quedarían como una absurdez insoportable.


Pero lo dicho: tenemos la perspectiva puesta en la masacre de Columbine, por lo que esa normalidad que esgrime la narración no es tal. Me gusta la idea de que no quiera involucrarse emocionalmente con ninguno de los personajes que se nos van presentando. Van Sant se limita a acercarse a ellos como un voyeur, y no encuentra nada más allá que un día rutinario de escuela: el chico que llega tarde a clase, la que se avergüenza de ducharse en gimnasia, la pareja acaramelada, las pijas anoréxicas, el que tiene reservado el aula de fotografía,... Lo único que tiene todo eso de especial es cómo va a acabar la jornada. 


Y llegado el ansiado momento, ni artificios, ni sangría, ni una violencia desmedida. Simple frialdad de dos chavales llenos de odio que han tenido acceso a las armas de manera sencilla. No da lugar a un porqué. Ese es el mérito de una película que finalmente resulta torpe en su ejecución, pese a tener una idea demoledora que en manos de cualquier otro, con el mismo planteamiento seco y distanciado, y el mismo alma festivalero, podría haber dado más frutos.

Tampoco perdono al director su afán, como en casi toda su filmografía, de sacar a relucir su homosexualidad. A alguien le faltaron abrazos de pequeño y lo va restregando en cada una de sus películas. 



28 de julio de 2015

Los idus de marzo, de George Clooney.

Para que quede claro desde el principio: no siento demasiada simpatía por George Clooney. Es el tío que encarnó a Batman en esa violación sin piedad de cuyo título no quiero acordarme. Desde entonces, pues creo que me resulta un simpático lumbreras. Pero luego repasas su filmografía tras las cámaras, y el tipo resulta tener talento. Me pasa con él lo que yo denomino "síndrome Ben Affleck": como actor, meh. Como director, mucha raza y pulso. O sea, el canoso cuya firma es una media sonrisa perfeccionada me resulta egocéntrico y ombliguista, de ahí que en sus propias películas tenga que ponerse delante del objetivo. Pero le admiro cuando decide esconder su gepetto y se pone a manufacturar cine. A Orson Welles le ocurría lo mismo, para qué engañarnos. 


En este thriller político, aprovecha ambas bazas, la de actor carismático que atraerá automáticamente a la sala del cine a parte del público solo por su presencia, y la de director con carácter. Inteligentemente, su personaje permanece distante, es un maniquí que se limita a repetir los discursos preparados por sus asesores. Es el político moderno: guapo, elegante, con capacidad oratoria, de ideas bonitas pero vacuas. Un Pedro Sánchez a la americana, vamos (¿o es Pedro Sánchez un moderno socialdemocrata americano a la española?). Un personaje que ejerce de mero vehículo para una narración en la que deben destacar, y así lo hacen, los personajes de los siempre increíbles Seymour Hoffman y Paul Giamatti, que arropan al héroe de la función, Ryan Gosling, que cada vez convence más notablemente en sus habilidades dramáticas más allá de su cara angelical. El rubiales podría convertirse en un Paul Newman del siglo XXI si continúa por esta senda.


A destacar una de sus grandes virtudes: hora y media de película. ¿Para qué más? No pierde el tiempo. Va al grano. Se desenvuelve rápido entretejiendo la trama gracias a la convicción del libreto sobre lo que está contando: la desvergüenza arraigada en la alta política, la teatralidad en la que está envuelta, la competitividad deplorable dentro de un mundo corruptible y envenenado por la burocracia. 


Tiene el punto de vista acertado y certero. Le sobra inteligencia sin caer en el cuñadismo cinematográfico. O sea, no intenta darte un discursillo, por lo que puedes sentarte cómodamente a verla sin temor a asistir a una cansina regañina paternal, como le ocurre a títulos más desgraciados como "La cortina de humo", y tiene un entramado dramático y fotográfico muy potente. Junto a "In the loop", uno de los mejores retratos de la política actual. 


21 de julio de 2015

Inside Out, de Pete Docter y Ronaldo Del Carmen. (2015)

Hay un puñadito de gente que se ha empeñado últimamente en señalar una crisis creativa de Pixar. Y mira, por más que me empeño, ni la he notado. Porque la compañía del flexo siempre cumple. Tiene películas mejores que otras, pero lo que viene a ser decepcionar, jamás. Hagamos repaso de sus últimas películas: "UP", obra maestra; "Toy Story 3", cierre perfecto de la trilogía; "Cars 2", su único bajón, y aún así entretenida; "Brave", mejor película de princesa que muchas de la especialista en películas de princesas, o sea, Disney en solitario; "Monsters University", muchas risas. De crisis creativa, nanai. Otra cosa es que haya gente tan magufa como para reprocharles que no sean capaces de sacar una genialidad cada año. Pues miren, señores, eso no lo hace ni Pixar, ni Woody Allen, ni Tarantino, ni Kubrick. Así que relajemos la raja un poco.


Por si aún queda alguien señalando esa falta de ideas, llega "Inside Out", que sin tener que elaborarme mucha la calificación diré, simplemente, que es, dentro de lo que propone, perfecta. No es necesario buscarle otro calificativo cuando no le encuentro defectos. Sorprende tanto como en su día lo hizo la primera "Toy Story", usando la misma base narrativa: dos personajes totalmente opuestos se pierden en un mundo que hasta entonces solo conocían a través de un ventanal, y que deben apurarse en regresar a su base para salvaguardar a la niña que han custodiado desde siempre. Pese a este paralelismo, tiene personalidad propia y brilla por sí misma. "Inside Out" no se apoya en unos personajes tan carismáticos como lo eran personajes de la franquicia como Woody y compañía, Mike y Sulley, o Dory. Su mayor baza tampoco es esa aventura en la que Alegría y Tristeza se sumergen dentro de la cabeza de una niña que vive el trauma de separarse de su ciudad natal para mudarse a otra donde no conoce nada ni a nadie. La genialidad de Indside Out resulta de hacer fácil lo complejo. Los guionistas podrían haber tirado perfectamente hacia la sencillez de fabricar una especie de "Érase una vez el cuerpo humano", y habrían logrado sin despeinarse demasiado un resultado seguramente decente. En vez de conformarse con eso, tiran de imaginación, inteligencia, emotividad y ternura para explicarnos conceptos tan ambiguos que encierra la mente humana como lo son las ideas, los sueños o los miedos y nos hacen reflexionar durante hora y media en la que no falta el humor contagioso y una catarsis final de lagrimilla nada forzada, cosa de agradecer en este tipo de películas, y sí muy elaborada durante todo su desarrollo en la que las evoluciones de sus personajes principales son constantes y progresivas.


Estamos hablando de una película dirigida por Pete Docter, responsable de "Monstruos S.A" y "UP", por lo que se da por hecho el chorreo visual al que vamos a asistir. Al igual que en aquellas ocasiones, se gana de inmediato al público infantil gracias a personajes coloridos y fácilmente identificables, con sus propias muletillas, y con gags recurrentes y muy divertidos. De igual manera, el público adulto queda prendado por las reflexiones y conceptos arrebatadoramente inteligentes que va dejando posar, apostando también por la melancolía o la nostalgia que ya desprendía "Toy Story 3". Invita a la empatía hacia los demás utilizando a una niña de 11 años con la que rápidamente nos identificamos, siendo una de las pocas veces en las que verdaderamente una película de tal contexto y pensada para tener una taquilla generosa se preocupa tanto por ahondar en la perspectiva de una persona que está a punto de embarcarse en la madurez. 


No me atrevo a decir que sea lo mejor que han parido los creativos John Lasseter, Andrew Stanton y compañía. Des luego, puede codearse en ese olimpo de joyitas que son las "Toy Story", "Up" o "Wall-E".




20 de julio de 2015

El Deus Ex Machina 2.0 o algo así.

A ver, mierdas, que sois unos mierdas. Bueno, en realidad no, pero tenía que empezar la entrada con algo impactante y que llamara la atención, y de momento no he llegado al nivel de attentionwhorismo en el que enseño el pene para llamar la atención.

Debido a innumerables peticiones de personas, bots, gente sin vida de internet y animales de compañía, voy a empezar a publicar las críticas de las pelis que voy viendo en el blog, que es algo que lo hago en Facebook, pero al parecer tengo más público ahí fuera. Vamos, que el blog regresa a sus orígenes. Como cuando esto era un blog que solo leía gente culta y de mente ágil. Total, la cosa está ya tan pervertida que meterle otro cajón desastre es como meterle otra gaita a Mago de Oz, otra película a "El Hobbit" u otra operación de cirujía estética a Cher. Si a ellos les funcionó, por qué a mí no. Además, me reservo el mesudalapollismo que siempre ha caracterizado a este blog para, pese a las telarañas que acumula por desuso y desactualización, seguir exponiendo de vez en cuando mi irrelevante opinión sobre cualquier tema intrascendental que, sorprendentemente, a mucha gente le despierta interés. Y que a este blog le tengo cariño, entre otras muchas cosas, porque me sirve para cruzarme con todos los gilipollas, cuñados y tenedores de la razón suprema que habitan en la red. 

Que los tenedores de la razón suprema no son utensilios para comer que han tomado conciencia propia y me replican con aires de superioridad y una moral inmaculada, lo cual sería estupendo para escribir una novela distópica en la que tenedores, cucharillas del café y tuppers controlan la sociedad humana. No, tenedores del verbo tener, que hay que explicároslo todo (¿veis como sois unos mierdas, joder?).

Así que como hay que llevaros de la manita a todas partes para que no os perdáis, os explico: este blog sigue siendo el referente para exponer mis gilipolleces. Pero básicamente a partir de ahora va a ser un cúmulo de las críticas de pelis que voy viendo (y que como las cosas se me suelen ir de las manos, meteré críticas de los libros que leo, o de discos que escucho, videojuegos que nunca me termino de pasar, o de los programas de Ana Rosa que me trago. Yo que sé.)

Y publico esta entrada no como nota informativa, que no sois tan importantes como para manteneros al loro de mis intenciones. El único motivo de esta entrada es publicar algo. Lo que sea. Aunque no sirva para nada. Y que ello me obligue, por dignidad, a empezar a publicar asiduamente lo que ya he explicado en párrafos anteriores. ¿Que qué he explicado en párrafos anteriores? Pues mira, majo, si te los has saltado y directamente te has venido aquí abajo es que eres más tonto que las protas de "Sucker Punch", que escriben su plan en una pizarra y para que el malo no lo descubra lo único que hacen es girarla.