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3 de agosto de 2015

Elephant, de Gus van Sant.

Por lo general, no me llama la atención el cine prefabricado para lucirse en festivales. Suelen ser películas para un público reducido y selecto, donde prima el mensaje y el transfondo más que el entretenimiento. Y, perdonadme mucho, pero no es mi forma de ver el cine. Elephant no se escapa de esta especie de género gafapasta, pero me acerqué a ella por el potencial que contenía, pero que, desgraciadamente, se quedó en el limbo de la vacuidad y lo superfluo.


Vamos a ver. A priori, es una película que hay que ver obligatoriamente siendo consciente del contexto al que pertenece: la masacre de Columbine. Sin esa información previa, la sequedad, el hieratismo y la cotidianeidad de todas las escenas que conforman su primera hora de metraje quedarían como una absurdez insoportable.


Pero lo dicho: tenemos la perspectiva puesta en la masacre de Columbine, por lo que esa normalidad que esgrime la narración no es tal. Me gusta la idea de que no quiera involucrarse emocionalmente con ninguno de los personajes que se nos van presentando. Van Sant se limita a acercarse a ellos como un voyeur, y no encuentra nada más allá que un día rutinario de escuela: el chico que llega tarde a clase, la que se avergüenza de ducharse en gimnasia, la pareja acaramelada, las pijas anoréxicas, el que tiene reservado el aula de fotografía,... Lo único que tiene todo eso de especial es cómo va a acabar la jornada. 


Y llegado el ansiado momento, ni artificios, ni sangría, ni una violencia desmedida. Simple frialdad de dos chavales llenos de odio que han tenido acceso a las armas de manera sencilla. No da lugar a un porqué. Ese es el mérito de una película que finalmente resulta torpe en su ejecución, pese a tener una idea demoledora que en manos de cualquier otro, con el mismo planteamiento seco y distanciado, y el mismo alma festivalero, podría haber dado más frutos.

Tampoco perdono al director su afán, como en casi toda su filmografía, de sacar a relucir su homosexualidad. A alguien le faltaron abrazos de pequeño y lo va restregando en cada una de sus películas. 



28 de julio de 2015

Los idus de marzo, de George Clooney.

Para que quede claro desde el principio: no siento demasiada simpatía por George Clooney. Es el tío que encarnó a Batman en esa violación sin piedad de cuyo título no quiero acordarme. Desde entonces, pues creo que me resulta un simpático lumbreras. Pero luego repasas su filmografía tras las cámaras, y el tipo resulta tener talento. Me pasa con él lo que yo denomino "síndrome Ben Affleck": como actor, meh. Como director, mucha raza y pulso. O sea, el canoso cuya firma es una media sonrisa perfeccionada me resulta egocéntrico y ombliguista, de ahí que en sus propias películas tenga que ponerse delante del objetivo. Pero le admiro cuando decide esconder su gepetto y se pone a manufacturar cine. A Orson Welles le ocurría lo mismo, para qué engañarnos. 


En este thriller político, aprovecha ambas bazas, la de actor carismático que atraerá automáticamente a la sala del cine a parte del público solo por su presencia, y la de director con carácter. Inteligentemente, su personaje permanece distante, es un maniquí que se limita a repetir los discursos preparados por sus asesores. Es el político moderno: guapo, elegante, con capacidad oratoria, de ideas bonitas pero vacuas. Un Pedro Sánchez a la americana, vamos (¿o es Pedro Sánchez un moderno socialdemocrata americano a la española?). Un personaje que ejerce de mero vehículo para una narración en la que deben destacar, y así lo hacen, los personajes de los siempre increíbles Seymour Hoffman y Paul Giamatti, que arropan al héroe de la función, Ryan Gosling, que cada vez convence más notablemente en sus habilidades dramáticas más allá de su cara angelical. El rubiales podría convertirse en un Paul Newman del siglo XXI si continúa por esta senda.


A destacar una de sus grandes virtudes: hora y media de película. ¿Para qué más? No pierde el tiempo. Va al grano. Se desenvuelve rápido entretejiendo la trama gracias a la convicción del libreto sobre lo que está contando: la desvergüenza arraigada en la alta política, la teatralidad en la que está envuelta, la competitividad deplorable dentro de un mundo corruptible y envenenado por la burocracia. 


Tiene el punto de vista acertado y certero. Le sobra inteligencia sin caer en el cuñadismo cinematográfico. O sea, no intenta darte un discursillo, por lo que puedes sentarte cómodamente a verla sin temor a asistir a una cansina regañina paternal, como le ocurre a títulos más desgraciados como "La cortina de humo", y tiene un entramado dramático y fotográfico muy potente. Junto a "In the loop", uno de los mejores retratos de la política actual. 


21 de julio de 2015

Inside Out, de Pete Docter y Ronaldo Del Carmen. (2015)

Hay un puñadito de gente que se ha empeñado últimamente en señalar una crisis creativa de Pixar. Y mira, por más que me empeño, ni la he notado. Porque la compañía del flexo siempre cumple. Tiene películas mejores que otras, pero lo que viene a ser decepcionar, jamás. Hagamos repaso de sus últimas películas: "UP", obra maestra; "Toy Story 3", cierre perfecto de la trilogía; "Cars 2", su único bajón, y aún así entretenida; "Brave", mejor película de princesa que muchas de la especialista en películas de princesas, o sea, Disney en solitario; "Monsters University", muchas risas. De crisis creativa, nanai. Otra cosa es que haya gente tan magufa como para reprocharles que no sean capaces de sacar una genialidad cada año. Pues miren, señores, eso no lo hace ni Pixar, ni Woody Allen, ni Tarantino, ni Kubrick. Así que relajemos la raja un poco.


Por si aún queda alguien señalando esa falta de ideas, llega "Inside Out", que sin tener que elaborarme mucha la calificación diré, simplemente, que es, dentro de lo que propone, perfecta. No es necesario buscarle otro calificativo cuando no le encuentro defectos. Sorprende tanto como en su día lo hizo la primera "Toy Story", usando la misma base narrativa: dos personajes totalmente opuestos se pierden en un mundo que hasta entonces solo conocían a través de un ventanal, y que deben apurarse en regresar a su base para salvaguardar a la niña que han custodiado desde siempre. Pese a este paralelismo, tiene personalidad propia y brilla por sí misma. "Inside Out" no se apoya en unos personajes tan carismáticos como lo eran personajes de la franquicia como Woody y compañía, Mike y Sulley, o Dory. Su mayor baza tampoco es esa aventura en la que Alegría y Tristeza se sumergen dentro de la cabeza de una niña que vive el trauma de separarse de su ciudad natal para mudarse a otra donde no conoce nada ni a nadie. La genialidad de Indside Out resulta de hacer fácil lo complejo. Los guionistas podrían haber tirado perfectamente hacia la sencillez de fabricar una especie de "Érase una vez el cuerpo humano", y habrían logrado sin despeinarse demasiado un resultado seguramente decente. En vez de conformarse con eso, tiran de imaginación, inteligencia, emotividad y ternura para explicarnos conceptos tan ambiguos que encierra la mente humana como lo son las ideas, los sueños o los miedos y nos hacen reflexionar durante hora y media en la que no falta el humor contagioso y una catarsis final de lagrimilla nada forzada, cosa de agradecer en este tipo de películas, y sí muy elaborada durante todo su desarrollo en la que las evoluciones de sus personajes principales son constantes y progresivas.


Estamos hablando de una película dirigida por Pete Docter, responsable de "Monstruos S.A" y "UP", por lo que se da por hecho el chorreo visual al que vamos a asistir. Al igual que en aquellas ocasiones, se gana de inmediato al público infantil gracias a personajes coloridos y fácilmente identificables, con sus propias muletillas, y con gags recurrentes y muy divertidos. De igual manera, el público adulto queda prendado por las reflexiones y conceptos arrebatadoramente inteligentes que va dejando posar, apostando también por la melancolía o la nostalgia que ya desprendía "Toy Story 3". Invita a la empatía hacia los demás utilizando a una niña de 11 años con la que rápidamente nos identificamos, siendo una de las pocas veces en las que verdaderamente una película de tal contexto y pensada para tener una taquilla generosa se preocupa tanto por ahondar en la perspectiva de una persona que está a punto de embarcarse en la madurez. 


No me atrevo a decir que sea lo mejor que han parido los creativos John Lasseter, Andrew Stanton y compañía. Des luego, puede codearse en ese olimpo de joyitas que son las "Toy Story", "Up" o "Wall-E".




20 de julio de 2015

El Deus Ex Machina 2.0 o algo así.

A ver, mierdas, que sois unos mierdas. Bueno, en realidad no, pero tenía que empezar la entrada con algo impactante y que llamara la atención, y de momento no he llegado al nivel de attentionwhorismo en el que enseño el pene para llamar la atención.

Debido a innumerables peticiones de personas, bots, gente sin vida de internet y animales de compañía, voy a empezar a publicar las críticas de las pelis que voy viendo en el blog, que es algo que lo hago en Facebook, pero al parecer tengo más público ahí fuera. Vamos, que el blog regresa a sus orígenes. Como cuando esto era un blog que solo leía gente culta y de mente ágil. Total, la cosa está ya tan pervertida que meterle otro cajón desastre es como meterle otra gaita a Mago de Oz, otra película a "El Hobbit" u otra operación de cirujía estética a Cher. Si a ellos les funcionó, por qué a mí no. Además, me reservo el mesudalapollismo que siempre ha caracterizado a este blog para, pese a las telarañas que acumula por desuso y desactualización, seguir exponiendo de vez en cuando mi irrelevante opinión sobre cualquier tema intrascendental que, sorprendentemente, a mucha gente le despierta interés. Y que a este blog le tengo cariño, entre otras muchas cosas, porque me sirve para cruzarme con todos los gilipollas, cuñados y tenedores de la razón suprema que habitan en la red. 

Que los tenedores de la razón suprema no son utensilios para comer que han tomado conciencia propia y me replican con aires de superioridad y una moral inmaculada, lo cual sería estupendo para escribir una novela distópica en la que tenedores, cucharillas del café y tuppers controlan la sociedad humana. No, tenedores del verbo tener, que hay que explicároslo todo (¿veis como sois unos mierdas, joder?).

Así que como hay que llevaros de la manita a todas partes para que no os perdáis, os explico: este blog sigue siendo el referente para exponer mis gilipolleces. Pero básicamente a partir de ahora va a ser un cúmulo de las críticas de pelis que voy viendo (y que como las cosas se me suelen ir de las manos, meteré críticas de los libros que leo, o de discos que escucho, videojuegos que nunca me termino de pasar, o de los programas de Ana Rosa que me trago. Yo que sé.)

Y publico esta entrada no como nota informativa, que no sois tan importantes como para manteneros al loro de mis intenciones. El único motivo de esta entrada es publicar algo. Lo que sea. Aunque no sirva para nada. Y que ello me obligue, por dignidad, a empezar a publicar asiduamente lo que ya he explicado en párrafos anteriores. ¿Que qué he explicado en párrafos anteriores? Pues mira, majo, si te los has saltado y directamente te has venido aquí abajo es que eres más tonto que las protas de "Sucker Punch", que escriben su plan en una pizarra y para que el malo no lo descubra lo único que hacen es girarla.

6 de mayo de 2015

Te actualizo.

Querido blog, dos puntos.

Ya ni me acuerdo de la última vez que te hice caso, pero es que te estabas volviendo muy antojadizo. Y para aguantar tonterías ya tengo a mucha gente aquí fuera. 

A ver, qué te iba a contar yo. Sí, mira. Hace un mes volví al gimnasio. A uno que tiene piscina y te ponen a hacer sentadillas aunque la clase a la que hayas entrado sea Aqua Dinamic. Hoy la monitora me ha dicho que me metiese a hacer spinning, que más o menos es lo que en su día le hicieron los romanos a Jesucristo pero sobre una bicicleta estática. Y luego hay una vieja que hace abdominales al mismo ritmo que el resto de abuelas mundiales hacen ganchillo o baten un huevo: podría generar energía renovable, vamos. A día de hoy, me siento orgulloso de ser capaz de seguirle el ritmo. 

¿Y qué más cosas? ¡Ah, sí! Estoy en fase más creativa que receptiva. Vamos, estoy escribiendo un cojón. Vale, no aquí. No te me pongas dramático que te dejo esta entrada a medias. Me refiero a que estoy escribiendo cosas que en cuanto las acabe podré ir a registrarlas como propiedad intelectual, y que si suena la campana algún mecenas me considerará su Velázquez particular. Cambiando lo pictórico por lo literario, tú me entiendes la alegoría. Porque eso que acabo de hacer es una alegoría, ¿no? Sí, bueno, en estos meses también me he vuelto un poco más tonto. Lo cual es menos doloroso de lo que temía: las cosas me afectan menos y soy más productivo. 

He descubierto a Terry Pratchet. Deberías echarle un ojo. Es como Neil Gaiman pero sin viñetas. Y mi novio me ha obligado a comenzar Battlestar Galactica. Y ha salido un nuevo Joker que a todo el mundo le horroriza pero que a mí me gusta. Ya sabes que sobre gustos soy muy de llevar la contraria.

¡Ah! También he descubierto que en el Ahorramás no ahorras más. Cambiando de tema, ¿te acuerdas de lo que te decía que la izquierda iba a llegar a ese punto absurdo cuyo mayor debate iba a ser quién es más rojo que nadie? ¡Está ocurriendo, tío! Y ahora a que la gente acepte por necesidad puestos de trabajo de 5 horas semanales por 4€ la hora se le llama "crecimiento". Un locurón de año que llevamos con ésto.

Bueno, que ya te visitaré en otro momento. Hazte amigo de otros blogs o vete de viaje, que ahora la fibra óptica llega a todos los sitios y como medio de transporte de datos es lo más.

17 de noviembre de 2014

Interstellar.

"Interstellar" es simplemente la mejor película de ciencia ficción en lo que llevamos de siglo. Y lo digo con la boca pequeña. Es imaginativa, coherente consigo misma en todo momento, sobrecogedora y a veces aterradora por el mundo en el que te adentra, una maravilla visual, sonora y atmosférica, en cuyos 160 minutacos de metraje no hay ni vacíos ni sobrecarga. 


Habla de tantas cosas de manera tan sutil, tan humana e introspectiva en un escenario tan gigantesco como la propia multidimensionalidad del espacio-tiempo, que no queda otra que dejarse llevar por la ola en la que te sumerge. 


Y tiene la inteligencia de no profundizar en divagaciones filosóficas o moralistas, sino que explora el infinito a través de los detalles humanos más pequeños. Y no necesita una gran dosis de acción o fuegos de artificio para resultar estimulante y épica. La escena en la que Cooper se despide de su familia, abandona su granja dejándoles atrás, mientras el sonido ambiente es el del cohete que le llevará a las estrellas, un cambio de un plano en la cabina de una furgoneta por la cabina de una nave espacial, es una elipsis que concibe un punto de giro de guión memorable, por poner un ejemplo de uno de sus múltiples "perfect shoots". 


En mi caso particular, no tengo mejor calificativo para ella que decir que es como "2001" pero con corazón y con la ventaja de que te dan ganas de volver a verla de nuevo.

30 de septiembre de 2014

¿Una versión de Doctor Who a la española? ¡YO DIGO SÍ, JODER!

Porque aquí somos muy de coger cosas de fuera, hacerles un par de arreglillos para que cuele dentro de nuestro folklore, nuestra forma alegre, pícara y dicharachera de ver la vida, impregnarles de ese toque de caspa tan nuestra, y a tomar por culo: tenemos un producto 100% made in Spain. Si tuvimos los cojones de hacer pasar a Dani Martin por una suerte de Jack Bauer madrileño, o de emular Cheers cambiando a Woody Harrelson por Resines, ¿por qué no probar con Doctor Who?


Ésta es mi propuesta. La serie no se llamaría Doctor Who, evidentemente. Aquí necesitamos un título directo, que no les haga comerse el coco demasiado a los televidentes. "El Doctor" podría valer, pero más de uno se esperaría un pseudo Hospital Central mixeado con Médico de familia, y Doctor Who no va de eso. "El Doctor de las galaxias" me parece más acertado. Además con eso enganchas a toda esa peña que sabe o en algún momento a oído hablar de La guerra de las galaxias, pero que le preguntas por Chewacca y te señala un rebaño asturiano.

Para las diferentes regeneraciones del doctor aquí tenemos actores válidos para dar y tomar. Por ejemplo, podríamos iniciar la cosa con algún actor consagrado que vaya a durar una temporada, porque lo de la regeneración hay que dejarlo mascadito cuanto antes: José Coronado, que haría lo de robar la TARDIS y todo eso. TARDIS que aquí simplemente se llamaría LA CAJA, y en vez de ser una cabina de policía londinense sería una de las antiguas cabinas de Telefónica.

Álex O'Doguerty sería una de las apuestas fuertes en una de las sucesivas regeneraciones. Pasaría pronto a ser uno de los doctores más queridos por la audiencia y con él se cosecharía un inmensa horda de fans. Sacaría mucho jugo a la indumentaria y al destornillador sónico, que aquí sería igualmente un palo pero que en una de las extremidades tuviera algún útil para golpear cosas. Que aquí las cosas se arreglan a hostias.

Raúl Arévalo podría ser otro sucesor de garantías. Y luego ya para atraer al sector que no hemos contemplado aún, las forracarpetas de la Super Pop, habría que poner durante un par de temporadas algún ídolo juvenil, estilo DVD, el niño guapo de Los Serrano, que a estas alturas ya tendrá pelos en los huevos y no fomentaríamos la pederastia. Para rematar la faena, el hombre que está en todas partes: Dani Rovira, que además tiene acento andalúz, muy aprovechable para todo tipo de chistes, burlas y gracietas que tan fácilmente nos sale en cuanto tocamos algún esteoro...estirio...(ay, la dislexia)...¡estereotipo, coño ya! Y como ahora está Peter Capaldi en plan cascarrabias, pues aquí tenemos a Pepe Sancho.

Vale, muy importante las acompañantes que va a tener el héroe. Igual que en el original triunfó Billie Piper, quien no se comía un colín en el mundo del Pop, pues aquí ponemos a Melody, que además es mona y apenas tiene que esforzarse para ser cateta pero que luego cae bien y tiene su gracia. Como madre de ella, Ana Obregón, que todavía tiene su público y es bastante fiel. Para cuando a Melody le toque quedarse encerrada en una dimensión paralela o anclada en un punto fijo del espacio-tiempo, tenemos a Alexandra Jimenez (sí, me comí mucho Los Serrano, ¿vale?). Y en la reserva para hacer de una españolizada River Song tenemos a una ya madurita Eva Santolaria.

Y no nos olvidemos de los innumerables enemigos: para mover cualquier Dalek y ponerle la voz nos vale Jesús Bonilla, y tenemos modelos polacos buscando su suerte en tierras latinas para dar y exportar, por lo que para enfundar gente grande en Cybermens también estamos cubiertos. La raza de Strax y el propio Strax sería Pepón Nieto; la mujer lagarto camuflada en el Londres victoriano sería Belén Rueda (pero camuflada de chulapa, claro). Y para los Slitheen nos valemos de cualquier político, que da todo el pego.