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30 de diciembre de 2012

God's gonna cut you down - Johnny Cash

Hace tiempo, cuando este blog era visitado sólamente por borrachos, putas, cocainómanos y hombres de 60 años sedientos de pollas adolescentes, tenía una sección en la que hablaba de los grupos de música que me gustaban (y que eliminé). Bueno, es que en general este blog se ha desviado mucho de la forma en que fué concebido, porque en un principio iba a ser colaborativo con otra persona, e íbamos a hablar de cine, música, videojuegos, cómics y cosas frikis en general. Pero bueno, años después ya véis en qué se ha transformado la criatura: los hijos nunca crecen como  los padres tenían pensado.

Pero el caso es que quiero hacer un tag de entradas musicales, y como los domingos son días de poca pero elitista audiencia, a partir de hoy, así para cerrar 2012, inauguro "Momentos musicales", una chorrada como otra cualquiera y que se hace en muchos otros blogs, con la diferencia que esos momentos musicales los elijo yo, que soy una persona con más criterio, porque soy dios. Y nada, consiste en que cuelgo el vídeo de una canción que me apetezca, y punto. No quiero andarme con innovaciones.

Para inaugurar, un clásico, ahora que el género del western está resurgiendo, Johnny Cash.



You can run on for a long time 
Run on for a long time, 
Run on for a long time  
Sooner or later God'll cut you down  
Sooner or later God'll cut you down
 
Go tell that long tongue liar, 

Go and tell that midnight rider  
Tell the rambler, the gambler, the back biter  
Tell 'em that God's gonna cut 'em down  
Tell 'em that God's gonna cut 'em down

Well, my goodness gracious let me tell you the news  
My head's been wet with the midnight dew 
I've been down on bended knee   
Talkin' to the man from Galilee
 

He spoke to me in the voice so sweet 
I thought, I heard the shuffle of the angel's feet 
He called my name and my heart stood still  
When he said, "John, go do my will"
 

Go tell that long tongue liar, 
Go and tell that midnight rider 
Tell the rambler, the gambler, the back biter  
Tell 'em that God's gonna cut 'em down  
Tell 'em that God's gonna cut 'em down

You can run on for a long time  
Run on for a long time, 
Run on for a long time 
Sooner or later God'll cut you down  
Sooner or later God'll cut you down
 

Well, you may throw your rock and hide your hand  
Workin' in the dark against your fellow man  
But as sure as God made black and white  
What's down in the dark will be brought to the light

You can run on for a long time 
Run on for a long time, 
Run on for a long time  
Sooner or later God'll cut you down 
Sooner or later God'll cut you down
 
Go tell that long tongue liar, 

Go and tell that midnight rider 
Tell the rambler, the gambler, the back biter  
Tell 'em that God's gonna cut you down  
Tell 'em that God's gonna cut you down  
Tell 'em that God's gonna cut you down

26 de diciembre de 2012

Tengo una cita.

Como la mayoría de los que me leéis o bien estáis casados, o divorciados, o no echáis un polvo desde que Yurena se llamaba Tamara, o bien sois orgullosos vírgenes, pues lo de tener una cita os debe sonar extraño. Sí, a mí también. Soy un tío del siglo XXI, yo no tengo citas. Yo salgo por ahí y tengo cosas casuales tras cinco cubatas que pueden acabar en una cama y en un "ya te llamaré". Pero no tengo citas. Por varios motivos:

- Una cita implica gastar dinero. Y si ya soy un tacaño cuando tengo dinero, ahora que solo tengo ahorrado lo justo para sobrevivir a los próximos tres años, pues más todavía.

- Tienes que ponerte elegante. Cuando yo no soy una persona elegante. Casual, moderno, bello, follable, intrigante, con un nosequé, con un rostro a lo Heath Ledger,... Todas esas cosas las admito como innegables atributos. Pero no elegante. Elegantes son George Clooney, Viggo Mortensen o Txus Di Fellatio. Pero yo no.

- Tienes que ponerte en plan romántico. Que yo seré todo lo romántico, tierno y achuchable que quieras, pero soy un tío, y lo que quiero es follar.

- Tu madre huele que tienes una cita. Es como un séptimo sentido (el sexto es el de encontrar cosas extraviadas cuando tú no consigues hacerlo). Si tienes una cita, por mucho que intentes ocultarlo, tu madre lo sabrá. Y te vendrá con preguntas estilo: "¿por qué te duchas? ¿Por qué vas tan guapo? ¿Por qué te echas desodorante? ¿Por qué te arrancas las espinillas? ¿Por qué te pones ropa limpia? ¿Por qué te cepillas los dientes?" ¡¡¡Lo sabe!!! Y de esas preguntas pasará directamente al acoso con otro tipo de preguntas: "¿la conozco? ¿Cómo se llama? ¿Vive en un chalet? ¿¡VIVE EN UN CHALET!?" Y además si tienes la suerte de ser gay, te preguntará: "¿la tiene grande?"

¿A vosotros no os pregunta vuestra madre por el miembro de vuestros rollos? Pues qué madres más ancladas en el siglo XX tenéis, hermosuras.

Pues como ya he dicho, yo no soy de tener citas. Pero ni de tener citas, ni de hacer llamadas por teléfono, ni de decir "te quiero", ni de acordarme de la fecha en que nos dimos el primer beso, ni de regalar flores de plástico por 3€ de los rumanos de las discotecas de Madrid. Sí, lo sé, soy un partidazo, de los que ya no quedan. Yo soy más de "vámonos de fiesta", de hacer que te lo pases genial, y de "sé de un hostal barato aquí al lado". Yo es que soy una persona preparadísima. Así que lo de ir a cenar en pareja y cosas así... ¿Pasar por un McDonalds y tener conversaciones sobre los diferentes tipos de caca se considera cita romántica?

Vale. Pues resulta que hay un chico que se puede considerar como mi última conquista. O yo soy su conquista. Yo que sé. Y mi plan iba genial. Como todos mis planes de apareamiento. Pero resulta que tengo como una cosa en el estómago ahí mezclada con toda la mierda que he comido durante estos días y que no son ni gases, ni empacho, ni la tenia intestinal (con la que llevo ya cuatro años, te quiero, hermosa),... Es otra cosa. Ay, yo qué sé. Y este chico y yo nos hemos propuesto lo que se puede denominar una cita, con sus cuatro letras.

Con lo inseguro que soy yo. Una puta cita. O sea: ¿y se me pongo a cenar espaguettis, estornudo y se me sale uno por la nariz? ¿Y si no le hacen gracia mis chistes sobre razas inferiores, pederastas y gente muerta? ¿Y si me sale un tic en el ojo? ¿Y si se me queda un trozo de lechuga entre los dientes y no me doy cuenta? Joder, es que son demasiadas las cosas que hay que tener en cuenta. Y para antes de cenar, opciones: cine o bolera. Lo de llevar a mis rollos al cine es algo que no suelo hacer, básicamente porque es como adentrarles demasiado en mi mundo y me siento incómodo, es como cuando Batman rescata a damisela en apuros y se la lleva a la Batcueva. ¡Sácala de ahí antes de que empiece a tocar cosas o a preguntar que qué es eso o qué es lo otro! Y resumiendo: si les llevo al cine, es porque ya hay algo más. Así que me va a tocar ir a jugar a los bolos. Yo. Con un promedio de 60 puntos. Yo. Capaz de tirar la bola y hacer pleno en la pista de al lado.

Con lo sencillo que es quedar, liarse y punto, cojones, quién me mandaría a mí haber aceptado ir a la puñetera cita. Pero con qué gusto lo he aceptado.

23 de diciembre de 2012

El guion cinematográfico (III): la estructura.

A ver, pollos, sigamos avanzando en esto. Habíamos quedado en que la idea era la base de un guion, la materia prima de la que partimos. Pues bien, si la idea para un guion es el esperma, la estructura es el óvulo. Ideas tenemos muchas, y como espermatozoides, sobrevivirá una (dos a lo sumo que se convertirán en mellizos) y la historia empezará a ovular con ella. Con la estructura, vamos a poner los pilares del guion.

Al partir de la idea que va a convertirse en historia aún estamos pensando en términos globales. La estructura está condicionada por la idea. En cuanto atravesamos esa fase de idea a estructura, ese pensamiento general es sustituido por otro tipo de pensamiento, ya que empezamos a pensar en tramas que van a condicionar una trama general, que es lo que ocurre en el guion, empezamos a pensar en secuencias, escenas, incluso en planos.

La estructura clásica de un guion es bien conocida (planteamiento, nudo, desenlace). Yo incluyo unas cuantas fases más para tener un esqueleto más flexible y muchos más puntos donde agarrarnos en caso de que estemos perdidos:
  • Planteamiento.
  • Desarrollo.
  • Conflicto.
  • Catástrofe.
  • Peripecia.
  • Desenlace.
  • Resolución.
Todos estos puntos se recogen en tres actos. El primero abarca el planteamiento; el segundo termina con la peripecia; y el tercero recoge el desenlace y la resolución. El final de cada uno de esos actos coincide con un punto de giro que hace evolucionar la historia y renueva el interés por la misma. Si una película os parece un coñazo, es en parte porque esos puntos de giro tardan demasiado en llegar o simplemente son una mierda.

El primer punto de giro complica la historia y tiene crear una espectativa. El segundo punto de giro ajusta la historia para resolverla, y debería satisfacer esas espectativas generadas en el primero.

Esto es la clásica estructura de un guion, y aunque estos puntos son necesarios, a nivel de trama puede haber muchos más.

Y ya me he cansado. En el siguiente me pongo a hablar de claves para pasar de la idea a la estructura.

18 de diciembre de 2012

Corrección política mis cojones.

La correción política es una mentira que tapa la gran farsa. Hay unos señores muy bien vestidos, con un lenguaje muy educado y palabras muy medidas que se dedican a llevar por el lado humanista y absurdo carencias sociales por las que nos llevamos las manos a la cabeza en pleno siglo XXI. Así actúan los comités, por ejemplo: te dicen que hay unos señores muy malos (unos hijos de puta que se merecen la horca, en mi idioma) porque hacen cosas muy malas (se dedican a destruir todo derecho social existente, a mi modo de entender). ¿Por qué hablan con tanta falta de agallas (o cojones)? Correción política.

Tremenda ingenuidad con la que se llevan campañas contra la violencia de género, por ejemplo. Ahora les da por poner a Imanol Arias recibiendo una supuesta hostia del hombre que maltrata a la mujer, y dice que es como si se la llevara él. Y ala, ya está, todos somos maltratados. Que no. Que es mentira. Utilizamos la corrección política porque tenemos una justicia ineficaz (y lo que más miedo da, ¿ineficaz a propósito?) incapaz de castigar a esos maltratadores, violadores, ladrones, corruptos,... por lo que nos vemos obligados a redimirnos poniéndonos en el pellejo de las víctimas. Pero es mentira. Imanol Arias no siente esa hostia. Y con lo que ocurre en EEUU, donde hay matanzas en institutos y colegios, y tenemos que sentirnos tristes por esos niños, la misma hipocresía: ¿acaso no merecen el mismo sentimiento de tristeza los niños que mueren a diario en Asia Occidental o África, muertos por efermedades, carencias vitales o asesinados, por cierto, por los mismos que condenan las muertes de esos niños americanos que, a su vez, mueren a manos de asesinos cuyas armas consiguen gracias a esa ley que les ampara para poder poseerlas? Pero no, nosotros decimos que qué pena, que joder qué lastima, y como que nos sentimos mejor. Pues olé nosotros.

Ahora eso sí, expresas lo mismo que ellos de manera políticamente incorrecta, cagándote en la madre de cristo, y parece que eres tú el que está abofeteando a la mujer, el que está disparando a los niños, el que está despidiendo a los trabajadores. No me jodáis. Es más fácil conseguir que alguien se ofenda con un comentario políticamente incorrecto (y no me refiero al humor negro en esta ocasión) que enseñándole una imagen de un niño nigeriano con una pistola en la mano. Pues no me da la puta gana ser correctamente político. Por varias razones, y la primera es que vuestros mensajes de piedad, de simpatía hacia las víctimas, de caridad humana o de solidaridad tienen el mismo efecto que ver a un anciano de pie en el autobús y contemplarle con lástima mientras tu culo está cómodo en un asiento. Es totalmente cobarde. La incorrección política al menos os hace espabilar, llama la atención, os altera. Eso es bastante más útil que ponerse un lacito rojo el día del SIDA, por ejemplo. Que sí, que muy bonito, pero que no vale una mierda por la simple razón de que no te mojas el culo.

Y no nos equivoquemos. En pleno siglo XXI siguen existiendo las segregaciones, y juzgamos a la gente por lo que tiene entre las piernas, por el color de su piel, por la persona a la que ama,... Y por eso me toca tanto la polla que se saque a debate temas como si el lenguaje es machista. ¿No habrá cosas más importantes y que segregan más a la mujer? O los putos eufemismos. Aunque no lo creáis, un pito y una polla son lo mismo, lo digas como lo digas. Y tema aparte es la discriminación positiva, porque telita, chavales.

La correción política simplemente es la muestra de lo enferma que está la masa, de lo manipulable que es, y de la indiferencia que siente hacia los problemas que están presentes constantemente. He dicho.

13 de diciembre de 2012

El guion cinematográfico II: la idea.

Un guion hay que empezarlo con una idea (soy un genio de la obviedad). Venga, para complicarlo un poco más. La idea es la base desde la que se parte y para la que hay que tener en cuenta a qué tipo de público va destinada. Recordad, buscamos una catarsis, y la idea necesita de ella.

Hay infinitas fuentes de ideas, básicamente todo aquello susceptible de generar un planteamiento, un nudo y un desenlace: una historia que ya existe bajo otra forma, un tema, un personaje histórico (o no histórico), una idea sacada de la experiencia propia o ajena,...

La idea hace destilar un mensaje, y no al revés. La razón de esto es que si introducimos con excesiva consciencia un mensaje en la historia, estamos haciendo propaganda con ella. Que si trabajas para Hitler te puede valer, pero vamos a suponer que no trabajamos para fines políticos.

Ahora bien, teniendo en cuenta que todas las situaciones dramáticas y todos los personajes están ya explorados (hay libros por ahí de argumentos universales muy bueno, os recomiendo especialmente "El héroe de las 1000 caras"), la originalidad no es tanto el hecho de entrar en una historia nueva, sino de contar esa historia ya contada bajo nuestra mirada concreta. La originalidad no radica en el qué, sino en el cómo. La calidad de una historia depende de las buenas preguntas que le hagamos a esa historia.

Luego también hay que tener en cuenta que si escribimos algo con fines comerciales, porque escribir un guion para dejarlo guardado en un cajón es igual a no haber escrito nada. Así que debemos ser conscientes de para qué industria estamos escribiendo, lo que viene siendo las posibilidades de que lo que estamos escribiendo tenga posibilidades de venta, vamos. De nada sirve escribir un excelente guion si nadie va a afrontar un presupuesto que lo lleve a cabo. Un guionista siempre tiene un poco de puta, tiene que ser analítico y saber qué puede interesar al público, que tiene un carácter indómito, para que tenga éxito.

Pero eso sí, cuidado con las modas. Son algo profundamente peligroso. No podemos estar escribiendo algo simplemente porque esté de moda; somos nosotros los que tenemos que imponernos a la moda (con dos cojones, coño).

Dentro de nuestra idea de historia, en mayor o menor medida va a haber que introducir aspectos humanos. Aunque odiemos a la humanidad, que por cierto es algo muy humano, y aunque lo que vayamos a contar sea algo duro o deleznable, se necesita cierto caracter humanista. Es la única manera de que el espectador empatice con los personajes. Por eso Hannibal Lecter nos cae bien, incluso la anarquía de Joker nos cae bien, porque son cosas humanas. O, en el otro extremo, Wall-E, un robot, en cuanto tiene aspectos humanos nos identificamos con él.

Esto es porque hay que tocar la sensibilidad del espectador, hacerle partícipe del conflicto dramático. Hay que seguir un proceso mayéutico, sacar de nosotros mismos la verdad de las cosas. 

Y por ahora, lo dejo aquí. Seguiré con más cositas de los guiones.

11 de diciembre de 2012

Salir del armario sin escándalos.

Que alquien me corrija si me equivoco. Nadie concibe la idea de que alguien siendo heterosexual tenga la conversación con sus padres de:

- Mamá, papá, tengo algo que contaros. Soy heterosexual y me gusta la gente del otro sexo.

Inviable, ¿verdad? A los judíos, negros y a las mujeres tampoco les hace falta tener una conversación familiar acerca de su condición notablemente inferior dentro de la sociedad porque salta a la vista. Bueno, hay mujeres que parecen hombres, pero yo no quiero faltarle el respeto a nadie por su físico.

Dicho esto, mi pregunta es la siguiente: ¿por qué cojones un gay tiene que enfrentarse a ese momento de su vida llena de arcoiris y purpurina en que tiene que decirles a sus padres que le gusta la gente de su mismo sexo? A mí me resulta chocante. Sin malinterpretaciones, por favor. Estar fuera del armario es bastante liberador porque, entre otras cosas, puedes decirle a tu madre que vaya gusto de mierda que tiene y que Bertín Osborne no es en absoluto un tío sexy. No, mamá, por mucho que insistas, ese señor tiene el mismo sex-appeal que un pastor cagando en medio de la estepa de Cuenca.

Colorimetría o como sacar a un rayo de luz del armario.
Ahora bien, puesto que la gente homosexual somos especiales, se supone que la gente que nos rodea tiene que estar informada de nuestra especial naturaleza. Sí, mamá, me gustan los rabos. Y dile a la abuela que no es para tanto. Pero yo tuve mi propio sistema de salir del armario sin tener que recurrir a la incómoda conversación padres-hijo sobre mi condición. Ya tuve una conversación padre-hijo a los 14 años sobre qué tenía que hacer con mi polla cuando me sintiese atraído por otra persona y fuese a hacer uso de ella, y desde entonces me negué en redondo a repetir tal situación en la que lo único que pasaba por mi mente era "esto no está pasando, esto no está pasando". Ni de coña.

Así que a lo largo de los años lo que he hecho ha sido ir dejando caer semillitas. Que si un día me quedo embobado en su presencia de una foto de Xabi Alonso, que si otro me presento con una chapita de la bandera multicolor, que si otro tu padre te enseña un vídeo de una rubia potente y tú lo ignoras, que si otro día suelto un inocente comentario de "qué chico tan guapo", que si le insisto a mi madre de que a esta casa no le voy a traer nunca una nuera, que si otro día me dejo el ordenador encendido descuidadamente con una imagen de dos tíos haciendo fistfucking,... Cosas que den para pensar, vamos.

Con este método, llega un momento en que tus padres lo saben, tú sabes que ellos lo saben, de vez en cuando tu madre te pregunta que cuándo le vas a traer un novio a casa con total naturalidad, tu padre intenta hacer como que no sabe de qué va el tema,... Y ya un buen día les presentas a un chico bien mono que resulta que te lo estás beneficiando, y que a tus padres les viene genial en ese momento para ayudar a subir la compra. Esto último a mí no me ha ocurrido porque soy especial y hasta que una relación no me dure establemente al menos seis meses no tendrá cabida ninguna presentación formal.

Y hasta aquí mi análisis de cómo salir del armario sin recurrir a un drama. Pero por favor, salid del armario, dejáos ver, que lo ponéis muy complicado para identificaros y así no hay quien se decida a quién entrarle y a quien no cuando sale de fiesta.

5 de diciembre de 2012

21th Century Slaves.

Aquarius  nos engañaba. El ser humano no es extraordinario, al revés, es más simple que una ameba. Tantos milenios de evolución para acabar haciendo fotos de lo que se va a cenar, publicarlo en Facebook con el subtexto "mirad lo que voy a cenar" y esperar que haya alguien lo súmamente gilipollas al que le interese y pinche en "me gusta". Y ya con eso somos felices. You made my day, bitch.

No hay criatura más triste. Nos pasamos la vida pensando que somos especiales, pensando que vamos a hacer cosas, que estamos tocados por alguna especie de gracia divina. Tres mierdas te comías. Nos tomamos a pecho la estructura "nacer, crecer, reproducirnos (a veces ni eso) y morir". Nuestra vida es rutina. Nos levantamos, nos quemamos con la leche, se nos cae la tostada, pasamos X horas en el trabajo/universidad/sofá, volvemos a casa, intentamos mear sin salpicar fuera de la taza, cenamos, vemos un capítulo de alguna serie de mierda, publicamos en Instagram lo que hemos cenado y a dormir. Para equilibrar la balanza se nos conceden un par de días libres a la semana en los que nos emborrachamos/drogamos/tiramos en el sofá/tenemos sexo de dudosa calidad, y ya con eso nos sentimos realizados.

Y además es que nos complicamos la existencia y engañamos a nosotros mismos con cualquier mierda. Que nos vamos de vacaciones, nos vamos todos en las mismas fechas para aprovechar bien el tiempo en un monumental atasco que nos retiene durante tres horas. Que hay partido, nos ponemos todos frente a la TV a ver si nos llevamos una alegría gracias a las hazañas de esa gente a la que tanto le importamos que se llaman futbolistas. Que llega la Navidad, pues todos decimos que menudo asco de fechas pero bien que ponemos el arbolito. Que hay crisis, pues todos a una a protestar...en el bar de la esquina. Y si hay poco trabajo, mejor será aceptar esa oferta de esclavitud a 3€ la hora que no hacer nada. Y si alguien hace lo contrario, está loco, insano, esquizofrénico, es una bruja, ¡¡¡sacrifiquémosle a nuestro diooooooos!!!

Y ahora gritemos todos juntos que somos libres y superindependientes y que estamos todos crazies del pussy porque hacemos lo que nos sale de ahí mismo. Mira, así os lo digo: JÁ....JÁ....JÁ. Esperad, por si no os ha quedado claro: JÁ. La diferencia entre el esclavo de la antiguedad y el moderno es que el de antes iba encadenado y el de ahora es inalámbrico.

2 de diciembre de 2012

El guion cinematográfico I: el guion.

Últimamente, he hablado con varias personas interesadas en escribir guiones, que tienen ideas para desarrollar uno, pero que acaban estancándose o metiéndose en jardines de los que luego no saben salir. Bueno, escribir historias, digamos, no es fácil. Tienes que tener en cuenta muchos factores, un mínimo de documentación, hacer un análisis tanto de los personajes como de sus entornos,...

Voy a escribir una serie de post para más o menos guiar a quien esté interesado en ello. Y qué coño, que para algo que se me da bien, pues quiero hacerme el guay con ello. Este es el primero, que en un alarde de originalidad lo he titulado "el guion". Que por cierto, cómo me jode que por los santos cojones de la RAE no lleve tilde en la "o".

Pues a ver: el guion es una estilización y transformación de la realidad cuyas funciones son la verosimilitud, la funcionalidad y la estructuración. El cine no aborda la realidad como es, cada película establece su propia realidad (así que luego no vengáis con la típica mierda de "es que tiene muchos fallos esa película porque eso que ha hecho es imposible". En la película es posible, siempre y cuando no sea gratuito, claro). Crea una realidad cinematográfica a base de combinar elementos y consigue una nueva realidad que nos impulsa a tomar por verosímiles elementos que no lo son.

La estilización, pues eso, es la transformación estética de la realidad que funciona en términos dramatúrgicos. Es un filtro de la realidad, por así decirlo; que luego la mire con lupa o no es otra cosa.

Lo más importante es conseguir verosimilitud, por muy inverosimil que luego sea todo en "el mundo real". Y para ello existe, amiguitos, la "mimesis": hay que imitar la realidad, sí, pero teniendo en cuenta que nuestra historia es una ficción verosímil. Por eso, en la narración hay que dejar cabos atados, que el espectador tonto no es, y podemos estarle contando una historia de robots gigantes que destrozan ciudades, que como no le demos la excusa para creérselo se va a despreocupar de lo que esté viendo.

La finalidad de todo el relato es la "catarsis". Todo cuanto contemos en las primeras 90 páginas de un guion son simplemente herramientas para conseguir ese efecto emotivo en las últimas 20 en las que se desarrolla el clímax. Además, una buena película cumple la máxima de no robar el tiempo al espectador. La incoherencia narrativa, la repetición, la mala distribución de las escenas,... Todo eso nos aleja de esas cosas que queremos conseguir. Aparte, en el guion hay que utilizar frases cortas, con muy poca descripción y muchos verbos, porque lo que importan son las acciones, que ocurran cosas. No estamos escribiendo una novela, sino un relato que se supone se va a convertir en una película. ¿Y qué pasa en las películas buenas? Que ocurren cosas. Aunque se desarrollen en espacios pequeños, aunque los personajes estén estáticos, o no hablen, aunque estemos contando la relación entre un cactus y un ficus... Ocurren cosas, hay una evolución. En una pelea de robots no están ocurriendo cosas necesariamente. Que ocurran cosas no tienen nada que ver con el movimiento.

Solo nos interesan de la realidad aquellos elementos que nos sirven para la historia. Si algo no funciona para la historia, se descarta, punto. Hay que plantear una historia, darle un desarrollo y un desenlace para conseguir una reacción emocional en el espectador. La primera misión de la estructuración es acotar esa historia, saber de dónde parte y dónde acaba (los personajes tienen una vida anterior y posterior al relato, pero debemos tener claro que parte de esa vida es la que nos interesa contar). Hay que dotar de órden lógico para formar un contínuo sirviéndonos de la causa/efecto, anticipando hechos, retrasándolos, planteando preguntas al espectador (y respondiéndolas, que sino queda fea la cosa), pero siempre en el momento adecuado. ¿Y cuál es el momento adecuado? Pues para eso ya está el instinto de cada uno.

26 de noviembre de 2012

El fin del mundo.

Pues ya queda nada, hermosos. El fin del mundo es dentro de poco y puedo presumir de que voy a llegar conservando aún parte del bronceado veraniego, soltero, y con algo de dinero ahorrado. (¡Ah! Y con este avatar en twitter). La virginidad me ha sido imposible. Llegado a este punto, mi vida se podría resumir en varias fases:
  • niño que jugaba él sólo a los Power Rangers.
  • niño crecidito que jugaba a príncipes y princesas con las niñas.
  • uy, pues esto de tocarme el pene me gusta.
  • mamá, es que el profe me tiene manía.
  • uy, pues esto de tocarle el pene a otros tíos me gusta.
  • mamá, te juro que no he bebido.
  • qué guay que trabajo en la guarner.
  • qué mierda que trabajo en la guarner.
  • asco de todo, coño.
  • a ver si llega ya el fin del mundo.
¡A mamarla!
¿Cómo os imagináis vosotros el apocalipsis? Porque yo lo veo con fuegos artificiales y aplauso final, bastante soso y decepcionante, la verdad. Lo de los huracanes, tsunamis y Godzilla lleva ya ocurriendo desde siempre sin ser fin del mundo, así que no me trago que vaya a ser así. La pena es que vamos a llegar teniendo los gobernantes que tenemos, lo cual puede retrasar bastante las cosas. Me imagino a España vagando por el espacio ella solita, endeudada, sin rumbo fijo.

Y supongo que habrá algún tipo de ceremonia. Habrá un resúmen de lo que ha sido la vida, con sus greatest moments y cosas por el estilo. O sea, un resúmen de la vida como el que ya hice una vez y que podéis consultar aquí. Y, ¿quién lo presentará? Apuesto por Ramón García, que estas cosas se le dan bien, acompañado por Rossie O'Donell, porque Oprah se sale de presupuesto, y con actuaciones estelares de Justin Bieber, El Koala, O-Zone, Apocaliptica (evidentemente), Camela, que están en todas estas cosas siempre, y Amy Win... Bueno, esta última creo que está indispuesta.

Luego supongo que cuando ya llegue el momento de lo que viene siendo el fin del mundo, todos los países se pondrán de acuerdo para que sea sincronizado, por lo de la diferencia horaria y eso. Como ya he dicho, en estas cosas España y una ciudad austriaca que se llama Fucking no se sabe muy bien cómo se apañarán. Y nada, lo que creo que va a ocurrir es que primero, así de repente, el mundo se quedará pausado. Puede ser divertido, porque nos vamos a quedar todos en plan petrificados, como en una foto, y algunos estaremos en el sofá, otros abrazando una farola, a otros les pillará cagando, con un poco de suerte a alguno le pilla follando... A los más sosos, pues como siempre, les pillará con los ojos cerrados o bostezando.

Y después de eso (todo esto son suposiciones, que tampoco he investigado mucho) nos desintegraremos porque el universo se contraerá. Lo que viene siendo como cuando te metes sopa ardiendo en la boca y soplas para dentro. Pues eso exactamente es lo que hará el universo. Solo sobrevivirán las cucarachas y los Rolling Stones. Y nada, nos juntaremos todos en una sala de espera del purgatorio, donde nos dirán si vamos a ir al cielo o al infierno. Todo bastante indoloro y carente de emoción, la verdad.

Mi consejo: llevad una rebequita, que nos pilla en pleno diciembre y va a refrescar, y si vais a poner música usad casquitos, que a los demás no nos interesa la mierda que estéis escuchando.

24 de noviembre de 2012

Hola, me llamo Puto Maiden y voy a una secta.

Bueno, esto es un poco vergonzoso para mí. Este año, el sitio donde estoy haciendo la carrera se ha convertido en un nido de Flanders. Desde el primer día de clase ya me intuía algo raro en el ambiente al encontrarme por las paredes de la escuela post-it pegados y globos por el suelo con frases estilo "persigue tus sueños" u "hoy es un gran día, sonríe". Claro, así pasa, que dedicándome a escribir guiones, lo único que me apetece es hacer historias de gente que quiere hacer volar por los aires su universidad con la ayuda de un tipo que dice que estuvo sometido a sondas anales durante 7 años y por otro que se dedica a la producción de cine pornográfico amateur y que cree ser la reencarnación de Jesús. Además, varios de mis profesores nos llevan tiempo advirtiendo que la gestión de la escuela parece manejada por un grupo de evangelistas hippies nazis budistas.

Este viernes he confirmado que estamos más chachi pirulis de lo que deberíamos. A principios de mes se nos envía un mensaje al campus virtual diciéndonos que habría clase extraordinaria y que la asistencia era obligatoria. No especificaba asignatura y estábamos citados todos los cursos avanzados, grados y másters de la escuela. Mierda, mierda, mierda. Venga, va, habrá que ir, a ver para qué nos quieren.

Pues bueno. Una coacher empieza a darnos la charla: íbamos a hacer terapia de grupo. Decía que en esa clase íbamos a entrenar las emociones, que íbamos a aparcar la racionalidad y dejar fluir el amor, la libertad, y no sé qué pollas más. Me acabo de enterar de que estoy en la academia de Operación Triunfo, y que debemos llorar unos con otros porque es muy fuerte todo lo que sentimos los artistas ahí dentro, que todo está magnificado. Lo primero que nos manda hacer es emparejarnos, y que uno de los dos le contara su historia al otro, sin réplica verbal, solo escuchando. Mi historia fue tal que así:

"Pues nada, que esta gente se cree que a mí el tiempo me sobra, y me han hecho venir para esta gilipollez, porque vamos, estarás de acuerdo conmigo en que ésto es la mierda. Y mira, ¿te has fijado en lo gorda que está Vanesa? Además es que no sólo es gorda, es que es una mezcla de la Gremlin esa que sale en la segunda parte con los morros pintados, la cerdita Peggy y la Pantoja de Puerto Rico. Y siempre está hablando de sexo, pero además es que lo hace con ganas, la muy jamona, que casi babea cuando lo hace. Mira, me dan arcadas. Y tendrías que ver su facebook, que solo sube fotos de su escote, ahí, los pechotes al límite entre lo que aún es carne y lo que es pezón. Y bueno, que eso, que me tenía que haber quedado en casa."

El asunto empezó a ponerse sectario cuando nos hizo agruparnos entre 5 y que hiciéramos un eslogan motivador y que lo expusiéramos en medio de la gente. En plan "si somos más, podemos lograrlo". Con acompañamiento de saltito, euforia, y esas mierdas. Claro, yo que soy así como tirando a cerrado, soso, muerto en vida, demasiado tío para ser marica y demasiado marica para mear en medio de la calle... Bueno, si hay alcohol por medio puedo suprimir todo éso, pero éso, dame alcohol. Pues eso, que yo no quería salir a hacer tal gilipollez. Claro, la coacher me miró como la monitora del campamento de boy scouts mira al niño que no se integra, y me ha intentado motivar con "venga, chicos, animémosle con un aplauso". ¡Váyase a la mierda! Ahora ya es que hasta se me han quitado las ganas de vivir. Flanders, que sois todos unos Flanders.


Y total, que yo y algunos compañeros que aún están en sus cabales nos hemos negado a hacer tal memez en público, y nos hemos quedado señalados por el resto. ¿Qué mierda de terapia de grupo es ésta? ¿Cuándo sacan los panfletos de la nave que nos va a sacar del planeta durante el fin del mundo en cuanto paguemos el donativo?

Y ya el colmo ha sido lo del abrazo. Sí, o sea, ir deambulando por el sitio abrazándote con todo aquel que te cruzaras. ¡Joder, que yo era feliz con mis movidas, mi individualidad, mis clases de guión en las que me cago en la mierda y escribo en las paredes, en las que los profesores me invitan a abofetear a los supuestos espectadores de mis escritos! Y ahora la coacher me está diciendo que sea asertivo, que tenga una actitud abierta hacia los demás, y que libere mis sentimientos. Mire, señora, usted me lleva a una discoteca, me pone un cubata, y soy el más asertivo, el más abierto, y ya te digo que saco mis sentimientos y me abrazo hasta al viejo que lleva poniéndome ojitos desde que entré y que seguro que guarda fotos de jovencitos como yo tocándose en su cama.

Bueno, que al final he huído. Pero hay gente que se ha quedado, y posiblemente el próximo día de clase me sienta como un extraño entre ellos. Estoy escribiendo un procedimiento a seguir en caso de ser abducido por ellos, y que espero que mis padres sigan paso por paso. El primer y único paso es que me metan un tiro y acaben con mi sufrimiento. Así. Radical.

19 de noviembre de 2012

Aquí manda mi polla.

Fuera tabúes y complejos, tíos. Ah, bueno, también acepto tías en el blog. Venga, vosotras también, fuera tabúes. Resulta que estoy intentando desarrollar unos guiones que me han encargado mientras en mi cabeza lo único que hay ahora mismo es un mono tocando unos platillos, así que me he venido a este nidito mío a ver si vislumbro algo.

Mi mayor problema cuando estoy en blanco es, principal y mayoritariamente, que solo se me ocurre una cosa: POLLAS. Hablemos de penes, pues. O sea, están ahí fuera, acechando, en la jungla de la sociedad, esperando, buscando víctimas, contenidas en slips, boxers, o al aire libre. No somos conscientes de que en cualquier momento nos puede atacar un pene. Yo estas cosas las pienso porque soy muy precavido. Y porque llevo como tres meses sin follar. O cuatro. Mira, no sé, tía. A ver, estamos a mediados de noviembre, que si le resto tres eso es...agosto...creo. Bueno, no sé restar meses. Pero vamos, que se acerca el fin del mundo y yo lo voy a recibir con telarañas en los cojones.

No me desviéis del tema. A ver, yo estaba hablando de pollas. Las hay pequeñas, grandes, enormes, normalitas, anchas, estrechas, torcidas, con forma de S, fimósicas,... Hay un subgénero de polla a la que yo llamo polla chupachups. No, a ver, no empecéis a pensar lo que no es. No tiene nada que ver con chupar. El nombre hace referencia al chupachups por la forma, que es estrecha, pero acaba en un glande desproporcionado. Como un chupachups. Que sí, que vale, también se puede chupar, pero vamos, que el nombre viene de la forma, no de la utilidad. Y hay otro tipo de polla que está como al revés, y eso ya no sé explicarlo. A ver, es como si coges una cuerda e intentas retorcerla, se queda como dada de sí. Pues a estos penes les pasa eso. Sus portadores no sé cómo se harían las pajas de adolescentes para terminar con su instrumento así, y tampoco quiero investigarlo, la verdad.

Os dejo a Zach Efron en pelotas porque sí.
A ver, tampoco quiero hacer ahora un tratado sobre este tema. Pero deberíamos aprender mucho de los penes. Me refiero a la sociedad. Al igual que una polla, cada vez que haya presión debería levantarse. Para que luego digáis que soy un superficial. Superficial, sí, pero soy capaz de mezclar insurreción del pueblo con pollas en una misma línea de texto. Además, la mayoría social piensa con la polla antes que con la cabeza. Y a esto se debe a que hoy nos gobierne Rajoy, porque un cerebro no piensa en dar su voto a semejante tipo. Y como hay mucha gente que no usa la polla para lo que realmente sirve, follar, o venga, para amar si nos ponemos ñoños, pues la usan para pensar, y así pasa. Vale, ya he dicho en párrafos anteriores que últimamente yo tampoco es que le esté dando el uso adecuado. Joder, ¡por eso estoy escribiendo semejante mierda!

Por cierto. Al parecer el esperma, aparte de tener no se cuántos nutrientes y L Casei Imunitas y yo que sé que más, sale disparado a una velocidad superior a 60 km/h. Hay coches que han sido multados por menos. Y que el chorro puede alcanzar los dos metros de distancia. Yo en la prueba de salto en educación física no hacía esa distancia ni de coña. Por lo tanto, un aplauso a las pollas.

P.D.: Soy consciente de que me ha salido un post vulgar y de un mal gusto que da arcadas. Sinceramente, me come la polla. Besis.

8 de noviembre de 2012

Mis aventuras en PW (Episodio XI: los hombres que esperaban hora y media para montar en los cochecitos).

Ahora que he dejado el imperio liderado por Piolín y que no volveré a ser reclutado hasta nueva órden, dentro de unos 4 meses, quería explicar brevemente porqué cuando vais a un parque temático o de atracciones esperáis tanto tiempo para montar en cualquier sitio. A veces es porque hay mucha gente y es inevitable, otras porque la atracción no da más de sí, pero otras sois vosotros los que provocáis esas colas interminables.

Aparte del absurdo de que muchas veces la gente ya se pone en la primera cola que ve, que parece que les gusta hacer cola, porque no me explico que muchas veces haya atracciones con casi una hora de espera para montar cuando las otras 40 están a 0, los motivos los voy a exponer en primerísima persona. Os lo resumo:

- ¡Ay, yo quiero ir en la derecha! ¡Ay, no, en la izquierda! ¡No, mejor en el centro! ¡Ay, no sé! ¡Ay, venga, sí, en la izquierda! Bueno, mejor no monto. 

Esto yo lo denomino como "persona que lleva treinta minutos esperando para montar y que hace esperar otros treinta minutos al resto para montar ella...o para no montar".

- Mira, hijo. Vamos a montar mi marido y yo. Aquí te dejamos a las niñas, a la abuela, las tres mochilas, la sombrilla, el paraguas, que lo hemos traído porque en agosto nunca se sabe, el carrito de las niñas, y, ¿nos puedes hacer una foto? ¡Ah, y el monedero, guárdalo también!

¿Van a ver a Lady Gaga? ¿A U2? ¡No! ¡Van a la atracción de Scooby Doo!
Y después de eso, explícale que no te quedas al recaudo ni de las niñas, ni de la abuela, ni de los objetos personales, y que no les vas a hacer la puñetera foto, y que monten de una santa vez. Te miran como si estuvieras amenazándoles con llamar a los servicios sociales por abandono de familiares, cosa que bien podrían merecerse. Y antes de ajustarles los arneses, se bajan tres veces más para recordar a las niñas que estén pendientes de la abuela, que la mujer está un poco desubicada en un lugar tan lleno de ruidos, lucecitas y gente alborotando. Si ella lo que quería era ir al baile de los domingos de la residencia, no a ver a Bugs Bunny.

- ¡Espera, no empieces todavía, que viene mi prima por ahí! - ¿Por dónde? - ¡Por allí! ¡Mira, es aquella! - 600 metros mas allá, la prima lucha por saltarse toda la fila de gente. - ¡Venga, prima, que ya empieza! - Pero la prima no ha esperado cola. - Es que viene de otra atracción y le estaba guardando el turno, que así aprovechamos mejor el día. - Pero eso no se puede hacer. - ¿Cómo que no? He esperado yo por ella. - Pues monta ella, pero usted no, entonces. - Pero yo quiero montar también. - Pues que su prima espere, como todo el mundo. - Pero queremos montar juntos. - Pues esperad juntos la cola. Pero no le guarde el turno. - ¡Esto es indignante! ¡Quiero hablar con un supervisor!

Lo peor de estas situaciones es que discutes con el hombre, con la prima, y con la gente que se queja porque no les has echado ya y la atracción está parada por su culpa. Que si por mi fuera, cogería un gancho como el de las máquinas de los recreativos y les habría sacado ya a ambos, pero está mal visto tratar así a los clientes, incluso a los pesados como esos.

- ¡Hola! ¡Somos un montón! - ¿Cuánto es un montón? - ¡Pues un montón! - En número, por favor. - Espera, que los cuento... ¡Dieciseis! ¡No, catorce! ¡Ay, no sé, un montón! - Caben nueve en cada unidad. - ¡Pero somos 18 y queremos ir todos juntos! - Solo caben 9 en cada unidad - Esperamos a la siguiente. - En la siguiente también caben 9 como máximo. - ¿Y qué hacemos? - Dividiros, obviamente. - ¿Dividirnos? ¿No podemos ir todos juntos? - ¡Que solo cabéis nueve! - ¡Ah, vale, entiendo! ¡Pues a ver! ¡La mama, el papa, el Richie, las tres Marías, el Paco, el José, el mariquita, y la Asun que pasen ya! - Van 10... Caben 9. - ¡Ay, hijo, mira que nos estás complicando! - Usted me está complicando a mí. Divídanse en dos grupos de nueve, por favor. - Entonces, ¿no podemos ir todos juntos? - ¡Que no! ¡Nueve por unidad como máximo! - ¡Rompefamilias! ¡Queremos hablar con un supervisor!

¿Cuántos dramas familiares habré provocado con situaciones similares?

Y bueno, éste es mi pequeño resumen de las cosas que hacéis la gente para contribuir a que el tiempo de espera en una atracción pueda aumentar unos quince minutos o más perfectamente evitables si llegárais organizaditos, preparaditos, y con las indicaciones de la entrada leídas cuando llegara vuestro turno.

3 de noviembre de 2012

Cómo ser frikie.

Llegamos a este último capítulo (por ahora) de mi guía hacia la felicidad. Los dos primeros fueron cómo ser gay y cómo ser gilipollas. Con total honestidad, creo que es lo mejor que ha pisado este blog desde que confesé haber vomitado delante de mi madre todo el alcohol ingerido en una noche.

Ser frikie no es nada sencillo y requiere unas sufridas normas a seguir. Lo primero a tener en cuenta: el que compra año tras año la camiseta de Cristiano Ronaldo no es frikie, es gilipollas. El que es adicto a "Mujeres, Hombres & Viceversa" no es frikie, es subnormal. El que es adicto a las pollas, no es un frikiepollas, es gay. A no ser que sea mujer, en ese caso es hetero. Y Paco Porras no es un frikie, es un freak, y de los chungos. Espero haber aclarado las dudas previas que os pueden asolar antes de introduciros en este mundo. Bien, pues vamos al tema.

Acude a todos y cada uno de los salones del manga y del cómic: esto es como ir a la Meca. Es tu cita, tu prioridad, sea donde sea, tú vas. Si a un pueblucho adentrado en la España profunda donde aún se creen que Carrero Blanco es el procurador de las Cortes le da por montar un salón del cómic, vas. Aparte, es una buena oportunidad de interactuar con otros frikies; pocas veces más vas a poder socialbilizar con alguien en eso que llaman vida real, tal y como observamos en el punto siguiente.

Matrix existe y es mentira: lo que los humanos llamamos "mundo real" es todo mentira, tal como nos explicó Keanu Reeves poniendo cara de tapia. Así que tu estancia en ese mundo se limita a ir a donde sea que estudies, a acudir a los eventos frikies de turno, o al Fnac. El resto del tiempo te encierras en tu cuarto, concretamente en tu ordenador o videoconsola. Ese es tu mundo real, esa es tu vida. Acompáñala de gusanitos, sprite y magdalenas.

¿Que para procrear hay que hacer qué?: puesto que la interacción con otras personas no tiene cabida en este mundo, follar ya ni te cuento. Ser capaz de hacerte ocho pajas seguidas sin que se te caiga la polla no cuenta como pérdida de la inocencia.

Aprende japonés: sirve para poder cantar las intros de tus animes favoritos, o sea, todos. Bueno, y para escribir en tablones de foros de internet y demostrar que chapurreas el idioma otaku. No te entenderá ni dios, quizá no te entiendas ni tú mismo, pero eso no es lo que importa, sino que quedas por encima de ellos.

Cosplay: en tu habitación debes de tener al menos un armario destinado a llenarlo de cosplays. Cuidado con esto, cosplay no es disfraz. Mata a quien ose llamarlo disfraz. O bloquéale en el foro donde hayas leído decir tal falacia.

Elige tu bando: tienes que tener claro si eres frikie de Star Wars o frikie de Star Trek. O frikie de Pokémon o de Digimon. O frikie de Super Mario o de Sonic the Hedgehog. Una vez decidido eso, a la guerra. Machaca a tu rival con todas las armas que cuentas: el teclado de tu ordenador e internet. El papel higiénico junto al ordenador no vale como arma arrojadiza. En todo caso, puedes hacerle una foto postpaja con el resultado y colgarla en cualquer subforo de tus enemigos para darles asco.

Hazte con todos: cuenta la leyenda que hay un bando de frikies de Digimon, pero todos murieron. Como tú elegiste el bando correcto, te has pasado la liga Pokémon como un millar de veces en todas sus ediciones y colores posibles. Incluso una vez se han agotado los colores y han empezado a hacer segundas partes de cada color, te la sigues pasando. Incluso cuando los Pokémon empiezan a parecerse más a una terrible mutación producto de la locura de un científico jugando a ser dios que a animales imaginarios con cierto sentido de la estética, tú te la sigues pasando.

Un héroe puede ser cualquiera: tal y como has aprendido de los cientos de cómics de superhéroes que abarrotan tus estanterías, tú también puedes ser uno de ellos. No puedes volar como Superman, ni tienes los billones de Bruce Wayne o Tony Stark, ni tienes las tetas de Wonder Woman, ni los genes de un X-Men. Y vale, tienes barriga, hace tres semanas que no te afeitas, la gorra que siempre llevas puesta de Green Lantern que tapa tu prominente calva empieza a estar mohosa, sufres halitosis, y sufres ataques de asma cada vez que corres más de 20 metros. ¡Pero puedes ser como ellos!

Eres un elfo del bosque sombrío con +4 de destreza, +8 de carisma, provisto de arco celestial y daga valyria: creo que queda todo dicho. ¿He mencionado ya lo de los gusanitos y lo de tu barriga?

No son muñecos, es coleccionismo:  tienes más muñecos que un hijo único cuando tiene 6 años. La diferencia está en que tú no los sacas de su envoltorio original, y que los tienes estratégicamente colocados por todas tus estanterias a modo de galería. Una pena que nadie entre a tu cuarto (excepto tu madre para ventilarlo de vez en cuando) para admirar tal museo.

Tienes twitter: y no una cuenta cualquiera. Tienes más followers que episodios de Dragon Ball, Naruto y Fullmetal Alchemist te has tragado. Lo cual te da derecho a menospreciar a todos aquellos don naides con menos de 1000 followers. Si un tweet tuyo no recibe FAV o RT en menos de 5 minutos tras su publicación, lo borras. Te gastas 30€ en cuenta premium de Favstar. Tuteas a los famosos como si fueran colegas de toda la vida. Y, como observamos en el siguiente y fundamental punto, eres un revolucionario.

Insisto, eres un revolucionario: convocas a las armas a todos tus followers. Cada vez que hay cargas policiales, te cagas en los muertos de los antidisturbios. Criticas a todos los políticos por igual. Te indignas. Alzas la voz cada vez que hay una injusticia social, o se prohíbe algo, o se aprueba una ley injusta. Todo esto desde tu fiel Mac, tu acojedor cuarto, y tu refresco al lado. ¿Que ver las manifestaciones vía Steam no es ser revolucionario ni estar indignado? ¡Como el que más! ¡Por tu orgullo de elfo que a revolucionario, rojo y antisistema no te gana nadie!

El eterno dilema: en una pelea a muerte, quién ganaría: ¿Spiderman o Lobezno?

Si eres frikie, aumentarás esta imagen y tendrás ña tarde echada.
Y aquí concluyo mi guía hacia la felicidad. Espero que esta trilogía os haya sido útil. En el futuro, Disney me comprará y hará nuevos episodios.

24 de octubre de 2012

Cómo ser gilipollas.

Viendo la exitosa y calurosa acogida de mi anterior entrada, me he animado a hacer una continuación de mi guía hacia la felicidad. Esta vez me voy a centrar en los puntos básicos para ser gilipollas, sin ánimo de ofender a los gilipollas. Además, tengo la total seguridad de que ser gilipollas no es algo malo puesto que todavía no he visto a ninguno quejarse de serlo. Eso significa que ni duele, ni desalienta y que ni siquiera te hace sentir vergüenza ajena del resto de gilipollas. Además, a diferencia de los gays, no hace falta que un gilipollas cumpla todos los puntos para serlo; tan solo hace falta que cumplas uno para serlo. Es un mundo, desde luego, mucho más sencillo y accesible. Así que vamos al lío.

Nunca reconocerás ser gilipollas: inviable. Si alguien te llama gilipollas y efectivamente lo eres, lo primero que debes hacer es contestarle "gilipollas el padre que te encapulló". Luego ya tienes varias opciones, que van desde quedarte insultando a tu enemigo sacando pecho y envalentonado, pero a una distancia prudencial de varios metros, hasta agarrar un bate de béisbol y golpear varias veces el aire.

Votar a los de siempre sistemáticamente: esto es como no conformarte con estar bautizado y comulgado, sino que además te apuntas a hacer la confirmación. Tienes que votar a Mariano, o al Pato Donald en el que caso de que le pusieran cabeza de lista en las próximas elecciones. Da igual, es el PP, y tienes que votarle. Porque el PP nos dará trabajo, bienestar, una imagen expléndida de nuestro país,... No hoy, ni mañana. Lo hará...algún día. A lo mejor ya no estamos aquí, como cuando la Tierra se desintegre, que dicen que algún día ocurrirá y tú te lo crees. Pues lo mismo. Y cuando ya nos metan en una guerra, que eso es muy feo, pues votamos al ZP de turno, y les tenemos castigados durante 4 u 8 años. ¿Votar a otro partido? ¡Ah! Pero... ¿que hay más? Este punto tiene su lado opuesto en el siguiente.

No les votes: nadie te representa. Nadie. Porque todos son unos chorizos, unos corruptos, y estás convencido de que los políticos no valen para nada, que es algo que ya dejaron claro en su momento Franco y Primo de Rivera. Así que tu participación en la democracia consiste en quedarte en casa el día de las elecciones. Y tu manera de reivindicarte es ir a cualquier manifestación y descontextualizar la protesta montándote una batucada o una bicicletada con todos tus amigos, que se note que estás en contra del sistema y que estás indignadísimo. Si te resulta aún más cómodo, puedes optar por pasar directamente de la política, que teniendo fútbol y una madre o mujer que te prepara la comida diariamente el resto te la suda.

Así se identifica a un gilipollas el día de las elecciones.
Invertir más dinero en el salpicadero de tu coche que en ti mismo: tu coche es tu extensión, y eso lo convierte en una prioridad para ti. A tus hijos les faltará material escolar, en tu hogar sumprimiréis los desayunos porque no había dinero para magdalenas, os ducháis con agua fría en pleno invierno porque os han quitado el suministro de gas natural por falta de pago, pero tu coche que esté inmaculado, con un equipo de música que haga sonar los bajos de tal forma que intimide a un ejército de Urûk-Hai, con doble tubo de escape, con un riguroso lavado cada domingo, un motor de 160 cavallos, con cambio automático, que aparque solo, lunas tintadas, y con una pegatina que ponga "Te quiero, Trini" en el faldón trasero.

Intimidación: este punto es extensión del anterior en cuanto que la intimidación puede ser poner tu coche a 200 en una recta de ciudad para frenar a los 60 metros y gastar frenos en un semáforo, y repetir el proceso tantas veces como la situación requiera. Intimidación también es llevar una gorra más grande que tu ya de por sí enorme cabeza. O dilatarte el lóbulo de la oreja hasta tal punto que se puede considerar un nuevo orificio natural de tu cuerpo. O que pesen más los anillos que llevas que tu propia mano.

Di "no" a lo popular: ese grupo de música que tanto te gusta, que llevas siguiendo desde prácticamente sus comienzos. Sabes de cual te hablo, ¿no? Pues bien, ya no puedes ser su fan. ¿Por qué? Porque ahora todo cristo les conoce. Ya está, olvídale. Espera, no, no les olvides. Antes de eso, métete en cualquier foro de internet, critícales, húndele en las más escatológica de las miserias, resalta que se han vendido, y luego ya le olvidas. No del todo, que de vez en cuando tienes que volver a destacar lo vendidos que son. Esto es aplicable también a cualquier cineasta, escritor, o a sus propias obras.

Tus amigos, los diferentes: este punto se refiere a lo siguiente. Que a nadie se le pase por la cabeza que tú eres gay, porque no lo eres, que ser gay debe de ser horrible, una desgracia, un estigma, algo deleznable, y además esa gente no puede ser considerada como personas normales, porque está claro que no lo son. Pero que nadie te acuse de homófobo, que tienes un amigo gay, y es majo y tal. Diferente, pero majo. Lo mismo te ocurre con los negros, los árabes, los catalanes, los plutonianos, los masillas de los Power Rangers, y los canadienses.

Una de tus mayores aficiones es gritarle a una televisión: como lees. No me he vuelto loco, esto es un pasatiempo que te define como el gilipollas que eres. Lo puedes hacer tú solito en casa, o en compañía de otros gilipollas en un bar cualquiera. Tampoco le grites cosas fuera de contexto, que eres gilipollas, no esquizofrénico. Tienes que gritarle cosas tales como: "¡árbitro, estás ciego!", "¡pero pásala al de al lado"!, "¡qué malo eres!", "¡Cristiano, te amo!", ó "¡negro, hijo de puta, vete a tu país!".

Tú sabes hacerlo mejor: eres el macho alfa en cualquier sitio, y los demás son el resto de individuos del clan inferiores a ti. ¿Hay que cambiar una bombilla y la va a cambiar tu cuñado? Que se quite, que él no sabe, ya lo haces tú. ¿Se ha gripado el coche y te aconsejan llevarlo a un taller? Los mecánicos no tienen ni puta idea y además te quitan un riñón, ya lo reparas tú, que vas sobrado. ¿Que te has roto el fémur? Nada de ir al matasanos, te quedas en casa reposando, y ya te lo vas curando tú a base de tomar ibuprofenos, que valen para todo. ¿Que el partido que gobierna nos mete en una crisis? Que se quite, que ya te pones tú a gobernar, que seguro que lo haces mejor.

Si lo dicen por televisión, es verdad: en su momento, debiste tener una Power Balance, que estaba demostrado científicamente por algún alquimista de esos extranjeros que revitaliza cuerpo y mente, y que te ayuda a mantenerte con vitalidad durante todo el día. Además, solo vale 30€. Un chollo, vamos. Y no es que fuera un fraude, es que los planetas que dotaban de poderes a la pulsera dejaron de estar alineados y ya no hacían efecto. ¿Por qué lo sabes? Porque lo dijeron en la tele, y punto.

Los toros no sufren: eso es algo que también está científicamente demostrado por no sé quién. Los toros nacen para ser toreados. Además, si no existiera la tauromaquia, los toros se extinguirían, igual que si se aboliera la esclavitud se extinguirían los negros, y si se destruyeran todas las fregonas se extinguirían las mujeres. ¡Ciencia, coño, ciencia, que los gilipollas sabéis mucho de ésto!

Tienes que ser el mayor fan de algo, de lo que sea o de quien sea: puedes elegir entre ser fanático de Apple, o cualquier marca, y comprarte cualquier chorrada que saque al mercado por mierda que sea. Si lleva una manzana mordida, es de compra obligada, aunque sea una tableta de 7", que cuesta 300€ y que solo valga para dar la hora y jugar al buscaminas. ¡ES DE APPLE! O puedes optar por ser fan de una persona física, ya puede ser Justin Bieber, que es perfecto hasta cuando vomita en pleno escenario, de Belén Esteban, que es una princesa y los que dicen que es una vulgar son simples envidiosos, o de Cristiano Ronaldo, que basta ya de criticarle por estar triste y por jugar mal, que ganar 60000€ cada minuto no da la felicidad, comprended al muchacho.

Y creo que ya he abordado todos los puntos abordables. Alguno más habrá, pero es que el mundo de los gilipollas es tan amplio que es como el mundo de la ciencia, cada día aparecen nuevas hipótesis y teorías que engrandecen su universo.

Como dato final, para los que no pertenecemos a este clan: nunca discutáis con un gilipollas, porque te llevarán a su terreno, y en él son invencibles.

16 de octubre de 2012

Cómo ser gay.

A continuación, me he tomado la molestia de recopilar a modo grosso lo que vienen a ser los requisitos fundamentales que cualquier mariquita de bien debe cumplir si quiere ser considerado como tal. Por supuesto, hay requisitos menores que no menciono por ser demasiado arbitrarios y triviales y que pueden ser interpretables. Pero lo fundamental de lo fundamental, lo que por cojones tiene que tener un gay hecho y derecho, lo que como te saltes uno no eres gay, eres otra cosa, es lo siguiente:

Que te guste la gente de tu mismo sexo: obvio. 

Tener pluma: es básico y tiene que venirte de serie. Además, no solo basta con tener pluma, te tiene que doler. Te tiene que doler tanto, que cada cinco palabras que salen de tu boca, una de ellas tiene que ir entre signos de exclamación y a ser posible que sea un "¡Ay!"

Saberse de memoria cada capítulo de Glee: esto en el siglo XXI es como el saberse la letra del "I will survive" en el siglo XX o alabar a Madonna en el siglo que fuera en el que nació Madonna, que a saber cuando fue (eso sí, cómo se mantiene la hija de perra). Imprescindible.

Hablar de uno mismo en femenino: que se note que tienes pene. Y las bolleras igual, pero al revés, y lo mismo, que se note que calzan polla.

Perder aceite: sin rodeos, si tiene polla, se folla. Da igual quién sea, cómo vista, su edad, su ideología política, su sentido del humor, si es medio gilipollas,... Para ser gay hay que chorrear por cualquier varón, porque tus hormonas te obligan a follar como una perra en celo sin criterio alguno. Esto nos lleva al siguiente punto.

No tienes amigos, tienes follaamigos: asúmelo. Te gustan los tíos, por lo tanto tú y los demás tíos no podéis ser simplemente amigos. Y menos si ambos sois partidarios de comer carne en vez de pescado. Dos chicos gayers no pueden ser simplemente amigos, NO. Totalmente inviable. Siempre tiene que haber algo más, porque, recuerda, siendo ámbos homogayers, perdéis aceite, lo que lleva a la conclusión de que sí o sí tiene que existir tensión sexual entre vosotros. Esto es así. Por supuesto, cualquier varón heterosexual será considerado como un enfermo mental y conviene no tratar demasiado con él, a no ser que vaya a ser usado como se describe en el punto siguiente.

Convertir al menos a un hetero: esto hay que hacerlo en la prueba de acceso del High Institute of Wild World of Gayerism. Si al menos no conviertes a un hetero en una diva lamevainas, nunca podrás considerarte gay 100%. Lo siento, es lo que hay, hermoso.

Debes ligar con tías: esto es algo que tienes que hacer sólamente para demostrar dos cosas. A los demás tíos heteros solteros y que se matan a pajas porque no mojan, que eres un ser superior que liga con más tías que ellos. A ellas, que puedes juguetear con ellas, con sus sentimientos, con sus ganas de follarte y con su dignidad y hacer que mojen las bragas cuando quieras, y que son unas desgraciadas que jamás podrán consumarte. Lo cual lleva a deducir algo imprescindible: eres una zorra.

Eres el glamour: nada de vestir como un zarrapastroso. Fuera ropa de mercadillo y en general cualquier prenda que se pueda adquirir por menos de 15€. Calzoncillos y calcetines incluídos. Ser gay conlleva flexibilizar tu cartera en este aspecto: todo de marca, llamativo, el culo bien petado, perfume en vez de colonia, si ya quieres ir a por todas te pintas la raya del ojo, pendiente en el lóbulo de la oreja derecha, y ale, a lucirte.

O te depilas entero o te dejas crecer el vello asalvajadamente: en el mundo de los maricones los términos medios no existen. O sufres como la puta que eres y te dejas la piel como culito de bebé, o te dejas el culo, el pecho, los sobacos, brazos, piernas, hombros, espalda, orejas, fosas nasales y falanges con más pelo que Chewacca y el primo Eso, y en ese caso debes cultivar esa melena en pecho y culo con un peine y un champú exclusivos para ellos. Esto te definirá como un yogurín o como un oso.

Te lo tragas todo: y cuando digo todo me refiero a todo. Y rapidito que se le van las vitaminas. Hay que demostrar a las chicas que a guarra no te gana ninguna.

Si eres lesbiana, tienes más cojones que la brigada paracaidista y la legión enteras: esto implica peinarte como si fueras vasca, carecer de sensibilidad alguna, merendar piedras, dejarte pelo en los sobacos, escupir, rascarte el higo en público, ocultar como sea posible tus tetas, retar a otros tíos a ver quién es capaz de beber más cervezas en menos tiempo, y piropear a toda buenorra que se te cruce.

Demostrar tu homosexualidad a la mínima oportunidad: cuando conozcas a alguien, antes de dar tu nombre, antes incluso de saludarle, tienes que decir "que no me entere que ese culo pasa hambre" seguido de un guiño. Vayas donde vayas, tienes que dejar bien claro que eres marica. Esto es como cuando una persona normal va borracha y tiene la obligación moral de hacérselo saber al resto de la discoteca. Lo mismo, pero en marica y a todas horas.

Último punto: tan maricón es el que da como el que recibe.
Y dicho todo lo anterior, hago referencia a la conversación real que tuve con una persona, que viene a ser la siguiente :

Una persona: "Tú molas porque no se nota nada que eres gay."

Yo: "Tú también molas, tronqui, no se te nota nada que eres hetero."

Y así es como un invertido hace amigos.

5 de octubre de 2012

Yo lo sé porque Tyler Durden lo sabe.

A principios de año leí "The Fight Club" (en inglés, por supuesto, que es como mejor se lee a Chuck Palahniuk). La película ya la tenía vista, estudiada, comprada, y consagrada entre mis favoritas, pero fue con el libro con el que me vino una reflexión acerca de cómo las clases bajas podrían sublevarse ante las clases dominantes.

Os explico: en la narración, Tyler Durden tiene un plan terrorista cuyo objetivo viene a ser algo así como acabar con el sueño americano, despertar de su letargo a la ciudadanía,... Todo muy nihilista. Entre sus acciones, se jacta de colar fotogramas pornográficos en medio de proyecciones de películas infantiles o mear en la sopa del restaurante para ricachones donde trabaja de camarero. Los clientes nunca averiguan que lo que han visto es un pene, aunque su subconsciente lo intuye, y nunca llegan a saber que el sabor avinagrado de la sopa que tomaban provenía de orina, pero la tomaron. Y llega un momento en que el jefe de Tyler le amenaza con despedirle y demandarle, a lo que Tyler, listo y descarado como nadie, le responde: "adelante, tu restaurante será conocido como el restaurante donde se servía orina a sus clientes. ¿Quién querrá visitar este restaurante?". Y en la oficina en la que trabaja igual, su superior quiere despedirle. Él se autolesiona en la oficina del jefe de tal forma que parezca que es producto de agresiones externas. En un momento, mediante chantaje, da la vuelta a la tortilla.

Ahora pensad en todo lo que estamos pasando las clases sociales. Toda la represión y chantaje a los que nos someten las clases altas. ¿Sabéis por dónde voy? Seh...

Son sus empresas las que nos explotan, las que continuamente nos advierten a los que tenemos un contrato de lo afortunados que somos de tener un empleo, por malo que sea tal empleo, que si estamos a disgusto ahí tenemos el INEM en el cual hay 5 millones de personas que estarían encantadas de ocupar nuestro puesto. A su vez, también son clientes de otras empresas donde son atendidos por otras personas en la misma situación que nosotros mismos. ¿Quiénes somos nosotros? Nosotros somos los que les servimos la comida en los restaurantes que visitan, somos los operadores que velan por su comodidad en cualquier parque dde ocio que visitan, somos sus peluqueros, sus chóferes, somos quienes redactamos sus noticias, los que embotellan su vino,...

Imagináos un acto subversivo conjunto en el que nuestro servicio no fuera tan...agradable... Nuestra acción tendría un ataque doble: les fastidiaríamos como clientes, puesto que no obtendrían el servicio por el que han pagado; y les fastidiaríamos como empresarios, puesto que no cumpliríamos el servicio por el que nos mal pagan. Su única respuesta sería el despido y como mucho la demanda. Ahora bien, ellos mismos han generado ese arma de doble filo llamado "sensacionalismo", hambriento por cobrarse nuevas víctimas día tras día. A los medios les encantan los titulares en los que se pone en evidencia la mala conducta de los empleados de X empresa. ¿De verdad les saldría productivo ese despido y esa demanda a los empresarios que nos explotan si lo que van a obtener a cambio es mala publicidad y mala fama? ¿O preferirían callarse para seguir gozando de su prestigio y su nivel adquisitivo?

Pensad también en "sus planes". Una de las cosas que se han logrado con las últimas manifestaciones es frustrarles un gran plan. Recordemos: 25 de septiembre. Tanto el rey como el presidente del Gobierno se encuentran en Nueva York, el segundo en la ONU, intentando promocionar y defender la marca España. Mientras tanto, en Madrid el pueblo se manifiesta y es respondido violentamente, lo cual no pasa desapercibido internacionalmente. Tanto el cazador de elefantes como el tipo que no entiende su propia letra tienen que asumir sonrisas forzadas, saben que el resto de mandatarios internacionales les han pillado. Además, varios medios de allí les ridiculizan en varios artículos. A gran escala, hemos conseguido frustrar uno de sus grandes planes. ¿Qué nos impide frustrar sus planes más cotidianos? Si ellos nos reprimen, nosotros respondemos con pequeños actos que hagan que sus pequeños mundos sean lo suficientemente incómodos como para que empiecen a ponerse nerviosos.

Pensadlo... Pensadlo por un segundo...

3 de octubre de 2012

Impulsos.

Llevo días reflexionando acerca de en qué tipo de persona me he convertido. Todos, como individuos, tenemos nuestras excentricidades y particularidades, que en el fondo eso es lo que nos distingue del resto. Teniendo en cuenta esas rarezas con las que cada uno venimos de fábrica, yo me miro a mí mismo (metafísicamente hablando) y, suponiendo que no me conociese de nada y me pusiera a ver, como si de una película se tratase, las cosas que hago, cómo las hago, el motivo por las que las hago y sus correspondientes circunstancias, me quedaría bastante confuso ante tal personaje.

Reconozco que estoy en una fase extraña. Estoy descubriendo cosas que antes estaban ahí, dentro de mí, queriendo salir, pero que permanecían retenidas, o simplemente no me atrevía a dejar fluir. Por una parte, mi cabeza me pide prudencia, pero, lo siento, siempre que obedezco a mi cabeza acabo arrepintiéndome por no haber hecho "tal cosa". Así que me guío por impulsos. Estoy en una peligrosa pero divertida dinámica de hacer lo que me apetece cuando me apetece. Peligrosa no por llegar a sufrir algún daño, sino por cómo puede llegar a ser juzgada tal impulsividad por el resto de la gente. Cómo valora la gente las acciones que tomas es algo que realmente puede afectarte si te obsesionas con ello. Pero, bueno, ¿a quién le importa? Es tu vida, tú eres quien debe decidir al fin y al cabo el camino que deseas recorrer. Pero, en el fondo, siempre te queda ese resquemor, esa duda, esa voz de la conciencia, muchas veces determinada por el dichoso "qué pensarán los demás".

Pero son tantas las ganas de explorar, de atreverme a hacer cosas que siempre me había dado miedo a hacer, de rebasar la línea, de coquetear con lo extraño, de huir de lo cotidiano, que no puedo pararme a reflexionar acerca del "qué pensarán los demás". Eso es un juicio al que me someto a posteriori; prefiero pedir perdón a pedir permiso. Pensándolo bien, estas locuras que llevo un tiempo haciendo no son dañinas para nadie, ni siquiera para mí mismo. Estas experiencias son lo más cerca de esa cosa abstracta a la que llamamos libertad que voy a estar. Y creo que si logras equilibrar la balanza entre lo que quieres hacer y el hecho de perder totalmente el control, lo consigues, no sé exactamente el qué, pero sea lo que sea, lo consigues.

Vivimos en una sociedad enfermizamente represiva. Cualquier acto fuera de lo común puede ser visto como una paranoia. Pero, qué queréis que os diga, no creo que la vida consista en seguir lo establecido. Un poco de anarquía a nuestro propio ciclo vital no creo que sea malo, es más, creo que puede resultar hasta sano mentalmente. Y eso es lo que estoy haciendo. Soy el primero que se dice a sí mismo: "tío, estás loco". Pero desde que me guío más por estos impulsos que por las reflexiones de mi cabeza soy más feliz. Más inmaduro, menos consecuente, y con ciertos riesgos que antes, por comodidad y por miedo, no estaba dispuesto a correr, pero al final me quedo con que soy más feliz.

¿Cuántas experiencias habría desechado de no ser por estos impulsos? ¿Cuánta gente habría dejado de conocer? ¿Cuántos besos habría dejado de dar? ¿Cuántos paisajes urbanos no habría conocido por el simple hecho de perderme? ¿Cuánta adrenalina, risas y emociones habría retenido? Los impulsos los tenemos todos, y somos nosotros los que tenemos que decidir si les hacemos caso o si por el contrario nos amparamos en la seguridad de la rutina. La rutina y la sensación de comodidad que nos proporciona nos hace perdernos tantas cosas...

Y como persona impulsiva y de poca meditación que soy, tengo mis particulares Pepitos Grillo, muchas veces parándome los pies, dando un punto de sensatez a mi vida, preocupándose por mí, recordándome dónde están los límites. Demasiado poco les agradezco esa protección invisible que me dan, y demasiado poco agradezco la confianza que tienen en mí cada vez que saben de antemano que me aventuro a una de esas enajenaciones. No solo quiero agradecerles esa coraza que me proporcionan, quiero compartir con ellos estas locuras.

26 de septiembre de 2012

Mi 25-S

Llegué a Neptuno a eso de las 17.30 acompañado de un par de amigos. Había estado todo el día anterior y toda esa misma mañana debatiéndome sobre si asistir o no, porque intuía que la cosa iba a estar fea de narices, y desgraciadamente no me equivocaba. Cuando llegué, toda la plaza y las calles colindantes estaban ya a rebosar, apenas se podía caminar y avanzar entre la gente.

Lo primero que noté es que no había un ambiente más o menos de júbilo como en otras manifestaciones a las que había asistido, se notaba una calma tensa y mucha rabia contenida. Cuando me quise dar cuenta, me encontraba a apenas 20 metros del cerco policial que separaba a la multitud de la subida al Congreso. Mis amigos querían seguir avanzando; yo no, ni loco, ya veía bastante bien el panorama, a los antidisturbios montados, con varios furgones apoyándoles y con espumita en la boca. Y me entró una sensación extraña, la de querer irme, la de no querer estar ahí, pero de obligarme a mí mismo a hacerlo, por cojones. Ya podía haber nacido pijo y progre, o nieto de Aznar, y ahorrarme estas mierdas, coño.

Un par de amigos más llegaron después y tuve que salir del montón y meterme en otro montón para poder localizarles. En esos 20 minutos entre que fuí a recogerles y regresé, los ánimos ya se habían encendido bastante. No pasaron 10 minutos desde mi regreso a la avanzadilla (quién coño me mandaba a mí) cuando ocurrió la primera carga. Vale, empecé a acojonarme. Maldije haberme puesto uno de mis boxers caros, los de follar, porque iban a acabar sucios. Hicimos dos o tres sentadas, y yo diciéndome por dentro "con lo bien que estabas en casa, rico, porqué te tienes que meter en estas movidas". Poco después, una segunda carga en mis narices. No sé ni lo que vi porque la confusión y el ajetreo hacían que me centrara más en seguir buscando una vía de escape que en fijarme en si un gorila me perseguía con una porra. Cagado, nenes. No me lo pensé. Agarré a dos de mis amigos, a los otros que querían permanecer en primera línea les avisé que cuidadito, y me los llevé para atrás, a una zona más segura. Apenas habían pasado las 18.00, o sea, la hora a la que estaba programado el inicio de la manifestación.

Durante la próxima hora, tensión, espera, risas nerviosas, algún chiste entre la gente para calmar los nervios (varias personas a mi alrededor se rieron a pleno pulmón cuando me dió por gritar "Aguirre, dimisión"). Aplausos al tipo que se subió al techo de una parada de bus y luego el pobre no era capaz de bajar. Varios tipos haciendo negocio vendiendo cerveza a 2€ la lata (me imaginé una cosa tan absurda como a Tejero entrando en el Congreso, gritando "quieto todo el mundo", mientras un chino incordiaba a los diputados con el reclamo de "celveza, celveza").

Después ya no hubo lugar para bromas. Una nueva carga, esta vez me pillaba un poco más lejos, pero bastante más potente. Los portadores de banderas rojas, encapuchados, habían comenzado a provocar a los prodisturbios. Luego por imágenes sacadas, se demuestra que esos provocadores eran infiltrados. Qué raro. Me empecé a preocupar por los amigos que se habían quedado por delante. Sobre las 20.00 me dije que para casa, que eso no iba a acabar nada bien.

Subiendo el paseo del Prado, varios furgones tomaban posición. Viendo que ya habían tapado las dos de las salidas de Neptuno, ¿iban a tapar esa casi exclusiva vía de escape? La encerrona que iban a provocar iba a ser pequeña. El paseo también estaba repleto de gente. Me quedé ahí un rato, pensando en que eso iba a parecerse a un culo después de dos semanas sin cagar. Estaba ya sin mis amigos. De dos de ellos me había más o menos despedido, y a los otros dos les había perdido. Hice varias llamadas y no contestaban. Y yo con tendencia a sufrir agorafobia. Tras unos 15 minutos, veo que las cargas han invadido Neptuno, y llegan a donde estoy. Y yo sólo, escuchando de cerca los disparos. Divertidísimo.

Qué alivio al llegar a Atocha, comprarme un pendiente que se me antojó en uno de los puestos (es que soy marica), y coger el tren. Pude localizar a mis amigos perdidos, que estaban bien. Como una puta cabra, pero estaban bien.

Ya en casa, lo que todos pudimos ver por internet (porque por TV podías elegir entre "españoles en Taiwán" o Jorge Javier Vázquez). Vídeos de las cargas, de cómo fueron los prodisturbios los que comenzaron las peleas, de cómo uno de ellos recibió por él y por todos sus compañeros (el vídeo del año, nenes), de heridos, la noticia sin confirmar de un posible herido de médula (que creo que al final no ha sido así), de que un sindicalista policial por twitter demostraba estar a la altura psíquica del resto de sus compañeros ("LEÑA Y PUNTO", frase lapidaria), de que desde el gobierno (sí, con minúscula, igual que la palabra rey) estimaban 6000 manifestantes (espera que me quedo sin aliento para poder reírme),... Y lo que más miedo me dio, y eso que ya estaba en casa: antidisturbios jugando al pilla pilla por la estación de Atocha y por los propios andenes, disparando sus pelotas de goma, con gente normal que va ahí a coger el tren. Inteligencia y sensatez, bravo.

Y ahora, ¿qué? Pues parece ser que hoy se regresa. Una segunda oportunidad para acabar con la cabeza abierta, para que luego digan que España es un país sin oportunidades. Y que nadie me diga que no se ha logrado nada: se han mostrado ellos mismos al mundo, una vez más. Son incapaces, inútiles, no saben solventar una situación que ya no agrada a nadie. No me refiero a los gorilas uniformados y sin identificar, que también. Me refiero a la chusma que tenemos por gobernantes. Y el mundo entero lo sabe. Otra cosa es que el mundo quiera salvarnos de ellos. Como no lo va a hacer, tendremos que arreglar la situación desde dentro. Y posiblemente esta sea una de las pocas formas que hay de hacerlo.

24 de septiembre de 2012

El odio.

 
Título original: La Haine.
Director: Mathieu Kassovitz.
Nacionalidad: Francia
Duración: 95'
Año: 1995
Reparto: Vincent Cassel, Hubert Koundé, Saïd Taghmaoui,...
Género: Drama
 
 
Sinopsis: Un grupo de habitantes de un barrio marginal de los alrededores de París, sin más problemas que el despertarse una mañana en estado de sitio. Los jóvenes del barrio de Les Muguets han pasado toda la noche luchando contra la policía porque un chaval de 16 años se encuentra a las puertas de la muerte después de haber sido brutalmente golpeado durante un interrogatorio. Entre estos jóvenes ciegos de odio se encuentran tres: Hubert, Saïd y Vinz, que juntos vivirán el día más importante de su vida.
 
Valoración personal: 8,25
 
Crítica: Una de las cosas que más me fascina del cine francés es su capacidad de hacer retratos sociales duros y críticos sin morderse la lengua, con visión documental sin apartarse nunca de la ficción propia del cine. "El odio" es el mayor ejemplo de ello. Es una de las mejores películas europeas de los 90, se ha convertido en película de culto por méritos propios, está impregnada de la reputación y credibilidad hacia cualquier relato fílmico que confiere la buena utilización de la fotografía en blanco y negro, y además posee descaro y atrevimiento.


Acentúa el realismo con marcadas interpretaciones de actores nóveles (algunos de ellos vivían en esos barrios marginales que sirven de escenario en la película), encabezados por un entonces desconocido Vincent Cassel, por cuya sobreactuación contenida siempre he sentido simpatía. Los tres protagonistas simbolizan el odio (Vince), la razón (Hubert) y la indiferencia (Saïd), desencadenando enfrentamientos entre ellos (como la escena del baño donde todo el equipo se gusta a sí mismo) bastante lucidos. Las desventuras de estos personajes describen el fenómeno "swarming" como ninguna otra película que haya visto.


Aparte, invita a la reflexión y no se desborda a la hora de entrar en el campo pedagógico. La película resta importancia a dónde van a acabar los personajes ni hacia dónde se encaminan, sino que según avanza en el relato reta al espectador a descubrir dónde y cómo comenzaron sus idas y venidas, de dónde surge tanta violencia. 


La superficie del relato la copan los recursos de cámara efectistas, los diálogos ácidos con un lenguaje soez a más no poder, con la sorpresa de un guion que no permite ver fisuras, y su capacidad predictiva. Desde luego es una película dura en su justa medida, con una planificación casi de sucesión de sketches, y con un delirio que se agradece.

19 de septiembre de 2012

Desvaríos sobre Barcelona.

Lo primero de todo para que no se me olvide: he estado recibiendo mongoreplyes vía twitter por culpa de mis espeluznantes tweets políticamente incorrectos en los que se me acusa de: racista, machista, de tener escondido en mi casa a Bin Laden, de conspirar para matar a JFK, e incluso de homófobo. Dos cositas (a los mongoreplyes, que vosotros, seguidores míos, sois unos corazones del tamaño del falo de Anne Igartiburu):

  1. Relajáos, hermosos.
  2. Hay una cosa llamada sarcasmo, que bien os la podéis meter por el culo y darle dos menéos. Juntos, podemos lograr que dejéis de ser tan cortitos.
Entremos en materia.

Acabo de regresar de Barcelona, que es una ciudad que la hizo popular Freddie Mercury dedicándole una canción que seguramente no hayáis escuchado porque es de gente muy exclusiva. La gente que opositamos para superhéroe somos así, necesitamos viajar, aunque sea poquito. Menos a los que les pica una araña radiactiva, esos ya tienen la vida resuelta. Pero los que nos tenemos que sacar la carrera por méritos propios, viajamos. Bruce Wayne se fue al Himalaya; Tony Stark a Iraq; yo a Barcelona.

El viaje comenzó tal que así:

https://twitter.com/Puto_Maiden/status/246576417947652097

https://twitter.com/Puto_Maiden/status/246579633221414912

https://twitter.com/Puto_Maiden/status/246581759414771712

https://twitter.com/Puto_Maiden/status/246583944957550592

https://twitter.com/Puto_Maiden/status/246584606017601536

https://twitter.com/Puto_Maiden/status/246585565049393152

https://twitter.com/Puto_Maiden/status/246586695116521473

https://twitter.com/Puto_Maiden/status/246591292396687360

https://twitter.com/Puto_Maiden/status/246592687493496832

https://twitter.com/Puto_Maiden/status/246593033146085376

https://twitter.com/Puto_Maiden/status/246595235440914432

https://twitter.com/Puto_Maiden/status/246601442838855680

https://twitter.com/Puto_Maiden/status/246602413446950914

Sí, ahora ya sé cómo se cambia la rueda de un autobús accidentado y tengo material de sobra para hacer un guion mezcla de "La diligencia" y "Las colinas tienen ojos", con un toque de "Lost".

He estado recopilando información sobre la fauna local. Tras un macroestudio exhaustivo y preciso, he obtenido un dato demoledor: a los barceloneses no les gusta la cocacola porque es azúcar puro. ¿Cómo os quedáis? Este resultado ha salido tras un enorme sondeo a...1 persona...

¡No me miréis así! No me dedico a hacer estadística y no tengo tiempo para dedicarme a hacer estas estupideces. Simplemente es algo que saco de la primera persona a la que pillé por banda (Adsi Demelki, que no le gusta la cocacola, y bebe ese líquido que usa mi madre para regar las plantas).

Otro dato curioso: de cada 10 personas en Barcelona, 9.5 no son de Barcelona. Hay franceses, alemanes, ingleses, italianos, plutoneses, japoneses, irlandeses, portugueses, chinos, unicornios, y hasta hace unos días, yo. Pero no hay barceloneses. Están todos refugiados en sus casitas de chocolate, como duendecillos... Son tan majos... Es verdad, la hospitalidad allí es de agradecer. En cualquier sitio de interés turístico, la misma persona te es capaz de atender en 6 o 7 idiomas distintos. Es gente preparada, ojito con eso. Y yo, por ejemplo, que tiendo a perderme, cuando pedía ayuda la gente se ofrecía a guiarme hasta tal punto que casi me acompañaban a mi destino. 

Gente peligrosa los barceloneses... Lo mismo te plantan dos calles con el mismo nombre en menos de 200 metros a la redonda, que te hacen una parada de metro con 8 salidas distintas por 12 calles diferentes. No me digáis cómo, lo hacen, y punto. 

Que, por cierto, la arquitectura de Barcelona es tope chachi. Eso sí, la pela es la pela allí más que en ningún lugar, y para reducir gastos dejaron que todo lo hiciera el mismo arquitecto: Gaudí. Así está todo, a medio hacer. Fuentes fiables me informaron que este hombre murió atropellado por un tranvía al salir de un prostíbulo. Best death ever. Si tuviese que elegir, esa sería mi muerte elegida.

Y tengo que desmitificar tópicos catalanes: es mentira eso de que para provocar altercados entre ellos baste con arrojar una moneda de 5 céntimos al suelo. Con una de 1 ya es suficiente.

Es mentira, en realidad el que salió corriendo detrás de ella fui yo. Que era mía, ganada con el sudor de mi frente.

La cosa allí siguió tal que así:


https://twitter.com/Puto_Maiden/status/246629677739941889

https://twitter.com/Puto_Maiden/status/246896542852722688

https://twitter.com/Puto_Maiden/status/246998416469676032

https://twitter.com/Puto_Maiden/status/247025451036446720

Y como ya he dicho, estuve con el ya machacadamente mencionado Adsi Demelki, que estuvo enseñándome cosas de enseñar de la ciudad, y estuve con un par de compañeros de mi escuela que aún no han regresado a Madrid, los muy mamones. El final fue más o menos así:

https://twitter.com/Puto_Maiden/status/247404563789926400

Me he olvidado mi esponja en el hotel, espero que la traten con el cariño que ella se merece. Mi esponja, tan esponjosa ella. Que bueno, ya me he comprado una nueva, pero cuando me di cuenta hubo diez minutos en los que no había quien me consolara.

Y nada más. Mi consejo de hoy es que no bebáis vodka negro con lima porque empalaga. Sed felices.