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30 de octubre de 2013

Los señores que exigen realidad a la ficción.

La ficción, bitches.
A ver, cariñitos míos, que os tomáis el cine más en serio que la propia realidad. Partamos de la base de que el cine, por muy realista que trate de ser, o por muy "basado en hechos reales" que esté, sigue siendo ficción. Dicho ésto, os señalo con un puntero láser, putos aplicadores de las leyes científicas a la ficción.

¿Vosotros no conocéis a esa gente que, por algún motivo, quizá una infancia sin amigos, pone tildes a cualquier separación de la realidad que tenga una película? ¿Y no os entran ganas de abofetearles hasta que les revientesn los ganglios? Porque a ver, hay gente, como tú y como yo (bueno, como yo no, porque yo soy dios) que tolera que en artes pictóricas aparezcan toros blancos que vuelan y raptan doncellas, que en una canción le digan que están lloviendo hombres o café en el campo, que un mimo no sea capaz de atravesar paredes que no existen, que en una obra de teatro hayan soliloquios de los que el resto del personajes no se enteran pese a estar al lado de quien lo pronuncia,... Pero luego van al cine y: ¡eso es imposible! ¡Eso no existe! ¡Eso no se lo cree nadie!

¡Anda y vete a tomar por culo, puto cansino!

Aprendamos una valiosa lección: las películas tienen su propia realidad. ¿Qué significa esto? Muy simple: al cine le importa tres cojones la realidad, y se fabrica un universo propio para que las historias que cuenta tengan verosimilitud dentro de él, no en el nuestro.

Me da igual que en Braveheart se pasen la historia por el forro, que en Gravity la estación espacial internacional y una estación espacial china se vean en el mismo plano visual, que en cualquier película de superhéroes se carguen cualquier ciudad con tres puñetazos, que en Star Wars se oigan los disparos lásers en el espacio o que Brad Pitt conserve su peinado perfecto en cualquier película. Mientras el universo ficticio lo sostenga, y no sea un fallo descomunal que desmorone la historia, el resto es contexto manipulable al antojo de los creativos para acercarnos a ella.

Os aseguro que se disfruta mucho más de cualquier tipo de cine cuando lo usas para pasar un rato entretenido y dejarte llevar por sus propuestas que cuando te pones a destripar los fallos de física, historia o de cualquier materia de nuestra realidad que tenga. En caso de que no estéis de acuerdo con esto pues mirad, hermosos, mejor dedicáos a ver cómo las hormigas realizan aprovisionamiento de comida para el invierno, que no solo es 100% realista, sino mucho más entretenido que cualquier película, dónde va a parar.

23 de octubre de 2013

El cine a 3€.

Ayer me convertí en unos de esos gorrones que se aprovecharon de la Fiesta del Cine, que este año está teniendo una acogida magnífica pese a que, si no me salen mal las cuentas, es el cuarto año consecutivo que se hace, y en sus anteriores ediciones no recuerdo tan tremenda repercusión. La conclusión más inmediata es bien simple de encontrar: el cine a 3€ atrae espectadores a las salas. Ahora metamos el dedo un poco más en el asunto.

El cine es caro. Pagar 9€ por un ticket sencillo es una pasada, y muchas salas pequeñas, y no tan pequeñas, se han visto obligadas a cerrar por ello debido a que a pocos les interesa ver una película en su medio natural teniendo alcance a ellas de forma inmediata y gratuita en cualquier rincón de internet. Ha sido promocionar tal evento, que las sesiones se agotaban incluso una hora antes de la sesión. Lo que no se veía desde "Titanic", vamos. Ahora bien, ¿si se mantuvieran los precios tan bajos, se mantendría a su vez tal cantidad de espectadores? No lo creo. Desde luego, el número de personas que regresarían a los cines sería importante, pero como ya he dicho en la primera línea del post, somos gorrones. No creo que el cine barato permanente llenara salas necesariamente. Que no digo que no haya que bajar los precios, ojo, pero tampoco soy tan ingenuo como para creer que eso hiciera que todos se volcaran a ver películas a chorrón en una sala comercial. Lo de ver salas llenas con el precio tan bajo ha ocurrido por ser un evento perecedero. El "oferta, oferta, señora, que me lo quitan de las manos" es una estrategia de márketing que sigue funcionando.

Que sí, que la experiencia demuestra que a la gente le sigue interesando el cine, y que los precios actuales son muy restrictivos. Habría que ver la afluencia media teniendo tales precios durante todo el año. Por otra parte, si te buscas las mañas no pagas más de 6€ por ir a ver una película. Ofertas hay por todas partes, al menos si eres de Madrid. Es lo mismo que te cuesta un cubata y menos de lo que te cuesta un menú de McDonalds. Otra cosa es que al precio del ticket le vayas sumando pijadas y complementos: que si el 3D (hasta ahora, solo he visto 2 películas por las que el juguete de Cameron haya valido realmente la pena), que si palomitas y bebida,... Si estás cambiando la idea original de ir al cine por la de ir a un parque temático, al final normal que te dejes 20€ en la tontería.

Por otra parte, no solo saco la parte positiva de abaratar el cine, también tiene sus inconvenientes. El más obvio: la gente no sabe comportarse cuando ve una película en otro lugar que no sea el salón de su casa. Atraer a todo el público significa dar cabida a gente que atiende el móvil en medio de la película, que se levanta sin ninguna preocupación por no tapar la pantalla, que habla, que chismorrea, que llega tarde y tarda minutos en encontrar sus butacas,... En definitiva, que molesta. Por lo tanto, lo de bajar tanto los precios sacrifica bastante comodidad, porque dudo mucho que la figura del acomodador que te echaba del cine si advertía que habían dejado pasar animales en vez de personas vuelva a aparecer. Otro inconveniente: tener que sacar la entrada con tanta anterioridad como si asistieses a un concierto de los Rolling Stones. Lo de hacer cola durante 45 minutos para que al final estén agotadas las entradas es una putada, me diréis que no.

En definitiva: el precio del cine tiene que bajar. ¿Cuánto? Lo suficiente para que no sea un lujo, ni más ni menos. ¿Quizá habría que distinguir precios entre películas de estreno, para evitar masificaciones de gorrones, y películas que superen la semana, cuyo precio fuera más barato, como se hace en otros países? Lo vería estupendérrimo. Y desde luego, abordar el tema de precios respecto al cine menos comercial y el cine nacional. Es un cine que pocos valoran para ver proyectado, por lo que es necesario darle un empuje para que espectadores de toda clase, y no solo gafapastas, culturetas, cinéfilos y gente que no pertenece al llamado "gran público" asista a ver estas películas.

15 de octubre de 2013

Hasta los cojones de la verdadera izquierda.

Soy de izquierdas, rojo, repúblicano, creo en el socialismo, en el comunismo, y creo en la lucha de clases. Y no hay nada que me toque más los cojones que los fanáticos de la izquierda. Porque considero que los pollos sin cabeza y los que tienen el brazo de madera están en la derecha. Pero resulta que no, que tontos hay en todas partes.

Resulta que si te opones a Cuba, a Venezuela o a Corea del Norte, eres parte del engranaje del sistema, eres un manipulador y no eres de la verdadera izquierda. Que sí, que muy bien que Cuba exporte médicos, que Venezuela expropie propiedades a bancos o empresas que hacen uso fraudulento de los recursos, o que Corea del Norte no tenga más armamento nuclear que cualquier otro país con potencial bélico. Perfecto. Cojonudo. Pero que yo sepa, la población cubana de a pie no tiene los lujos o calidad de vida que los Castro, o los venezolanos no tienen la misma cobertura sanitaria frente a un cáncer como la que tuvo Chávez, o nadie pudo arrebatar el liderazgo hereditario a Kim Jong-un. ¡Coño! ¡Qué comunismos tan raros, en cuyos líderes tienen privilegios que el resto de la población ni podría soñar! ¡Comunismos con jerarquías de poder! ¿Pero qué cojones?

No es que esté en contra de los gobiernos comunistas actuales. Simplemente estoy, a grandes rasgos, en contra de cualquier sistema de poder actual, pues si analizas cada uno de los gobiernos actuales todos ellos parecen tener superioridad jurídica, de derechos, de calidad de vida,... No sé, hay gente que por estas mismas cosas critica a Juán Carlos I, cosa que yo también hago. Pero lo hago con él y con todos esos campechanos mundiales que tienen los mismos beneficios a costa del alienamiento de sus pueblos.

Y me mantengo en mi postura: soy comunista. Pero también tengo dos dedos de frente. Los medios capitalistas manipulan la información. Pero ojito con los panfletos de nuestra propia izquierda, más cercanos a las octavillas que dan en misa que a un medio de información. Si la izquierda no progresa no es por el desacuerdo de las partes o porque la derecha capitalista y burócrata nos ponga constantemente la zancadilla. Es mucho más simple: tenemos una cantidad de falsos profetas que ni en el Antiguo Testamento, y nosotros les creemos, y aparte nos enemistamos entre nosotros por discrepancias tan simples como la ubicación de una coma en un texto estatutario.

Y mientras nosotros tenemos estas peleas "tan necesarias" para alcanzar el poder, y hablamos de gobiernos de los que tan solo sabemos por lo que leemos u oímos (ya cada uno deposita su fe en las comunicaciones que vea convenientes), el panorama se llena de gente sin empleo, niños sin calidad escolar o cobertura sanitaria suficiente, universitarios que no pueden costearse sus carreras, agresiones por cuestiones xenófobas u homofóbicas o mujeres víctimas del machismo. Todo eso a nivel global. Pero no nos preocupemos, que el problema es que la gente como yo ve agujeros en el socialismo actual.

9 de octubre de 2013

Adolescente etílico.

Recientemente se han cumplido 7 años desde que mi madre descubrió que yo era un borracho, debido a lo cual pillé un trauma que me mantuvo alejado del alcohol durante varios meses y al cual también le echo la culpa de que desde entonces me entre mareo en cuanto me bebo un par de copas o me obligan a coger botellines de más de los cubos de La Sureña.

Estos problemillas se deben no solo a aquella borrachera extrema. La verdad es que mi vecino y yo salíamos cada fin de semana con la esperanza de no repetir hazañas tales como quedarnos dormidos en un banco y ser despertados por los lametones de varios gatos o tener conversaciones con coches aparcados. Yo una vez discutí con una salida de emergencia. Si estando sobrio ya me imagino a los objetos teniendo vida propia, con alcohol en sangre no os lo queráis imaginar.

Mi grupo de amigos y yo solíamos frecuentar el único bar nocturno de rock de Fuenlabrada, el Karpanta, que no tendría más de 25 metros cuadrados, ponían la misma secuencia musical cada fin de semana, ya de madrugada se estrujaban unas 50 personas ahí dentro, y salías apestando a humo de tabaco y a kalimotxo. Nos empezamos a colar en ese garito siendo menores de edad y se convirtió en nuestro santuario del "¿qué hacemos esta noche? Pues no sé, vámonos al Karpanta, que hay oferta de 3 minis por 7€". En este sitio se liaron por primera vez mi vecino y su novia. Solían acabar con el cuello repleto de moratones, y ella solía pelearse con la diana electrónica cada vez que se le encendían las luces. A la máquina, digo. La cosa era tal que así: se liaban en el rincón de la diana, se emocionaban como solo los adolescentes pueden emocionarse al impregnarse de amor mutuo, la diana se encendía para decir a los clientes "eh, tíos, que estoy aquí, jugad un ratito conmigo, anda" y ella, después de succionarle la oreja a mi vecino, le daba dos puñetazos y tres patadas al grito de "¡QUE TE CALLES, ZORRA!". A mi vecino, chupetones violentos. A la máquina, violencia pura.

En el Karpanta también es donde mi vecino le vomitó encima a otro chaval y tuvimos que salir
corriendo por media Fuenlabrada. O donde mis amigas cogieron la afición de pintarme la raya de los ojos. También fue ahí donde, después de cenar y ya coger el puntillo con la sangría de un restaurante chino me enrrollé con la buenorra detrás de la que iban todos mis amigos. Luego ella resultó ser una lesbiana bastante femenina y yo un homosexual plumófobo. Sí, mi vida tiene estas cosas que no te pares a intentar comprender porque no se puede.

Más crecidito (iba a decir más maduro, pero tengo vecinas que siguen creyendo que voy al instituto) mis borracheras empezaron a desarrollarse en Madrid, donde desarrollé mi técnica de "si te quedas quieto, el T-Rex no te ve". Consiste en estar de botellón en la plaza del 2 de mayo o similares, que la rodeen varios coches de policía para hacer recaudación, y que todos los que no están acatando la ley salgan corriendo de allí, excepto tú, que te quedas plantado en el mismo sitio donde llevas hora y pico. En serio, te vuelves invisible con esta técnica, y en cambio varios de los que han huído acaban con una multa. También aprendí que Plaza de España tiene propiedades astromagnéticas para que la chavalería se emborrache bebiendo Malibú con piña. O que el templo de Debod se lo regalaron a Franco para que en el futuro se hiciesen ebrias orgías nocturnas homosexuales en él.

Y nada. Que llevo como un siglo sin beber y no es que lo eche de menos. Yo siempre me lo pasaba mejor cuando se emborrachaba el resto de mis amigos y yo me dedicaba a grabarles para luego chantajearles con difundirlo por internet. Aún no me explico cómo es posible que todavía no me hayan mandado a la mierda y sigan quejándose cada fin de semana si no puedo quedar con ellos.

7 de octubre de 2013

Vomitando Cine.

Hola, amiguitos. Para que esta entrada no parezca spam, voy a disfrazarla hablando un poco acerca de mis inquietudes. Empezaré por revelaros un gran secreto acerca de mí que solo saben personas de muchísima confianza: me gusta el cine. Mucho. Me gusta los suficiente como para haber visto "El acorazado Potemkin", haber soportado a Godard o al Lars Von Trier más pedante, para estar suscrito mensualmente a Yomvi, tener una cuenta en filmaffinity actualizada, haber estudiado cinematografía, ser guionista ocasionalmente remunerado, o dejarme gran parte del dinero que gano en la sección de BluRays de Fnac...o donde más baratos me salgan.

El caso es que yo y otros amiguitos iniciamos hace unos meses un blog de cine, que ahora mismo no es más que un blog de aficionados para aficionados, pero que queremos hacerlo crecer. Solo un poquito, o bastante. No sé, cuanto nos sea posible.

Exacto, me refiero a Vomitando Cine. Ahí dentro escribimos Ben Ken Obi, Dr. Indy y yo, y ahora se nos van a sumar un par de redactoras que pronto se presentarán con un primer post cada una. Para quien le interese, aún buscamos un par de redactores más. Podéis escribirnos a nuestra página de facebook (¡tenemos página de facebook, troncos!) pinchando aquí.

Por cierto, estoy haciendo un especial de Tarantino que es la polla. Solo por eso yo entraría a echarle un vistazo y donaría 1000€ a las cuentas bancarias  de los que llevan el blog. Bueno, con que los ingreséis en la mía es suficiente. Y recientemente hemos hablado de "Gravity", "Pacific Rim", "El llanero solitario",... Cuando nos pongamos en serio, eso va a ser el sindiós.

No quiero ponerme repetitivo en plan Imanol Arias, pero entrad en Vomitando Cine. No os lo pido, os lo exijo. Tengo contacto con los extraterrestres esos a los que comandaba Travolta en "Campo de Batalla: la Tierra" y son bastante chungos, así que hacedlo.

1 de octubre de 2013

La paguita de fin de mes.

En la empresa donde trabajo tienen la costumbre de apuntillarte con la puntualidad, con la buena cara que tienes que poner constantemente y las buenas formas que debes mantener incluso en las peores circunstancias. Puntualidad, buena cara y buenas formas que se les olvida a la hora de pagar a sus empleados.

Sí, estoy muy cabreado y cagándome en la cúspide celestial porque aún no he cobrado, cuando las nóminas se cierran el día 20 de cada mes. Estamos a 1, lo que significa que llevan casi 2 semanas para hacer las gestiones pertinentes de pagos, cuando por cosas de convenios y otros papeles que nadie se lee tenemos que cobrar como muy tarde el último día del mes. Que igual es cosa mía, pero cuando tienes un contrato vinculante con una empresa, tu deber es realizar las tareas que se te encomiendan, mientras que lo recíproco es algo tan sencillo como que a cambio de tus labores físicas o intelectuales la empresa debe compensártelo con pagarte la nómina, algo, insisto, que parece que no les queda del todo claro. Que no es algo que yo pida porque se me haya antojado. Que es que lo pone en unos papeles muy importantes, parecidos a esos otros papeles a los que ellos recurren para poder sancionarte cuando la cagas. No se qué de la ley mercantil, o comercial, o empresarial.

Que igual la cosa va de que con el pago de la nómina quieren hacer honor a las personas que gestionan el asunto, y por eso va con retraso. Porque la empresa es así: una panda de incompetentes, trepas, pícaros, chupópteros, oportunistas y personajillos que hacen gala de unos amiguismos enfermizos y que venderían a los empleados que les llevan sacando el culo del agua durante años por un precio muy barato.

Esto me recuerda a aquella vez en que la gente se quejó por no haber cobrado puntualmente (es que la cosa no es novedad) y uno de los altos cargos de un importante departamento se dirigió a sus plebeyos de la siguiente manera: "quien esté trabajando en este sitio por el dinero es un miserable; aquí hay que trabajar por la ilusión y por la sonrisa de los niños". ¡Con dos cojones! ¡Sí, señor! ¡Ni el mismo William Wallace daría un discurso tan bravo para espolear a los que van a morir en la batalla! Si tanto os gusta la sonrisa de los niños, dejadles pasar gratis en vez de cobrarles 40€. Espera, creo que lo que estoy diciendo ahora lo llaman demagogia.

Y supongo que esta empresa no es la única en la que ocurren estas cosas. Y si una empresa se preocupa tan poco en cuidar a sus empleados, colateralmente se está despreocupando por sus clientes. Y el blucle sigue, y sigue, y sigue,...