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10 de julio de 2011

Libres domingos y domingas.

Hace tiempo que no me meto con nadie, así que ya va tocando. Los fines de semana (para vosotros, que los libráis, cabrones) serían perfectos si los mismos desechos sociales no se encargaran de estropearlos siempre: los domingueros. Analizando al dominguero obtenemos a un tipo entrado en edad adulta, líder de su núcleo familiar, amante de su propia rutina, que intenta escapar de ella haciendo una excursioncilla el domingo de turno. Reconoceréis al dominguero por ir enseñando las tetas, rodeado de su dominguera esposa, de la abuela, de los nenes en pelotas, los cuales hacen tales actividades por imposición, y cargando con mochilas provistas de materiales para un viaje de 15 días, pero que solo van a emplear durante un fin de semana.

El dominguero necesita aprovisionarse de su cámara de fotos y de vídeo, y con ellas hará fotos y vídeos a todo cuanto le rodea para demostrarse a sí mismo que hace cosas interesantes en la vida. Ningún cartel de "prohibido hacer fotografías" le impedirá tomar su preciada instantánea. E incluso arriesgará su vida por colocarse en el sitio adecuado para obtener ese ángulo tan súmamente cojonudo que se le acaba de ocurrir. Luego todas esas fotos se quedarán archivadas en una carpeta del PC, y cogerán polvo informático de no abrirlas. Hasta que llegue la visita de turno a su casa y tenga que sufrir las consecuencias de tal visita: tragarse las fotos y los vídeos de las excursiones domingueras del dominguero comentados en directo por sus protagonistas: "y esta es la abuela echándose la siesta, y éste es Luisito a punto de caerse y abrirse la cabeza, y esta es la Merche echándose crema, y...". So interesting.

El dominguero se aplica a sí mismo una norma básica y primaria: lo importante no es saber, sino aparentar que se sabe. No tiene ni puta ideas de ponerle cadenas a las ruedas del coche, pero ahí se va él con su camada a pasar el fin de semana a la nieve. ¿Que hace sol? ¡Vámonos al lago! ¿Crema solar? ¿Para qué? Y el próximo domingo estaría bien visitar el zoo. ¡Niños, dad cacahuetes a los monos, que son muy graciosos, y así yo aprovecho para hacerles fotos! ¡Uy, pececitos! ¡Tomad flashazo, me importa tres mierdas que os quedéis ciegos, yo quiero mi foto! ¿Y por qué este domingo hay tanta gente en el parque de atracciones? ¡Yo que me las daba de listo e ignoraba la existencia de otros domingueros de mi misma especie! Y hay que ver lo limpia que es esta playa. ¿Qué hago con el pañal del niño? Lo entierro debajo de la arena, que no molesta a nadie, y aquí no ha pasado nada.

El dominguero es de esa clase de gente que se salta las normas aplicando su propia norma autóctona: ¿qué puede pasar? "Prohibido hacer barbacoas", pero, ¿qué puede pasar por encender una pequeña fogatilla para los chorizillos? "Prohibido bañarse", pero, ¿qué puede pasar si el río apenas tiene visibilidad y estamos en plena selva amazónica, y todo el mundo sabe que los cocodrilos no atacan al ser humano? "Prohibido sacar los brazos", pero, ¿qué coño? Estoy muy loco y los saco, nadie ha perdido un brazo por...¡OH, WAIT!

Frase mas utilizada por el dominguero: "¿a que nos vamos a casa?". Utilizada siempre contra sus nenes, quienes están deseando irse a casa, y que para su desgracia, tal pregunta es retórica, porque no se van a ir a casa hasta haber amortizado el dinero que papá se ha gastado. Y aquí se deja en evidencia que el dominguero no hace excursiones para pasárselo bien, porque él bien que se hubiese quedado en casa tirado en el sofá, con su cerveza en la mano y su tripa colgando mientras ve algún documental sobre la reproducción de la golondrina gallega. El dominguero hace excursiones, aparte de para amortizar la réflex que no tiene ni puta idea de manejar y la pone en modo automático y que le costó medio sueldo del mes de abril, para que cuando vea de nuevo a su cuñado, probablemente dominguero también, tenga tema de conversación cuando hayan explotado al máximo la amena charla de hora y media acerca de la cartera de fichajes del Mandril. Y luego hablan de su sueño mas húmedo: tener su propia autocaravana con la que ir arrasando por todas las carreteras comarcales que caben en la guía Repsol. Que esa es otra, si un dominguero no tiene plan para el fin de semana, aprovecha para lavar el coche. Aunque vaya a llover. Aunque esté tan limpio que se pueda comer sobre la chapa.

Y vamos al punto mas característico del dominguero: sus destinos turísticos. El dominguero rechaza salir al extranjero siempre que le sea posible. Primero porque no tiene ni puñetera idea de cualquier idioma ajeno al castellano, que ya le cuesta hablar, y no quiere verse en la situación de pedir un filete poco hecho en un restaurante donde el camarero no le entienda. Y segundo, porque "Espain es grande y hay mucho que ver". Aunque hay domingueros nivel 7 que osan salir al extranjero, no solo españoles, porque la cultura dominguera es internacional. Se han encontrado yacimientos domingueros en las islas de Pascua, para que veáis hasta donde llega tal movimiento. El siguiente vídeo refleja perfectamente ésta realidad, y con ello me despido antes de que un movimiento de domingueros indignados por este post acampe debajo de mi ventana:



P.D.: Procuraré hacer esta semana el post de mi perro. Estoy esperando a que sepa echar la primitiva para poder presumir de ello.

3 comentarios:

Illuminatus dijo...

Los domingueros, obviamente, son la versión urbana del cateto de toda la vida. Y si, son lo puto peor.

Ana Pepinillo dijo...

jajjajajajajajja me has encantao. Deberías hacer uno sobre las domingueras, que también se traen lo suyo...

neko dijo...

igual acabamos siendo nosotros también unos domingueros así que mejor estar calladito!! :P

por suerte en esta ciudad hay turismo 0, así que no sufro a los domingueros. Tos pa ti!