Un guion hay que empezarlo con una idea (soy un genio de la obviedad). Venga, para complicarlo un poco más. La idea es la base desde la que se parte y para la que hay que tener en cuenta a qué tipo de público va destinada. Recordad, buscamos una catarsis, y la idea necesita de ella.
Hay infinitas fuentes de ideas, básicamente todo aquello susceptible de generar un planteamiento, un nudo y un desenlace: una historia que ya existe bajo otra forma, un tema, un personaje histórico (o no histórico), una idea sacada de la experiencia propia o ajena,...
La idea hace destilar un mensaje, y no al revés. La razón de esto es que si introducimos con excesiva consciencia un mensaje en la historia, estamos haciendo propaganda con ella. Que si trabajas para Hitler te puede valer, pero vamos a suponer que no trabajamos para fines políticos.
Ahora bien, teniendo en cuenta que todas las situaciones dramáticas y todos los personajes están ya explorados (hay libros por ahí de argumentos universales muy bueno, os recomiendo especialmente "El héroe de las 1000 caras"), la originalidad no es tanto el hecho de entrar en una historia nueva, sino de contar esa historia ya contada bajo nuestra mirada concreta. La originalidad no radica en el qué, sino en el cómo. La calidad de una historia depende de las buenas preguntas que le hagamos a esa historia.
Luego también hay que tener en cuenta que si escribimos algo con fines comerciales, porque escribir un guion para dejarlo guardado en un cajón es igual a no haber escrito nada. Así que debemos ser conscientes de para qué industria estamos escribiendo, lo que viene siendo las posibilidades de que lo que estamos escribiendo tenga posibilidades de venta, vamos. De nada sirve escribir un excelente guion si nadie va a afrontar un presupuesto que lo lleve a cabo. Un guionista siempre tiene un poco de puta, tiene que ser analítico y saber qué puede interesar al público, que tiene un carácter indómito, para que tenga éxito.
Pero eso sí, cuidado con las modas. Son algo profundamente peligroso. No podemos estar escribiendo algo simplemente porque esté de moda; somos nosotros los que tenemos que imponernos a la moda (con dos cojones, coño).
Dentro de nuestra idea de historia, en mayor o menor medida va a haber que introducir aspectos humanos. Aunque odiemos a la humanidad, que por cierto es algo muy humano, y aunque lo que vayamos a contar sea algo duro o deleznable, se necesita cierto caracter humanista. Es la única manera de que el espectador empatice con los personajes. Por eso Hannibal Lecter nos cae bien, incluso la anarquía de Joker nos cae bien, porque son cosas humanas. O, en el otro extremo, Wall-E, un robot, en cuanto tiene aspectos humanos nos identificamos con él.
Esto es porque hay que tocar la sensibilidad del espectador, hacerle partícipe del conflicto dramático. Hay que seguir un proceso mayéutico, sacar de nosotros mismos la verdad de las cosas.
Y por ahora, lo dejo aquí. Seguiré con más cositas de los guiones.
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13 de diciembre de 2012
11 de diciembre de 2012
Salir del armario sin escándalos.
Que alquien me corrija si me equivoco. Nadie concibe la idea de que alguien siendo heterosexual tenga la conversación con sus padres de:
- Mamá, papá, tengo algo que contaros. Soy heterosexual y me gusta la gente del otro sexo.
Inviable, ¿verdad? A los judíos, negros y a las mujeres tampoco les hace falta tener una conversación familiar acerca de su condición notablemente inferior dentro de la sociedad porque salta a la vista. Bueno, hay mujeres que parecen hombres, pero yo no quiero faltarle el respeto a nadie por su físico.
Dicho esto, mi pregunta es la siguiente: ¿por qué cojones un gay tiene que enfrentarse a ese momento de su vida llena de arcoiris y purpurina en que tiene que decirles a sus padres que le gusta la gente de su mismo sexo? A mí me resulta chocante. Sin malinterpretaciones, por favor. Estar fuera del armario es bastante liberador porque, entre otras cosas, puedes decirle a tu madre que vaya gusto de mierda que tiene y que Bertín Osborne no es en absoluto un tío sexy. No, mamá, por mucho que insistas, ese señor tiene el mismo sex-appeal que un pastor cagando en medio de la estepa de Cuenca.
Ahora bien, puesto que la gente homosexual somos especiales, se supone que la gente que nos rodea tiene que estar informada de nuestra especial naturaleza. Sí, mamá, me gustan los rabos. Y dile a la abuela que no es para tanto. Pero yo tuve mi propio sistema de salir del armario sin tener que recurrir a la incómoda conversación padres-hijo sobre mi condición. Ya tuve una conversación padre-hijo a los 14 años sobre qué tenía que hacer con mi polla cuando me sintiese atraído por otra persona y fuese a hacer uso de ella, y desde entonces me negué en redondo a repetir tal situación en la que lo único que pasaba por mi mente era "esto no está pasando, esto no está pasando". Ni de coña.
Así que a lo largo de los años lo que he hecho ha sido ir dejando caer semillitas. Que si un día me quedo embobado en su presencia de una foto de Xabi Alonso, que si otro me presento con una chapita de la bandera multicolor, que si otro tu padre te enseña un vídeo de una rubia potente y tú lo ignoras, que si otro día suelto un inocente comentario de "qué chico tan guapo", que si le insisto a mi madre de que a esta casa no le voy a traer nunca una nuera, que si otro día me dejo el ordenador encendido descuidadamente con una imagen de dos tíos haciendo fistfucking,... Cosas que den para pensar, vamos.
Con este método, llega un momento en que tus padres lo saben, tú sabes que ellos lo saben, de vez en cuando tu madre te pregunta que cuándo le vas a traer un novio a casa con total naturalidad, tu padre intenta hacer como que no sabe de qué va el tema,... Y ya un buen día les presentas a un chico bien mono que resulta que te lo estás beneficiando, y que a tus padres les viene genial en ese momento para ayudar a subir la compra. Esto último a mí no me ha ocurrido porque soy especial y hasta que una relación no me dure establemente al menos seis meses no tendrá cabida ninguna presentación formal.
Y hasta aquí mi análisis de cómo salir del armario sin recurrir a un drama. Pero por favor, salid del armario, dejáos ver, que lo ponéis muy complicado para identificaros y así no hay quien se decida a quién entrarle y a quien no cuando sale de fiesta.
- Mamá, papá, tengo algo que contaros. Soy heterosexual y me gusta la gente del otro sexo.
Inviable, ¿verdad? A los judíos, negros y a las mujeres tampoco les hace falta tener una conversación familiar acerca de su condición notablemente inferior dentro de la sociedad porque salta a la vista. Bueno, hay mujeres que parecen hombres, pero yo no quiero faltarle el respeto a nadie por su físico.
Dicho esto, mi pregunta es la siguiente: ¿por qué cojones un gay tiene que enfrentarse a ese momento de su vida llena de arcoiris y purpurina en que tiene que decirles a sus padres que le gusta la gente de su mismo sexo? A mí me resulta chocante. Sin malinterpretaciones, por favor. Estar fuera del armario es bastante liberador porque, entre otras cosas, puedes decirle a tu madre que vaya gusto de mierda que tiene y que Bertín Osborne no es en absoluto un tío sexy. No, mamá, por mucho que insistas, ese señor tiene el mismo sex-appeal que un pastor cagando en medio de la estepa de Cuenca.
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| Colorimetría o como sacar a un rayo de luz del armario. |
Así que a lo largo de los años lo que he hecho ha sido ir dejando caer semillitas. Que si un día me quedo embobado en su presencia de una foto de Xabi Alonso, que si otro me presento con una chapita de la bandera multicolor, que si otro tu padre te enseña un vídeo de una rubia potente y tú lo ignoras, que si otro día suelto un inocente comentario de "qué chico tan guapo", que si le insisto a mi madre de que a esta casa no le voy a traer nunca una nuera, que si otro día me dejo el ordenador encendido descuidadamente con una imagen de dos tíos haciendo fistfucking,... Cosas que den para pensar, vamos.
Con este método, llega un momento en que tus padres lo saben, tú sabes que ellos lo saben, de vez en cuando tu madre te pregunta que cuándo le vas a traer un novio a casa con total naturalidad, tu padre intenta hacer como que no sabe de qué va el tema,... Y ya un buen día les presentas a un chico bien mono que resulta que te lo estás beneficiando, y que a tus padres les viene genial en ese momento para ayudar a subir la compra. Esto último a mí no me ha ocurrido porque soy especial y hasta que una relación no me dure establemente al menos seis meses no tendrá cabida ninguna presentación formal.
Y hasta aquí mi análisis de cómo salir del armario sin recurrir a un drama. Pero por favor, salid del armario, dejáos ver, que lo ponéis muy complicado para identificaros y así no hay quien se decida a quién entrarle y a quien no cuando sale de fiesta.
5 de diciembre de 2012
21th Century Slaves.
Aquarius nos engañaba. El ser humano no es extraordinario, al revés, es más simple que una ameba. Tantos milenios de evolución para acabar haciendo fotos de lo que se va a cenar, publicarlo en Facebook con el subtexto "mirad lo que voy a cenar" y esperar que haya alguien lo súmamente gilipollas al que le interese y pinche en "me gusta". Y ya con eso somos felices. You made my day, bitch.
No hay criatura más triste. Nos pasamos la vida pensando que somos especiales, pensando que vamos a hacer cosas, que estamos tocados por alguna especie de gracia divina. Tres mierdas te comías. Nos tomamos a pecho la estructura "nacer, crecer, reproducirnos (a veces ni eso) y morir". Nuestra vida es rutina. Nos levantamos, nos quemamos con la leche, se nos cae la tostada, pasamos X horas en el trabajo/universidad/sofá, volvemos a casa, intentamos mear sin salpicar fuera de la taza, cenamos, vemos un capítulo de alguna serie de mierda, publicamos en Instagram lo que hemos cenado y a dormir. Para equilibrar la balanza se nos conceden un par de días libres a la semana en los que nos emborrachamos/drogamos/tiramos en el sofá/tenemos sexo de dudosa calidad, y ya con eso nos sentimos realizados.
Y además es que nos complicamos la existencia y engañamos a nosotros mismos con cualquier mierda. Que nos vamos de vacaciones, nos vamos todos en las mismas fechas para aprovechar bien el tiempo en un monumental atasco que nos retiene durante tres horas. Que hay partido, nos ponemos todos frente a la TV a ver si nos llevamos una alegría gracias a las hazañas de esa gente a la que tanto le importamos que se llaman futbolistas. Que llega la Navidad, pues todos decimos que menudo asco de fechas pero bien que ponemos el arbolito. Que hay crisis, pues todos a una a protestar...en el bar de la esquina. Y si hay poco trabajo, mejor será aceptar esa oferta de esclavitud a 3€ la hora que no hacer nada. Y si alguien hace lo contrario, está loco, insano, esquizofrénico, es una bruja, ¡¡¡sacrifiquémosle a nuestro diooooooos!!!
Y ahora gritemos todos juntos que somos libres y superindependientes y que estamos todos crazies del pussy porque hacemos lo que nos sale de ahí mismo. Mira, así os lo digo: JÁ....JÁ....JÁ. Esperad, por si no os ha quedado claro: JÁ. La diferencia entre el esclavo de la antiguedad y el moderno es que el de antes iba encadenado y el de ahora es inalámbrico.
No hay criatura más triste. Nos pasamos la vida pensando que somos especiales, pensando que vamos a hacer cosas, que estamos tocados por alguna especie de gracia divina. Tres mierdas te comías. Nos tomamos a pecho la estructura "nacer, crecer, reproducirnos (a veces ni eso) y morir". Nuestra vida es rutina. Nos levantamos, nos quemamos con la leche, se nos cae la tostada, pasamos X horas en el trabajo/universidad/sofá, volvemos a casa, intentamos mear sin salpicar fuera de la taza, cenamos, vemos un capítulo de alguna serie de mierda, publicamos en Instagram lo que hemos cenado y a dormir. Para equilibrar la balanza se nos conceden un par de días libres a la semana en los que nos emborrachamos/drogamos/tiramos en el sofá/tenemos sexo de dudosa calidad, y ya con eso nos sentimos realizados.
Y además es que nos complicamos la existencia y engañamos a nosotros mismos con cualquier mierda. Que nos vamos de vacaciones, nos vamos todos en las mismas fechas para aprovechar bien el tiempo en un monumental atasco que nos retiene durante tres horas. Que hay partido, nos ponemos todos frente a la TV a ver si nos llevamos una alegría gracias a las hazañas de esa gente a la que tanto le importamos que se llaman futbolistas. Que llega la Navidad, pues todos decimos que menudo asco de fechas pero bien que ponemos el arbolito. Que hay crisis, pues todos a una a protestar...en el bar de la esquina. Y si hay poco trabajo, mejor será aceptar esa oferta de esclavitud a 3€ la hora que no hacer nada. Y si alguien hace lo contrario, está loco, insano, esquizofrénico, es una bruja, ¡¡¡sacrifiquémosle a nuestro diooooooos!!!
Y ahora gritemos todos juntos que somos libres y superindependientes y que estamos todos crazies del pussy porque hacemos lo que nos sale de ahí mismo. Mira, así os lo digo: JÁ....JÁ....JÁ. Esperad, por si no os ha quedado claro: JÁ. La diferencia entre el esclavo de la antiguedad y el moderno es que el de antes iba encadenado y el de ahora es inalámbrico.
2 de diciembre de 2012
El guion cinematográfico I: el guion.
Últimamente, he hablado con varias personas interesadas en escribir guiones, que tienen ideas para desarrollar uno, pero que acaban estancándose o metiéndose en jardines de los que luego no saben salir. Bueno, escribir historias, digamos, no es fácil. Tienes que tener en cuenta muchos factores, un mínimo de documentación, hacer un análisis tanto de los personajes como de sus entornos,...
Voy a escribir una serie de post para más o menos guiar a quien esté interesado en ello. Y qué coño, que para algo que se me da bien, pues quiero hacerme el guay con ello. Este es el primero, que en un alarde de originalidad lo he titulado "el guion". Que por cierto, cómo me jode que por los santos cojones de la RAE no lleve tilde en la "o".
Pues a ver: el guion es una estilización y transformación de la realidad cuyas funciones son la verosimilitud, la funcionalidad y la estructuración. El cine no aborda la realidad como es, cada película establece su propia realidad (así que luego no vengáis con la típica mierda de "es que tiene muchos fallos esa película porque eso que ha hecho es imposible". En la película es posible, siempre y cuando no sea gratuito, claro). Crea una realidad cinematográfica a base de combinar elementos y consigue una nueva realidad que nos impulsa a tomar por verosímiles elementos que no lo son.
La estilización, pues eso, es la transformación estética de la realidad que funciona en términos dramatúrgicos. Es un filtro de la realidad, por así decirlo; que luego la mire con lupa o no es otra cosa.
Lo más importante es conseguir verosimilitud, por muy inverosimil que luego sea todo en "el mundo real". Y para ello existe, amiguitos, la "mimesis": hay que imitar la realidad, sí, pero teniendo en cuenta que nuestra historia es una ficción verosímil. Por eso, en la narración hay que dejar cabos atados, que el espectador tonto no es, y podemos estarle contando una historia de robots gigantes que destrozan ciudades, que como no le demos la excusa para creérselo se va a despreocupar de lo que esté viendo.
La finalidad de todo el relato es la "catarsis". Todo cuanto contemos en las primeras 90 páginas de un guion son simplemente herramientas para conseguir ese efecto emotivo en las últimas 20 en las que se desarrolla el clímax. Además, una buena película cumple la máxima de no robar el tiempo al espectador. La incoherencia narrativa, la repetición, la mala distribución de las escenas,... Todo eso nos aleja de esas cosas que queremos conseguir. Aparte, en el guion hay que utilizar frases cortas, con muy poca descripción y muchos verbos, porque lo que importan son las acciones, que ocurran cosas. No estamos escribiendo una novela, sino un relato que se supone se va a convertir en una película. ¿Y qué pasa en las películas buenas? Que ocurren cosas. Aunque se desarrollen en espacios pequeños, aunque los personajes estén estáticos, o no hablen, aunque estemos contando la relación entre un cactus y un ficus... Ocurren cosas, hay una evolución. En una pelea de robots no están ocurriendo cosas necesariamente. Que ocurran cosas no tienen nada que ver con el movimiento.
Solo nos interesan de la realidad aquellos elementos que nos sirven para la historia. Si algo no funciona para la historia, se descarta, punto. Hay que plantear una historia, darle un desarrollo y un desenlace para conseguir una reacción emocional en el espectador. La primera misión de la estructuración es acotar esa historia, saber de dónde parte y dónde acaba (los personajes tienen una vida anterior y posterior al relato, pero debemos tener claro que parte de esa vida es la que nos interesa contar). Hay que dotar de órden lógico para formar un contínuo sirviéndonos de la causa/efecto, anticipando hechos, retrasándolos, planteando preguntas al espectador (y respondiéndolas, que sino queda fea la cosa), pero siempre en el momento adecuado. ¿Y cuál es el momento adecuado? Pues para eso ya está el instinto de cada uno.
Voy a escribir una serie de post para más o menos guiar a quien esté interesado en ello. Y qué coño, que para algo que se me da bien, pues quiero hacerme el guay con ello. Este es el primero, que en un alarde de originalidad lo he titulado "el guion". Que por cierto, cómo me jode que por los santos cojones de la RAE no lleve tilde en la "o".
Pues a ver: el guion es una estilización y transformación de la realidad cuyas funciones son la verosimilitud, la funcionalidad y la estructuración. El cine no aborda la realidad como es, cada película establece su propia realidad (así que luego no vengáis con la típica mierda de "es que tiene muchos fallos esa película porque eso que ha hecho es imposible". En la película es posible, siempre y cuando no sea gratuito, claro). Crea una realidad cinematográfica a base de combinar elementos y consigue una nueva realidad que nos impulsa a tomar por verosímiles elementos que no lo son.
La estilización, pues eso, es la transformación estética de la realidad que funciona en términos dramatúrgicos. Es un filtro de la realidad, por así decirlo; que luego la mire con lupa o no es otra cosa.
Lo más importante es conseguir verosimilitud, por muy inverosimil que luego sea todo en "el mundo real". Y para ello existe, amiguitos, la "mimesis": hay que imitar la realidad, sí, pero teniendo en cuenta que nuestra historia es una ficción verosímil. Por eso, en la narración hay que dejar cabos atados, que el espectador tonto no es, y podemos estarle contando una historia de robots gigantes que destrozan ciudades, que como no le demos la excusa para creérselo se va a despreocupar de lo que esté viendo.
La finalidad de todo el relato es la "catarsis". Todo cuanto contemos en las primeras 90 páginas de un guion son simplemente herramientas para conseguir ese efecto emotivo en las últimas 20 en las que se desarrolla el clímax. Además, una buena película cumple la máxima de no robar el tiempo al espectador. La incoherencia narrativa, la repetición, la mala distribución de las escenas,... Todo eso nos aleja de esas cosas que queremos conseguir. Aparte, en el guion hay que utilizar frases cortas, con muy poca descripción y muchos verbos, porque lo que importan son las acciones, que ocurran cosas. No estamos escribiendo una novela, sino un relato que se supone se va a convertir en una película. ¿Y qué pasa en las películas buenas? Que ocurren cosas. Aunque se desarrollen en espacios pequeños, aunque los personajes estén estáticos, o no hablen, aunque estemos contando la relación entre un cactus y un ficus... Ocurren cosas, hay una evolución. En una pelea de robots no están ocurriendo cosas necesariamente. Que ocurran cosas no tienen nada que ver con el movimiento.
Solo nos interesan de la realidad aquellos elementos que nos sirven para la historia. Si algo no funciona para la historia, se descarta, punto. Hay que plantear una historia, darle un desarrollo y un desenlace para conseguir una reacción emocional en el espectador. La primera misión de la estructuración es acotar esa historia, saber de dónde parte y dónde acaba (los personajes tienen una vida anterior y posterior al relato, pero debemos tener claro que parte de esa vida es la que nos interesa contar). Hay que dotar de órden lógico para formar un contínuo sirviéndonos de la causa/efecto, anticipando hechos, retrasándolos, planteando preguntas al espectador (y respondiéndolas, que sino queda fea la cosa), pero siempre en el momento adecuado. ¿Y cuál es el momento adecuado? Pues para eso ya está el instinto de cada uno.
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