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20 de febrero de 2011

El trabajo es salud, dicen por ahí.

En un arrebato de nostalgia, me ha dado por reflexionar acerca de mi vida laboral, o sea, trabajos de mierda. Es que echo la vista atrás, y rememoro que cuando tenía 18 años me veía a estas alturas terminando una carrera y con ganas de independizarme. Pues la cosa va para largo.

Resulta que tras sacarme Bachillerato, mi intención era la de alistarme en las tropas de Comunicación Audiovisual, pero, pese a mi notaza de Selectividad descompensada por mi racanería en el Bachiller, era septiembre (yo es que las cosas las dejo para el último momento, para darle mas emoción a la vida) y ya solo quedaban plazas en carreras plomazo. Así que me ví obligado a tomarme un año sabático en cuanto a los estudios y a ponerme a currar como un cabrón para hacer algo de provecho con mi vida mientras tanto. ¿Y dónde fuí a parar? A un puesto de encuestador telefónico a través de una ETT.



Nos referiremos a la empresa como Análisis Guarrions, ingenioso juego de palabras que utilizábamos los esclavos de la firma debido a que la oficinucha estaba hecha una pocilga. Yo entraba en el turno de tarde, y las jefas (dos pijas pobres, porque eran mandos intermedios y se creían las reinas del Sahara, pero mileuristas después de todo) insistían en que la oficina se limpiaba por las mañanas. El caso es que para verificar su palabra, un día, compinchado con mis compañeros de celda, introduje un trozo de manzana en una ranura de la torre de mi ordenador (sin actualizar desde Windows 95), y ahí se quedó durante el resto de mi estancia en la empresa, pudriéndose, desechando hedor y coleccionando microorganismos agresivos. Y la moqueta barata que tenía el local tenía una buena recopilación de anomalías, sustancias resecas y pelusas insalubres. Por mucho que las jefas del demonio dijeran que eso se limpiaba, no se lo creían ni ellas. Ni ellas ni el jefazo, al que llamábamos Marismeño (y que tenía a su madre haciendo encuestas con nosotros, que ya hay que ser mal hijo), un tío que nos animaba con frases de "tenéis que ser máquinas de llamar". Se creía Guardiola me parece a mí.

El trabajo en cuestión era la repolla de triste. Tu cogías tu teléfono y no sabías con quién te ibas a topar al otro lado de la línea. Varios ejemplos con los que me topé: una funeraria, una mujer que me ofreció sexo del duro, una abuela que me habló de su marido ya fallecido, un skin enfurecido que me amenazó con ahorcarme de un puente, una señora preocupada porque no sabía dónde estaban sus hijos, un hombre con intenciones de suicidarse,... Entonces muchas veces me salía de mis funciones y acababa ejerciendo de psicólogo, pero cobrando menos de 6€ la hora. Haced la prueba cuando os llamen para haceros una encuesta y contadles vuestras penas, los encuestadores son buenos hombros donde derramar las lágrimas y los mocos de la depresión.

Pero lo que abundaban eran las amenzas. Y no era para menos. Yo me moría de vergüenza cada vez que me tocaba preguntar cosas como "¿tiene instalada alarma en su hogar?" ó "¿su portal tiene guardia o un segurata?", para luego tener que pedir los datos del domicilio, los cuales me los tenía que acabar inventando para completar la encuesta porque todos colgaban, evidentemente. O también estaban las preguntas que insultaban indirectamente a la persona encuestada, como "¿ha pensado en adelgazar?". Yo no sé quién diseñaría las encuestas en Análisis Guarrions, pero era objeto de nuestra ira todos los días.

Después huí de este lugar para retornar a los estudios y sacarme el FP2 de Imagen (la Universidad me había desencantado). Pero resulta que me había acostumbrado a tener dinero mío, poco, pero mío. Y aprovechando que Estropajo y su novio trabajaban en un Telepizza, les dije que me colaran. Fue una época depresiva. En una cocina del tamaño de un zulo, los esclavos teníamos que pegarnos unos con otros para tener hueco suficiente con el que confeccionar las pizzas, sin pasarnos de la cantidad de ingredientes para que las encargadas no empezaran a gritar "¡esas tartas!", explotando la capacidad del horno que iba lentísimo y luego no teníamos dónde colocar las pizzas, atendiendo a las llamadas del teléfono mientras dejabas una pizza a medio hacer, y luego turnándote para sacar las comida del horno y con ello coleccionar quemaduras en las manos y haciéndote cortes con las cajas de cartón. ¡Ah! Y luego había que lavar los cazos, las bandejas y los platos. Y esa cantidad de funciones había que hacerlas a toda ostia. Y si las encargadas del demonio carecían de paciencia y temple, los clientes muy pacientes no eran tampoco. "¡Que llevámos aquí 15 minutos, y nuestras 12 pizzas todavía no nos las habéis dado!".

Una de las cosas que mas odiaba eran los niños que pegaban sus morros a la mampara de la cocina, y te miraban agilipollados. ¿Y mi copyright dónde carajo está? ¿Ferrán Adriá deja al cliente ver cómo prepara sus platos? Que hablando de preparar platos. En San Valentín sacaron pizzas con forma de corazón, y esa idea la sacaron de mí, los muy cerdos. Porque cuando yo me ponía a amasar, redondas no me salían las bases, a mí me salían deformes y con forma de corazón, eso si no las acababa rompiendo. Pues yo quiero que me paguen por derechos de autor. ¿Dónde está la Sinde para estas cosas?

Y llegando verano de 2008, llegó el milagro. La Warner requería de mis servicios, y sin pensarlo dos veces, me fuí del Telepizza, le dije al jefe que esa noche no contara conmigo, y le dejé con cara de "no puedes hacerme esto, a mí, que te he procurado 200€ mensuales y te he explotado con cariño". Y desde entonces mis jefes son Bugs Bunny, Piolín y Batman. Al año siguiente fuí ascendido a operador que se toca los huevos. Pero todas esas historias me las voy a ahorrar, que ya hay una sección en el blog sobre ello.

Entre medias hice unas prácticas no retribuidas en RTVE. ¿Y qué contaros? Anne Igartiburu es una borde, Carmen Sevilla lleva tres kilos de maquillaje y necesita de 7 horas para grabar 25 minutos de programa (para desesperación de los cámaras), Cayetana Guillén Cuervo, para mi sorpresa, es bastante simpática, y el Torreiglesias se cree el rey. Como curiosidad: en "Saber vivir", donde se suponía que todos los que estan presentándolo son médicos, a las señoras del público les solía entrar con bastante frecuencia golpes de calor debido a los focos, ataques de tos, bajadas de tensión,... Ahí nadie hacía nada, Torreiglesias ponía cara de "saquen a esa mosca cojonera de aquí, que me estropea el programa" , sacaban a las pobrecillas del plató, y como si no hubiese pasado nada. Que dichas señoras eran verdaderas gruppies del Torreiglesias: era entrar el hombre en el plató, y todas comenzaban a sonreir inquietas, a retocarse el maquillaje y los peinados, y a murmurar entre ellas picaronamente.


Sobre mis funciones: tocaba cámaras en los descansos y si me dejaban, me pasaba las mañanas en Radio 3 viendo conciertos de grupos guapos por la cara, y comía gratis, además de que nadie se ocupaba de vigilar a qué hora llegaba o me iba. 

Espero que mi siguiente parada laboral sea mas interesante que chistosa. Pero por ahora toca esperar y tener paciencia.

4 comentarios:

Illuminatus dijo...

Lo de Carmen Sevilla, as of late, parece que está claro por qué es. No es un plato de gusto para nadie pero también su familia tendría que haber tomado cartas en el asunto.

Lo de la Guillén Cuervo me desespera, ahora su morbo sobre mí está como jusitificado y me siento aún más culpable.

Aitor Maiden dijo...

@ Illuminatus: había técnicos que querían suicidarse cuando les tocaba rodar Cine de Barrio. Cayetana es, simplemente, divina.

Mr. Rific dijo...

Jaja, ese concepto de "gruppies de torreiglesias" me ha hecho mucha gracia...
Una amiga mía tb estuvo en RTVE con prácticas televisivas y de quien peor me habló fue del JJ Santos cuando estaba en los informativos alli.
Debía de ser algo tiránico y (si te descuidabas) pulpillo.

¡Qué envidia lo de los conciertos de Radio 3!
Eso que te llevas ;)

Aitor Maiden dijo...

@ Mr. Rific: no tuve el "placer" de coincidir con nadie de los informativos, porque yo estuve en Prado del Rey. Y sí, lo mejor que me llevé de esas prácticas fue los conciertos de Radio 3... Bueno, también aprendí a hacer sudokus.